jueves, 30 de marzo de 2017

El origen del conocimiento.

"Durante enormes intervalos de tiempo el intelecto no ha producido más que errores: algunos de ellos se revelaron útiles y acertados para la conservación de la especie: quien los adoptaba o heredaba podía luchar con más ventaja por sí mismo y sus descendientes. Tales errores, que no dejaron de transmitirse por herencia como tantos artículos de fe hasta llegar a ser el fondo común de la especie humana, son, por ejemplo, los siguientes: hay cosas duraderas, cosas idénticas; existen efectivamente objetos, materias, cuerpos, las cosas son lo que parecen ser; nuestro querer es libre, lo que es bueno para mí tiene también una bondad intrínseca. Solo muy tarde aparecieron quienes desmintieron y pusieron en duda semejantes opiniones; solo muy tarde la verdad se reveló como la forma menos apremiante del conocimiento. Pareció que no se podía vivir con ella, y que nuestro organismo estaba constituido para contradecirla: todas sus funciones superiores, las percepciones sensibles y todos tipo de sensaciones en general, actuaban con estos inveterados errores desde los orígenes. Aún más: estas proposiciones, incluso en el interior del conocimiento, se había convertido en normas, según las cuales se determinaba lo que era "verdadero" y "no verdadero"; hasta en las regiones más alejadas de la lógica pura. De este modo la fuerza de los conocimientos no reside en su grado de verdad, sino en su antigüedad, en su grado de asimilación, en su carácter de condición vital."


F. Nietzsche, La Gaya Ciencia, libro tercero, aforismo 110

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