lunes, 24 de abril de 2017

Meditación sobre el poder: Trías vs Bueno (II)

El primer número de la revista El Basilisco sale a la luz en Marzo de 1978 y en él podemos encontrar un artículo titulado Sobre el poder (En torno a un libro de Eugenio Trías) firmado por Gustavo Bueno. Este texto marca una ruptura entre los dos filósofos, que hasta este momento habían transitado por direcciones paralelas. No obstante, la crítica de Bueno no es tan demoledora como en él es habitual como atestiguan estas palabras: “A este lector quiere el crítico decirle que, conservando intacto su afecto por Trías, espera que pueda remontar su vuelo en ulteriores obras.” No sabemos si Trías "remonta o no el vuelo" en las siguientes obras porque Bueno no lo menciona más (que yo sepa).

La crítica fundamental que encontramos en el texto de Bueno no es tanto sobre lo que Trías dice, sino sobre lo que calla.  Llama la atención, en el libro del catalán, una ausencia, una falta: el poder político.  En principio, podríamos suponer que el poder político es una especie de Poder (considerando este como un género) y que la reflexión de Trías pretende ser neutral al no privilegiar una clase de Poder sobre otras … pero no parece ser esta la intención de Trías.  El filósofo barcelonés pretende hacer una crítica al poder político, pero esa crítica no es explícita.  Es preciso leer entre líneas.  La distinción de Trías entre Poder y Dominio tiene como finalidad última, piensa Bueno, desenmascarar al poder político, el cual, hablando en sentido estricto no es Poder, no es un caso particular de Poder, sino su caso límite, el límite inferior, aquel en el cual el Poder se convierte en Dominio, es decir, en No Poder.

Bueno acusa a Trías de efectuar una “disociación metafísica” (semejante a la de los epicúreos y neoplatónicos) entre el Poder y el poder político.  Ahora bien, el poder político no solo es una forma de Poder entre otras, sino que es “el primer analogado” del Poder, al menos en el ordo cognoscendi de la Idea de Poder, es decir, conocemos el Poder mediante, a través de, el poder político.   Bueno también recurre a Aristóteles para justificar la noción de Poder, pero en un sentido muy diferente al de Trías: para el barcelonés el Poder es semejante a lo que Aristóteles denomina Potencia activa, es decir, la capacidad para llegar a ser, para realizar la esencia;  en cambio, para el riojano el poder político es al Poder lo que la substancia al Ser en Aristóteles, es decir, del mismo modo que la substancia no es una clase más del Ser, sino que es el Ser por excelencia, el poder político no es un tipo más de Poder, sino que es el Poder por antonomasia.

La reflexión filosófica sobre el Poder, por tanto, ha de centrarse en el poder político y no puede ser neutral, ha de ser beligerante a favor de alguna forma de poder político contra otras alternativas. Esta es, para Bueno, la perspectiva dialéctica, esto es la verdadera filosofía que se opone a la perspectiva metafísica, aquella que reflexiona sobre el Poder como un Todo, como si fuera posible dirigirse “a la cosa misma”, al margen de sus manifestaciones históricas. Bueno insiste en la necesidad de una orientación histórica:  “en las sistematizaciones de Platón y de Aristóteles, de Epicuro o de Panecio, es donde se encuentran ya cristalizados los planteamientos filosóficos que la Idea del Poder implica. Es aquí en donde la Idea del Poder ha alcanzado su perspectiva filosófica, mediante la formulación de las líneas de su symploké con las Ideas del Bien y de la Felicidad.”

Esta es la tesis de Gustavo Bueno: la idea de Poder ha de ser puesta en conexión con la Idea de Bien y la Idea de Felicidad. Y tal conexión no debiera ser resultado de la espontánea actividad de la imaginación o la fantasía, sino que  ha de partir de bases más firmes. Una "verdadera filosofía", esto es, una filosofía dialéctica debe tomar como punto de partida la tradición filosófica. El campo de discurso está acotado desde la Antigüedad, una reflexión filosófica acerca del Poder ha de tomar en consideración las propuestas de Sócrates, Platón, Aristóteles etc; lo contrario no es filosofía, es otra cosa.

Desde esta perspectiva, debemos recordar que tanto Sócrates como Platón no conciben el verdadero Poder a espaldas del Bien, ni tampoco hay verdadera Felicidad sin la intermediación de la Idea de Bien, y por tanto por la mediación de la Idea de Poder, en tanto va entretejida con la Idea del Bien. Este vínculo puede ser recorrido en diversas direcciones: El Poder es poder cuando es bueno (lo contrario sería tiranía); la Felicidad debe orientarse al Bien (lo contrario es el hedonismo); la Felicidad incluye el Poder (el impotente, el esclavo, es un infeliz) etc. En esta misma línea de pensamiento podemos insertar a Spinoza: “Cuando el alma se imagina su impotencia se entristece” (proposición LV del libro III de la Ética). No es posible la Felicidad al margen del Poder.   Es verdad  que el Bien y la Felicidad no giran sólo en torno al poder político. Pueden dirigirse hacia otras formas de Poder. Por ejemplo, al poder erótico, que nos orienta hacia la Belleza, o al poder del entendimiento, que nos dirige hacia la Verdad. Todas estas conexiones están presentes en la tradición platónica que estamos comentando, dentro de cual se mueve la propuesta de Bueno. 

Trías, sin embargo, parece más cercano a otras tradiciones que desvinculan estas Ideas: los epicúreos, por una parte y los neoplatónicos, por otra. Los primeros condicionan la Felicidad al alejamiento del poder político; el sabio epicúreo es feliz cuando se retira al Jardín y cultiva la amitad, que es considerada como la virtud suprema. Los neoplatónicos, por su parte, desprecian la política por considerarla innecesaria para el sabio, perjudicial incluso, aliada del Mal y la impotencia.  Ambos coinciden en una “”exhortación moral”: la condena del poder político,  la recomendación del retiro a la vida privada y la resignación ante la injusticia social. 

Bueno encuentra un paralelismo entre las críticas al poder político de Trías y de Bernard-Henri Levy.  Para Levy el poder político es Todo el Poder, para Trías es la Nada del Poder.  Ambas se reflexionan desde la perspectiva del Todo, es decir, desde una perspectiva metafísica.  La perspectiva dialéctica conjuga la Idea de Todo con la Idea de Parte, de tal forma que el poder político (como Todo) se opone a otras formas de poder (económico, religioso, cultural...) y, lo que es más interesante, el poder político, esta constituido por Partes que mantienen entre sí una relación dialéctica que es susceptible de ser analizada filosóficamente: ¿Cómo se opone el poder del Papa al poder del Emperador, la clase explotadora a la clase explotada, el poder oligárquico al poder obrero, el poder burocrático al poder popular etc? Es esta la tarea que debe abordar una filosofía dialéctica sobre el Poder.

Bueno acaba con un interrogante que tiene interés porque es el único punto que será expresamente contestado en la escueta respuesta de Trías: ¿cuál es el género literario que cultiva Trías? No es el género exhortativo, tampoco el género expresivo, parece ser el género “estético-constructivo” pero la construcción, reprocha Bueno, es enteramente imaginaria.  (Sigue)

Por Óscar Sánchez Vega.
Publicado por primera vez el 14/6/2013 en www.feacios.blogspot.com.es

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