martes, 14 de marzo de 2017

Altruismo.

Por Naranco Álvarez, Raquel Santos-Juanes, María Hernández y Elena Magadalena.

El altruismo es un mecanismo desinteresado a través del cual la persona opta por procurar el bien y las necesidades de los demás, a costa de su propio bien y de sus propias necesidades. No se trataría de egoísmo, sino de una renuncia interesada. Como mecanismo de defensa sería uno de los más sanos, o, al menos, positivos socialmente.

Pero, ¿Qué va buscando la persona con este autosacrificio? La valoración, aprecio, recompensa, agradecimiento, reconocimiento, estima, cariño... Se sacrifican por los demás para que les quieran, es la máxima que se esconde detrás de esta actitud.

Según los estudiosos del tema, el altruismo humano suele parecer en torno a los 18 meses de edad, lo que sugiere que los seres humanos tienen una tendencia natural a ayudar y mirar por los demás. Cuando el ser humano grita socorro hay una tendencia natural a acudir a esa petición. Está como en nuestro ADN, atender al que pide ayuda. Es conocida la experiencia del investigador que delante de un grupo de bebés se ponía a tender la colada. Provocaba que le vieran y en un aparente momento de descuido dejaba que una pinza se le cayera al suelo. La reacción de los bebés era ir gateando a coger la pinza y dársela. Una cosa curiosa del experimento era que los niños sólo ayudaban cuando tenían la sensación de que el adulto los necesitaba para completar su tarea. Esta misma experiencia se realizó con chimpancés, por los mismos investigadores, y se demostró que también ayudaban a alcanzar objetos a un adulto con problemas, en tareas sencillas.

Ejemplos en la realidad: Anna Freud ilustra su planteamiento sobre la renuncia altruista con el ejemplo clínico de una mujer, cuyas defensas le hacían eliminar de su conciencia cualquier deseo o interés propio. En vez de intentar satisfacer sus propios impulsos instintivos directamente, la paciente dedicaba su energía a animar y favorecer el éxito de las personas a las que quería. Podía sentir mucha satisfacción por logros que, habiendo deseado para sí misma, alcanzaban otros. En otras palabras, encontraba sustitutos en los que depositar sus propios impulsos y fantasías, y cuando éstos se satisfacían, podía disfrutar por identificación. Este compromiso era el resultado de su necesidad de someterse a las prohibiciones de un superyó excesivamente severo que excluía la gratificación instintiva directa.

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