sábado, 1 de abril de 2017

El emotivismo moral.


Por Victoria Harris.


David Hume es un filósofo británico nacido en Edimburgo en 1711. Es uno de los máximos representantes de la ilustración británica y ha pasado a la historia como uno de los fundadores del empirismo. Hume afirmaba la existencia de una ciencia presupuesta por todas las demás: la Ciencia del Hombre, la cual nos aporta conocimiento sobre nuestro entendimiento; además, como empirista toma los principios básicos de esta corriente: Conocer es conocer ideas; no se pueden conocer las cosas, sólo representaciones de las mismas.


La ética se ocupa de darnos los criterios para poder decidir si una acción es correcta desde el punto de vista moral o no.

El emotivismo moral es la teoría ética que afirma que el fundamento de la experiencia moral lo encontramos en los sentimientos que las personas despiertan sobre nosotros, y no en la razón. Por tanto, el emotivismo moral se opone al intelectualismo moral. Esta última teoría afirma que la condición necesaria y suficiente para la conducta moral es el conocimiento; por ejemplo, que para ser buenos es necesario y suficiente el conocimiento de la bondad. Esto garantiza la universalidad y objetividad de los juicios morales. Hume destaca la importancia de la esfera de los sentimientos y las emociones en la vida moral. Entiende que esto no es posible, que el conocimiento moral no puede fundamentar la moral. Es necesario desplazar la ética del mundo de la racionalidad al ámbito de los sentimientos y esto fundamentalmente por las siguientes razones:
  1. La razón por sí misma es incapaz de mover al hombre. La lógica no nos impulsa directamente y por sí sola a la acción. La razón sola no es motivo para nuestra conducta, ni siquiera para su valoración. Los sentimientos son los que realmente empujan a obrar. Un ejemplo expuesto en clase es el asno de Buridán, que se muere de hambre por no escoger entre dos montones de heno que eran exactamente iguales. 
  2. El conocimiento de los hechos nos muestra cómo son los hechos, no cómo deben ser. Por tanto, cualquier pretensión de deducir normas morales a partir de hechos cometerá una falacia, consistente en pasar ilegítimamente del ámbito del ser al del deber ser. Esto recibe el nombre de «falacia naturalista».
  3. La razón puede ayudarnos a decidir cuáles son las consecuencias útiles o perniciosas de las cualidades y las acciones, y por lo tanto debe tener cierto papel en la experiencia moral. Sin embargo es insuficiente para fundamentar dicha experiencia moral.
En su obra “Investigación sobre los principios de la moral”, Hume afirma que la moral descansa fundamentalmente en los sentimientos. Para él, hay sentimientos morales y sentimientos que se despiertan en nosotros debido a la percepción de ciertas acciones de las personas. El sentimiento moral básico se denomina “humanidad”, sentimiento positivo por la felicidad del género humano. Se llaman virtuosas las acciones que despiertan en nosotros ese sentimiento, y vicios las que despiertan en nosotros el sentimiento contrario. Hume llama simpatía a la tendencia que las personas sienten por participar en las emociones de los demás. Nuestras acciones también están motivadas por un sentimiento de atracción y antipatía que nos producen dichos comportamientos. Por eso, buscamos lo que nos causa placer y rechazamos lo que nos causa dolor. El problema mayor que plantea la ética emotivista radica en que al dejar el ámbito de la ética fuera de la racionalidad elimina la posibilidad de la argumentación y la discusión en temas de moral. El sentimiento es por definición subjetivo y no universal.

Considero más válida la teoría de Hume, al intelectualismo moral. Pienso que son los sentimientos y las emociones los que rigen la moral humana. Pero también considero que el conocimiento y la razón deben tener importancia en la moral, ya que sin ellos no conoceríamos las consecuencias de nuestras acciones. 

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