viernes, 26 de mayo de 2017

Hegel & Feuerbach.

Por Paula Sarille.

1. Georg Wilhelm Friedrich Hegel

(Stuttgart, actual Alemania, 1770 - Berlín, 1831) Filósofo alemán.  Hegel estudió primero en el instituto de su ciudad natal, y siguió estudios de teología en Tubinga, donde fue compañero del poeta Hölderlin y del filósofo Schelling, gracias al cual se incorporó en 1801 como docente a la Universidad de Jena, que sería clausurada a la entrada de Napoléon en la ciudad (1806).

Al tiempo que se introducía en la obra de pensadores como Schiller, Herder, Lessing y Kant, Hegel compartió con sus compañeros el entusiasmo por la Revolución Francesa. Aunque al principio se hallaba muy próximo al idealismo de Fichte y Schelling, a medida que fue elaborando su propio sistema filosófico, ya profesor en la Universidad de Heidelberg y luego en Berlín, se alejó progresivamene de ellos.

No en vano el de Hegel es el último de los grandes sistemas concebidos en la historia de la filosofía. La «contradicción» significa aquí el conjunto de oposiciones que había venido determinando la historia de las ideas desde el pensamiento clásico: lo singular y lo universal, la Naturaleza y el Espíritu, el bien y el mal, etc. La superación de la contradicción debe llevarse a cabo a partir del pensamiento «dialéctico», cuyas fuentes están en Heráclito y en Platón.

Pero, a diferencia de sus antecesores, concibe una totalidad dinámica: cada cosa llega a ser lo que es en el seno de un continuo devenir, un proceso que es producto de la diferencia, del carácter constitutivamente contradictorio del ser. El movimiento esencial del ser es dialéctico, por cuanto expresa la pugna interna entre las partes para reducir su oposición a unidad. Dado que el pensamiento debe aprehender una realidad en movimiento, Hegel desarrolla una lógica que permite conocer el ser (el Absoluto) sin excluir el devenir y el cambio.

De ahí que su sistema sea dialéctico, por cuanto intenta concebir lo concreto desde el interior de lo absoluto, que se manifiesta como tal en la oposición a lo concreto y en su negación. Por ello, la «negatividad» es un concepto central en el sistema hegeliano, pues explica el devenir de cada objeto en su contrario, y la resolución de ambos en una nueva figura que a su vez será negada; al final del proceso, la esencia del Absoluto se revela como pura negatividad, es decir, como la ausencia (o mejor la negación) de cualquier determinación.

Al contrario de lo que sucede en otros sistemas, el Absoluto de Hegel se da como lo concreto, como suma de todos los momentos del proceso a la vez que como su resultado, superando la vaguedad de la abstracción, que constituye un momento del todo. La distinción entre sujeto y objeto resulta también superada («Todo lo racional es real y todo lo real es racional»), pues la historia del proceso de revelación del Absoluto (el Espíritu), que Hegel desarrolla en su Fenomenología del Espíritu, se da como proceso de autoconocimiento del propio Absoluto. La historia de los hombres es la expresión de un conflicto que tiende a desaparecer, marcado por un fin -telos- que consiste en la reducción de la diferencia a identidad absoluta. Recopilamos algunas de sus mejores frases. 


"La lectura del periódico es la oración matinal del hombre moderno."

"El drama no es escoger entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien."

"Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión."

"Quien todo lo desea no quiere nada en realidad, y nada consigue."

"La contradicción es la raíz de todo movimiento."

"Tened el valor de equivocaros."


2. Feuerbach

Ludwig Feuerbach (1804-1872) nació en Landshit (Baviera). Estudió teología en Heidelberg y filosofía en Berlín, con Hegel. Se adhirió al ala radical del movimiento hegeliano, de la que llegó a ser uno de sus más significados representantes. Su obra Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad, publicada anónimamente en 1830, constituye la primera manifestación de su lucha contra la teología. Retirado desde 1836 en Bruckberg, se dedicó a estudios de historia y crítica religiosa y filosófica, alcanzando una gran popularidad entre los jóvenes hegelianos. 

Feuerbach consideró necesario desenmascarar la teología especulativa que se escondía detrás del sistema de Hegel, denunciando la propuesta de éste según la cual el espíritu se subjetiviza por medio de la religión. Frente a esta tesis, Feuerbach considera que espíritu no es más que un nombre que designa la Naturaleza, la realidad primaria. La inversión de la tesis hegeliana no le impide, sin embargo, reconocer el valor de lo espiritual, como última y más elevada manifestación de lo natural. Pero el espíritu nace del hombre en cuanto ser natural, no siendo todas las supuestas entidades trascendentes más que hipóstasis de los conceptos humanos. El ser humano se diferencia del resto de los seres naturales en que es capaz de razonar y de concebir racionalmente un ser infinito, aunque el propio concepto de infinitud no constituye una garantía de la existencia efectiva de un ser caracterizado como tal. El hombre crea a sus dioses a su imagen y semejanza, de acuerdo con sus necesidades, deseos y angustias. Las formas de la divinidad en cada una de las culturas son un signo de sus tendencias particulares. Justamente por ello, el contenido de las religiones no debe ser simplemente criticado, sino comprendido. La reducción de la teología a la antropología es la condición fundamental para la comprensión de la historia y del hombre.

La filosofía de Feuerbach, especialmente su crítica de la religión dogmática y la derivación hacia el culto a la humanidad, alcanzó pronto una notable difusión. Los hegelianos de izquierda, entre ellos Engels y Marx, se manifestaron en sus primeros tiempos como entusiastas defensores del pensamiento crítico de Ludwig Feuerbach.

Por tanto, puede afirmarse con rotundidad que su filosofía no ha influido únicamente en la teología protestante crítica, sino también en el marxismo.

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