viernes, 5 de mayo de 2017

Ritmo 0, haz conmigo lo que quieras.

«La función del artista en una sociedad perturbada es dar a conocer el universo, para hacer las preguntas correctas, y para elevar la mente.»

Por María Hernández.

Marina Abramović, artista serbia del performance, empezó su carrera a comienzos de los años 70. Activa durante más de tres décadas, recientemente se ha descrito a sí misma como la "Madrina del arte de la performance". El trabajo de Abramović explora la relación entre el artista y la audiencia, los límites del cuerpo y las posibilidades de la mente. 

Rhythm es el título de una serie de acciones artísticas ejecutadas por ella entre los años 1973 y 1974. Sonido y tiempo, consciencia e inconsciencia, son los dos binomios que enmarcan las performance que la configuran. 

Instantáneas reales de la performance Ritmo 0 
Colocó sobre una mesa 72 objetos que la gente podía usar en la forma que ellos eligieran. Algunos de estos objetos podían usarse de manera placentera, mientras que otros podían infligir dolor o incluso dañarla. Entre ellos había tijeras, un cuchillo, un látigo, una pistola y una bala. Entre las 20:00 de la tarde y las 2:00 de la madrugada, Marina, adoptaría un rol pasivo y bajo ninguna circunstancia podía ser interrumpida una vez en marcha ya que la artista asumiría la plena responsabilidad de cuanto pudiera sucederle en el transcurso de esas seis horas. Ella permitió a los miembros de la audiencia manipular su cuerpo y sus acciones.

Los espectadores tenían la instrucción de usar los objetos del modo que ellos quisieran. Las tres primeras horas transcurrieron sin sobresaltos. El comportamiento del público, fue cordial, afable, amistoso. La artista fue agasajada con un beso o la entrega de una rosa, entre otras acciones bienintencionadas.

Pero llegado el ecuador de la obra, el ánimo del público registró un vuelco significativo, y sus acciones se volvieron cada vez más violentas. Un hombre efectuó un corte en su cuello y procedió a beber la sangre que manaba de la herida. Pusieron su cuerpo en la mesa con las piernas abiertas y colocaron un cuchillo entre ellas. Cargaron el revólver y lo pusieron en su mano con el cañón dirigido hacia su cuello. Esta última acción y a pesar de haber recibido instrucciones de no interferir, llevo a los guardas de la sala a arrojar el arma por una de las ventanas. Abramović fue desnudada por completo, cortada su ropa con las tijeras. Entrelazaron el tallo espinoso de la rosa con los eslabones de la cadena que llevaba al cuello. Esparcieron los pétalos de la flor sobre su rostro. Una mujer intervino para secar las lágrimas que humedecían sus mejillas.

Marina Abramović tendida en la mesa con un cuchillo entre las piernas
Así, lo que empezó como una reflexión acerca de la confianza y el contrato social, acabó siendo una prueba palpable sobre la inclinación natural del ser humano a la violencia.
"Lo que aprendí fue que, si dejas que el público decida, te pueden matar. Me sentí verdaderamente atacada: me cortaron la ropa, me clavaron las espinas de las rosas en el estómago, una persona me apuntó a la cabeza con la pistola y otra se la quitó".
La falta de reacción de la artista había provocado que la violencia escalara de manera abismal. A las dos de la mañana, Marina Abramović abandonó su quietud e intentó aproximarse a su público. Desnuda, manchada de sangre y con los ojos rebosantes de lágrimas. Tan pronto como la artista paso de objeto pasivo a sujeto activo, los espectadores huyeron de la sala.
"Después de exactamente seis horas, según el plan, me levanté y empecé a caminar hacia el público. Todos escaparon, evitando un enfrentamiento real".

La dualidad que existe en todas las personas es algo sobre lo que se ha reflexionado en muchos momentos de la historia. El que todos asumamos la existencia de una parte primitiva en nosotros, nunca nos ha hecho reflexionar en que momento esos impulsos pueden llegar a salir. De vez en cuando, vemos noticias en las cuales personas que en su entorno definieron como modélicas realizan un acto de violencia ajeno a su conducta habitual y sin que de por medio intervenga ninguna patología mental. Nadie sabe en que momento este instinto natural a la violencia puede surgir en nosotros. En este experimento realizado por Marina Abramović, ha quedado constancia de que esa conducta violenta no nos es tan lejana.

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