sábado, 3 de diciembre de 2016

El Hombre y la Ciudad.


Por Paula Sarille.


La filosofía occidental se asienta en la obra de los tres grandes filósofos griegos de la Antigüedad: Sócrates, Platón y Aristóteles. Pese a la singular relación que los unió (Sócrates fue maestro de Platón, quien lo fue a su vez de Aristóteles), la orientación de su pensamiento tomó distintos caminos, y correspondería a Aristóteles culminar los esfuerzos de sus maestros y ejercer la influencia más perdurable, no sólo en el terreno de la filosofía y la teología, sino prácticamente en todas las disciplinas científicas y humanísticas. De hecho, por el rigor de su metodología y por la amplitud de los campos que abarcó y sistematizó, Aristóteles puede ser considerado el primer investigador científico en el sentido moderno de la palabra.

En esta entrada, entraremos en la antropología de la teoría aristotélica, en concreto.

Aristóteles defiende un dualismo antropológico mucho más moderado que el de su maestro Platón. También para Aristóteles el hombre consta de cuerpo y alma, y de estos dos principios, el alma es el que mejor nos define y distingue del resto de seres naturales, pero no es un principio tan opuesto ni hostil al cuerpo como para Platón. 

En el mundo griego encontramos dos formas de entender la noción de alma:
  • Aquello que nos permite alcanzar el conocimiento y la ciencia, nos acerca a los dioses y nos diferencia del resto de seres (incluidos animales): alma como principio de racionalidad
  • Aquello que se encuentra en los seres vivos gracias a lo cual dichos seres son capaces de realizar actividades vitales y se diferencian de los seres puramente inertes:alma como principio de vida.
Todos los filósofos griegos aceptaron estas dos dimensiones en el alma humana, pero unos subrayaron un aspecto y otros otro; por ejemplo, Platón destaca la primera dimensión, defendiendo su carácter divino e inmortal; sin embargo Aristóteles prefiere la segunda noción (pero sin olvidar totalmente la primera, como se verá en relación con el alma intelectiva) y propone las siguientes definiciones del alma: “principio de vida”; “forma de los cuerpos organizados”; “acto de aquellos seres que tienen vida en potencia”. Al entender de este modo la noción de alma Aristóteles estará obligado a admitir su existencia no sólo en los hombres sino también en los animales y las plantas. Puesto que el alma es principio de vida y existen distintos niveles de vitalidad, habrá también distintas almas, o partes del alma o funciones del alma. Por ello, Aristóteles distingue:
  • El alma vegetativa, presente en las plantas, los animales y los hombres, permite las actividades vitales más básicas como la reproducción, el crecimiento y la nutrición. 
  • El alma sensitiva se encuentra en los animales y los hombres, permite el conocimiento inferior o sensible (la percepción), el apetito inferior (los deseos y apetitos que tienen que ver con el cuerpo como el deseo sexual o las ganas de comer) y el movimiento local.
  • El alma intelectiva es la parte más elevada del alma humana, no se encuentra ni en los vegetales ni en los animales y gracias a ella el hombre posee las actividades vitales propias de la voluntad o apetito superior y del intelecto o entendimiento. Siguiendo a su maestro Platón, para Aristóteles esta parte divina del alma es aquello gracias a lo cual pensamos, podemos captar lo universal y alcanzar la ciencia.
En Aristóteles la Política (reflexión sobre la buena organización de la vida en común) es la culminación de la Ética (reflexión sobre la vida moral), y ello porque los fines últimos del hombre (el bien y la felicidad) únicamente se alcanzan de modo adecuado en el marco de la sociedad, en el trato con los demás. 

Aristóteles da una extraordinaria importancia a la dimensión social del ser humano. El hombre es un ser social por naturaleza, dice Aristóteles. Con ello quiere indicar que la disposición humana a vivir en sociedad no es una consecuencia de circunstancias históricas, económicas o culturales, sino de algo más profundo y fundamental, de su propia naturaleza o esencia. Otros animales pueden vivir aislados, pero no es el caso de los hombres que, para realizar las actividades que les son propias y a las que aspiran y constituyen sus fines y perfección, necesitan de la sociedad. La ciudad (polis) o comunidad es un fin natural del ser humano. Por ser el fin natural, la perfección humana y la felicidad sólo puede sobrevenir en la vida social.

Aristóteles muestra el carácter natural de la ciudad o polis a partir de una reflexión sobre el lenguaje: puesto que la naturaleza no hace nada en vano, hay que pensar que el lenguaje (que es propio de los hombres y no de los animales) tiene un fin. El fin del lenguaje es posibilitar la comunicación, facilitarnos la convivencia al dotarnos de la capacidad para expresar lo justo y lo injusto, el bien y el mal. Y el ámbito en el que es posible desarrollar estas cosas es la ciudad. 

Además, indica Aristóteles, la ciudad (o Estado) es anterior por naturaleza al individuo, como el todo es anterior a la parte. Igual que en el caso del cuerpo y la mano, la mano (una parte) es propiamente mano cuando puede cumplir su función y, por lo tanto, cuando está integrada en un cuerpo (el todo), así también ocurre con el individuo y la sociedad, el Estado o la polis: el individuo no se basta a sí mismo, el individuo puede desarrollarse sólo en el ámbito de la polis, como la mano no se basta a sí misma y sólo puede ser tal como parte de un cuerpo.

Para Aristóteles la ciudadanía, el derecho a participar en el gobierno de la ciudad, está ligado a la posibilidad del ejercicio de la razón. Los seres racionales por naturaleza tienen derecho a gobernarse a sí mismos; este es el caso de los varones libres. Aristóteles defiende la inferioridad de la mujer frente al varón; la mujer no posee de verdad la razón, participa de una cierta racionalidad pues es capaz de escuchar y entender al varón y de ese modo dejarse guiar por él, pero en ella no está la razón lo suficientemente desarrollada como para que pueda ser totalmente dueña de sí misma. Algo semejante ocurrirá con los esclavos. Aristóteles defiende la esclavitud: ciertamente, no en todos los casos pues que un griego como Platón fuera esclavizado es contranatura, pero que los bárbaros lo sean no. Hay hombres que por naturaleza son esclavos (otra vez, los que no son totalmente seres racionales) y otros amos, y en estos casos, esta institución, común en el mundo antiguo, es justa.

OPINIÓN PERSONAL

No consigo estar de acuerdo con Aristóteles, al igual que no lo estaba con Platón. Me parece que se debe tener mucha imaginación para separar un alma (que en mi opinión, no existe) en tantas partes. Por otra parte, la idea de ciudadanía de Aristóteles me parece muy primitiva y en este caso, coincido más con Platón, aunque también me parece bastante mala. Con lo que más de acuerdo estoy con este filósofo, es en su idea de la ciudad, y de la función social del hombre y de su necesidad del lenguaje y de comunicación, ya que no hay casi nadie que quiera estar solo y que no necesite relacionarse tanto con los demás, como con su propio entorno.

FUENTES DE INFORMACIÓN:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...