martes, 18 de abril de 2017

¿Todas las opiniones deben ser respetadas?

El respeto es un sentimiento positivo que se refiere a la acción de respetar; es equivalente a tener veneración, aprecio y reconocimiento por una persona o cosa.

Por Lucía Rodríguez. 

Hay distintos tipos de respeto. Puede ser un respeto determinado al comportamiento, como puede ser seguir las leyes. O, en cambio, el tener respeto a una persona, entonces el significado que adopta es el de una actitud o sentimiento hacia esa persona, dependiendo de cómo actúe, se dice que se ha mostrado respeto o falta de respeto.

Una de las opiniones más influyentes acerca del respeto viene de la filosofía de Kant, que dice que a todas las personas se les debe respeto por el simple hecho de ser personas, o dicho de otra forma por ser seres racionales y libres. Kant señaló que era preciso enseñar cuanto antes a los niños el respeto y consideración del derecho de los demás.

Pero, ¿es esto siempre así o acaso debería serlo? Como puede ser en el caso de las opiniones, ¿merecen todas ellas nuestro respeto?

Para responder a esta pregunta podríamos referirnos a la tolerancia, que es una forma de expresar respeto a los demás aceptando sus diferencias. Pero, somos tolerantes cuando esas diferencias nos importan. No necesitamos tolerar lo que nos es indiferente, pues hacerlo llevaría a la indiferencia. Por el contrario, se tolera lo diferente, aquello con que nos parezca equivocado o con lo que no estemos de acuerdo. Pues si todas las opiniones valiesen por igual, entonces ninguna vale en realidad nada. Muchas veces las opiniones no se ponen en duda ni se someten a discusión por miedo a la reacción del sujeto opuesto, asumiéndose entonces la imposibilidad de una discusión racional. Se olvida entonces que muchas opiniones traen consigo consecuencias, o se da por supuesto el carácter inmutable e inmune a toda argumentación, como si estas no procediesen del pensamiento de dicha persona.

Como personas debemos saber lo que para nosotros es bueno o malo, pero sobretodo, necesitamos saberlo en conjunto, en sociedad. Puede que lo que nosotros veamos como bueno o malo no coincida siempre con la idea más general, lo que suele ser la fuente de los conflictos morales. Por eso, una sociedad tolerante debe tener claros cuál es el interés general que ha de prevalecer sobre los particulares. Pues no establecer estas prioridades llevaría a tolerarlo todo, renunciando así a todos los principios de una sociedad libre.

Por lo tanto, el único respeto que merecen las opiniones es que sean tomadas en serio, pues es la persona la que reclama el respeto, no las opiniones, y, si siempre hay que prestárselo, ello será con pese a lo erróneo de sus opiniones. Reconocer la dignidad del individuo humano no significa aceptar sus juicios como verdaderos, sino, si fuese el caso, demostrarles que estos no son así e intentar ayudarle a cambiarlos.

De modo que no está impuesto sobre nosotros la necesidad de tolerar o respetar aquellas opiniones que nos parezcan infundadas o socialmente nefastas, sino que se debe intentar cambiar, así como el pensamiento de donde proceden.

Personalmente, no creo que todas las opiniones deban ser respetadas. El límite lo encontraría en aquellas que interfieran con los derechos humanos o la integridad de otras personas como pueden ser afirmaciones al estilo de “los negros son inferiores”. Y a la vez que pienso que debe existir la necesidad del debate y la discusión lo más difícil es encontrar unos valores comunes que hagan aceptable justificar por qué una opinión es más valida que otra.

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