viernes, 26 de mayo de 2017

La locura de hoy será la fuerza y el progreso de mañana.


Por Raquel Santos-Juanes.



¿Qué es lo que pasa cuando se generaliza designando a todos los jóvenes con comentarios como "Es que estos chicos de hoy en día..." o "¡Vaya generación!"?

Durante estos últimos años, no ha sido poco frecuente ver artículos o noticias que revelan y resaltan elevados índices de consumo de drogas, accidentes de tráfico en los que hay adolescentes involucrados o encuestas que señalan el incremento de la despreocupación por la política. Si cualquiera intentase achacar todas estas circunstancias a un solo factor probablemente se equivocase pues de ninguna forma algo tan serio y grande puede tener una sola causa. Ahora bien, voy a permitirme especular acerca de este asunto y exponer de dónde pienso que puede venir todo esto.

Desde mi punto de vista, el lugar de partida es que existen dos ideas distribuidas entre toda la población, 'los jóvenes son el futuro por lo que deben prometer' y 'los jóvenes no son suficientemente buenos' o dicho de otra forma, se tienen muchas expectativas sobre nosotros y a la vez se tienen muy pocas. Por un lado vamos a hablar de la sobrevaloración. ¿Qué es un 'Hikikomori'? Éste es el término que se utiliza actualmente en Japón para designar a los estudiantes que abandonan la escuela y se refugian en sus habitaciones. Se estima que hay actualmente más de 130.000 abandonos escolares en Japón. Hay varias razones para el rechazo de la escuela, podríamos apuntar, por ejemplo, el acoso escolar. Sin embargo, se sabe que tan solo entre el 10 y el 20% de niños abandonan la escuela por esa razón. ¿Y qué pasa con el resto? Es bien conocido que los alumnos japoneses están sometidos a una gran presión y sufren mucha tensión desde edades muy tempranas. Podemos decir que en esta sociedad solo hay un camino correcto, una decisión permitida: los niños y adolescentes van a la escuela durante largas jornadas en las que la participación es mínima (se fomenta exclusivamente la memoria, no la creatividad) para aprobar los exámenes decisivos. Esto es todo. No hay vida más allá. Cabe incluso mencionar que hasta hace unos pocos años, el fracaso escolar era considerado como un desorden y aunque el pensamiento evoluciona, aun se considera como un símbolo de debilidad y vergüenza para la familia. Todo esto nos puede sonar muy lejano pero si es así, estamos equivocados porque perfectamente lo podemos extender a las sociedades occidentales en las que el intento de crear 'librepensadores' (como decía Savater) no interesa. Este sistema fundamentalmente parece dar lugar a dos tipos de personas: las que son capaces de adaptarse y comienzan a actuar como si estuvieran vacías para poder sobrellevar la situación o las que son incapaces de mantener esa presión y deciden abandonar sus estudios y aislarse del mundo real. 

Hasta aquí todo claro ¿no?, pero ¿qué quería decir al principio cuando mencioné también lainfravaloración? Pues bien, es verdad que se espera mucho de nosotros, sí, se espera que nos convirtamos en máquinas que sean capaces de ejecutar su trabajo de manera excepcional, sin ningún tipo de conciencia crítica. Esto es lo mucho que se espera. Por eso, también podemos decir que en numerosas ocasiones se nos infravalora. Cuando un joven aparece con una idea, tiende a despreciarse antes de ser siquiera escuchada. Casi me voy a permitir hablar de 'discriminación por inexperiencia', es decir, lo mismo que ocurre cuando un recién acabado de carrera va a una entrevista de empleo con una buena preparación y le echan para atrás porque no ha trabajado en nada previamente, vamos, porque no tiene experiencia. ¿Que no haya sido contratado antes significa que vaya a desempeñar peor su cometido? ¿Implica el hecho de ser jóvenes que nuestras ideas no sean lo suficientemente buenas? Para que las personas quieran seguir pensando deben ser motivadas de alguna forma y si sienten que no son escuchadas podrían dejar de hacerlo. Por eso es tan importante que los jóvenes vean que sus proyectos, si son buenos, son ejecutados y no se los lleva el viento. Para evitar que tratemos de llamar la atención de cualquier otra forma, se debe comprender que más allá de nuestra apariencia y edad podemos ser innovadores, e incluso algunos, genios. No debemos olvidar que muchas de las personalidades que cambiaron el rumbo de la historia fueron tomadas por locas en un principio, por eso el hecho de que seamos 'locos' no tiene por qué significar de antemano algo negativo.


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