domingo, 25 de junio de 2017

Reflexiones de un bombero.

"Los años de universidad se acortan, la disciplina se relaja, la filosofía, la historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas? (...) Los escritores, llenos de malignos pensamientos, aporreaban las máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros eran como agua sucia: no es extraño que dejaran de venderse. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los cómics; y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. No era ninguna imposición del gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno. Ahora, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer cómics o periódicos profesionales (...) Como las universidades producían más corredores, nadadores y aviadores, en vez de profesores, críticos, sabio y creadores, la palabra "intelectual" se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente inteligente, que sabia la mayoría de los temas y daba las respuesta, en tanto los demás permanecían como monigotes, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar tras las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? Y así, cuando las casas fueron inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores, oficiales, jueces y ejecutores. Eso soy yo (...) Nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que las minorías se alteren o exciten. La gente quiere ser feliz, ¿no es así? A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. ¿Alguien escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. Serenidad. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor aún, lánzalas al incinerador. Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio."

Ray Bradbury, Fahrenheit 451.

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