lunes, 8 de mayo de 2017

Comunismo cristiano.

Por Marco Antonio Fdez.

Bueno, pues el curso se termina, y esta es la última entrada en este blog, que nos acompañó durante dos años. Hoy, teniendo en cuenta el autor que hemos visto recientemente, Karl Marx, hablaremos de la definición de “trabajo”. Primero comentaremos la definición de trabajo para Karl Marx: El trabajo es la capacidad para transformar la naturaleza, humanizarla, y lo entiende como la esencia del ser humano. Solo a través del trabajo nos sentiremos plenamente realizados. Marx se aleja bastante de la definición usual de trabajo. El ser humano entiende por trabajo, o al menos en su mayoría, a aquello que le hace levantarse de su cama todos los días, para hacer siempre lo mismo, y no participar en la elaboración final del producto; esto es culpa de la sociedad capitalista en que vivimos, que nos aliena, nos cosifica, haciendo que sintamos la esencia, nuestra esencia, como algo ajeno a nosotros.

Por extraño que parezca, y corrigiendo la idea equivocada que muchas personas tienen, el trabajo no es visto por la Iglesia Católica como un castigo. Es fácil pensar que el trabajo puede considerarse el castigo que Dios impuso a Eva y Adán por su falta, y que ahora arrastra a toda la humanidad a tener que trabajar para conseguir lo que antes Dios daba gratis. Pero esto es sumamente erróneo, pese a que, insisto, en el relato del Génesis se hace una descripción del trabajo como la que acabo de realizar. Contrariamente la Iglesia Católica define al trabajo como una de las características definitorias del ser humano pues es una capacidad que solo él posee, y solo a través del trabajo entre todos seremos capaces de sacar beneficio mutuo y dominar la naturaleza que el Señor nos ha puesto a nuestros pies. ¿Esta no es muy parecida a la definición marxiana de trabajo? En resumidas cuentas, el catecismo de la Iglesia Católica define al trabajo como una característica de las más definitorias del ser humano, no siendo la esencia, pues ésta es el alma, pero siendo una parte vital del hombre para ser realmente un hombre.


Esto nos hace ver que el comunismo tiene muchas similitudes con el cristianismo, y ahora entonces hablaremos del comunismo cristiano. Entendemos a este movimiento como una teoría política basada en las enseñanzas originales del cristianismo, fundado ya con la aparición del grupo de apóstoles en torno a Jesucristo. Podemos decir que el comunismo cristiano está totalmente de acuerdo con las tesis marxistas, a excepción de la parte antirreligiosa. El comunismo atenta contra toda estructura de poder, su fin final es la abolición del Estado y la igualdad, en cambio el comunismo cristiano no opta por la eliminación de la jerarquía eclesiástica. Pero coinciden en el concepto de alienación y en la posibilidad de abolir la sociedad capitalista.

Son muchas las ejemplificaciones bíblicas que podemos encontrar para defender que el comunismo lo inventó Cristo, o mejor dicho, que este es inherente al ser humano: Jesús se reúne con sus apóstoles frecuentemente para compartirlo todo; Jesús se arrodilla ante sus apóstoles para lavarles los pies; Jesús define a los cambistas y cobradores de impuestos como mentirosos, falsos y ególatras; Jesús remarca que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el Reino de los Cielos; Jesús le dice al mundo: quien me quiera seguir que deje atrás todo, cargue con su cruz y lo haga; Jesús repitió miles de veces no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti, sustituyendo la ley de Talión. Al morir Jesucristo y fundar la Iglesia en Pedro, no solo le dejó a este la tarea de gobernar, sino también al resto de apóstoles, que de hecho ejercieron una racionalización de los bienes comunes, y empezaron a vivir juntos por el temor a los judíos… Podemos decir que la esencia del comunismo se encuentra en los textos bíblicos, y que aunque muchas veces los cristianos no hayamos alejado de la esencia, esta es la que es, y no la podemos negar. Cuando el cristianismo, tras el Edicto de Milán, fue reconocido como la religión oficial del imperio, comenzó su andadura hacia la acumulación de poder, la lejanía con la sociedad real, y la pérdida de su esencia.

Reflexión personal: Soy la primera persona en reconocer que los cristianos en muchas ocasiones no actuamos como lo haría nuestro líder, Jesucristo, sino como las enseñanzas de la Iglesia nos guían. Pero quizás, si el comunismo no hubiera atacado desde sus inicios a la religión, llegando a definirla como el opio del pueblo, o llegando a afirmar que Dios es un invento de los hombres, la relación de los cristianos practicantes con esta ideología sería muy diferente. Como dice el Papa Francisco, los cristianos estamos condenados a ser perseguidos, como así lo fue Jesucristo, porque la envidia en la defensa hacia los valores que defendemos es muy grande.

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