domingo, 11 de junio de 2017

Una brizna de hierba.

Creo que una brizna de hierba, no es inferior a la jornada de los astros
y que la hormiga es perfecta,
y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra maestra, digna de ser significada
y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
y que una vaca paciendo con la cabeza baja, supera a todas las estatuas,
y que un ratón es un milagro capaz de asombrar a millones de incrédulos.
Y que la menor articulación de mi mano, puede humillar a todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.

Walt Whitman, fragmento de Hojas de hierba, 1855.



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