sábado, 1 de julio de 2017

Inacabado y completamente solo

Por Carmen Alonso

Vivimos en una sociedad, por desgracia, egoísta e hipócrita; compuesta por muchas personas cerradas de mente que no aceptan nada que sea en esencia diferente a ellas mismas; que sólo se acuerdan del prójimo cuando necesitan algo de él, y en cuanto les ha sido útil, se olvidan de su existencia y niegan que alguna vez hayan mantenido contacto (como suele decirse, le pegan la patada). Un ejemplo perfecto de esto se encuentra en la famosa película Edward Scissorhands (Eduardo Manostijeras en España-jamás entenderé la razón de ser de la traducción, porque al protagonista lo llaman Edward durante toda la película).



Edward es creado por un inventor que muere antes de finalizar su tarea, razón por la cual está incompleto y, pese a poseer-al igual que un ser humano corriente- corazón, cerebro o pulmones, carece de manos. En su lugar tiene una especie de enormes tijeras, lo cual dificulta su vida cotidiana, puesto que le resulta muy fácil dañar involuntariamente todo lo que le rodea. La historia trata de cómo Edward abandona la vieja y lúgubre mansión en la que vivía el inventor que lo creó, para dirigirse al pueblo de al lado, acogido por una mujer llamada Peg que lo conoce por caprichos del azar cuando va a intentar venderle sus productos. Una vez allí, todo el mundo tiene palabras amables para Edward, las cuales tienen un objetivo oculto; pretenden que, aprovechando su habilidad con las tijeras que tiene por manos, les ayude en el jardín, les corte el pelo… Las únicas que parecen aceptar realmente a Edward son Peg y su hija Kim (de la que Edward se enamora, siendo correspondido por ella-aunque esto último se sabe más adelante). Kim tiene un novio mezquino que fuerza a Edward a utilizar su habilidad para ayudar a su banda a robar una casa; son descubiertos y todo el pueblo reniega del protagonista, excepto Kim y su familia.

Se da un contraste entre el oscuro y aparentemente siniestro Edward (no podía ser menos tratándose de una peli de Tim Burton; en sus obras abundan los protagonistas de esta forma; fijémonos, por ejemplo, en Sweeney Todd o en la novia cadáver) y el colorido y soleado pueblo al que va a vivir. Irónicamente, el protagonista, pese a su apariencia (que invita a pensar lo contrario), tiene un buen fondo y es poseedor de un gran corazón, al contrario que los habitantes del pueblo, en los cuales (especialmente en las mujeres) predominan la hipocresía y la falsedad, lo cual se aprecia desde el primer momento (en una de las primeras escenas podemos observar cómo Peg es ignorada por varias mujeres, que supuestamente son sus amigas, cuando intenta venderles cosméticos e, incluso, echada de mala manera de alguna casa; poco después, en cambio, parecen salirle amigas de debajo de las piedras, movidas por la curiosidad acerca del misterioso Edward). Sin embargo, pese a las intenciones egoístas de los habitantes del pueblo, Edward no les niega nunca un favor, y ellos se aprovechan de su solidaridad para “explotarlo” y tenerlo constantemente de un lado para otro. Pese a todo, en el momento en el que se dan cuenta de que es peligroso y que podría hacerles daño, reniegan de él y lo persiguen. Es importante subrayar que nunca lo aceptan, porque lo ven como un ser diferente; únicamente se aprovechan de sus buenas intenciones y le hacen sentirse querido porque les es útil, pero nada más: no es uno de ellos. Lo ven como un ser destructivo, lo cual es curioso, porque es todo lo contrario. Es un ser totalmente inocente y bondadoso; completamente puro, y que parece no ver la maldad que le rodea. Obviamente, el hecho de tener tijeras en lugar de manos hace que muchas veces dañe, sin querer, ciertos objetos, o a algunas personas, o incluso a sí mismo; pero a pesar de esto, es un ser que aprecia la belleza y que la crea constantemente –un ejemplo de esto se encuentra, mismamente, en los setos de la mansión en la que vive al inicio de la película, los cuales están recortados en forma de (creo recordar) animales y se muestran muy cuidados.

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