martes, 29 de noviembre de 2016

¿Qué son los valores?

No sabemos vivir sin valorar

Valoramos y somos valorados. Valoramos las acciones de los otros, valoramos las personas de nuestro entorno y valoramos los objetos que nos rodean; simultáneamente, los otros valoran nuestras acciones y valoran nuestra persona. Los humanos no sabemos vivir sin valorar; no tenemos una actitud indiferente y pasiva frente a la realidad, sino que la sentimos bella o fea, buena o mala, agradable o penosa, como noble o vil.

Atribuimos un valor a una acción cuando afirmamos que es buena, atribuimos un valor a una persona cuando decimos que es bella, atribuimos un valor a un objeto cuando afirmamos que es útil. Pero las cualidades buena, bella y útil aplicadas a una acción (por ejemplo, ayudar a un amigo), a una persona (por ejemplo, a la María) o a un objeto (mis deportivas) no son visibles como lo son las acciones o las personas, ni se pueden tocar como se pueden tocar los objetos.

Un valor es, pues, una cualidad, una propiedad o una característica que, atribuida a acciones, personas u objetos, justifica una actitud positiva y preferencial hacia ellos.

Hechos y valores

Una acción, una persona o un objeto forman parte del mundo de lo que es; son hechos. Cuando hablo de ellos, estoy haciendo una descripción de una realidad física. Es descripción de un hecho o un enunciado fáctico la expresión: "por internet circulan miles de textos". Los enunciados fácticos son verdaderos o falsos en función de su correspondencia o no con los hechos.

Pero, ¿qué pasa si afirmo: "internet es una red fantástica"? Ahora ya no hablo de hechos, sino de valores: he ido más allá de los hechos: a la red le atribuyo una cualidad positiva y muestro mi actitud favorable, mi estima o mi apreciación. Es una valoración de la cual no se puede decir que sea verdadera o falsa. Descripciones y valoraciones son dos maneras de hablar de la realidad: en nuestras descripciones enunciamos juicios de hechos, en nuestras valoraciones, juicios de valores.

La distinción entre hecho y valor ha sido muy esclarecedora en los debates éticos. Nos muestra los dos mundos en los cuales nos movemos los humanos, el mundo de lo que es y el mundo de lo que debería ser. Lo que debería ser es aquello deseable y bueno que consideremos un valor. Cuando tenemos dudas sobre si lo que tratemos es un hecho o un valor podemos hacernos la siguiente pregunta: "el enunciado, se refiere a tal y como son las cosas o a tal y como deberían ser?" Obviamente, si se refiere a tal y como deberían que ser las cosas, entonces estamos hablante de valores. Así, pues, las cualidades valorativas van más allá de los hechos, muestran una especie de plus, una apertura a un mundo superior.

Usos de la palabra valor

La palabra valor proviene del lenguaje económico. Las monedas tienen un determinado valor y los productos tienen un precio o valor, y cuanto más apreciadas son, más valor tienen. Un fragmento de plata o de oro deviene un valor sólo cuando los humanos lo cotizamos. De un modo parecido, cuando un objeto o una acción es muy apreciado decimos que es valioso.

Diferentes tipos de valores

Hoy se sigue hablando de valores en el ámbito de la economía: son bien conocidos los valores que se cotizan en las diferentes bolsas del mundo. Pero el término 'valor' ha traspasado este ámbito y se usa para designar realidades apreciadas y, como en el campo de la economía, más bien escasas. Así, estamos hablando de valores estéticos cuando afirmemos que esta pieza musical es hermosa (el conjunto de notas recibe un "plus", lo calificamos positivamente); de valores intelectuales cuando el profesor afirma que este alumno es muy brillante; de valores vitales cuando afirmamos que nuestro amigo tiene muy buena salud; de valores éticos cuando pedimos más igualdad a la hora de organizar nuestra convivencia; de valores religiosos cuando calificamos de sagrado un ritual o ceremonial; de valores políticos cuando reclamamos participación y diálogo. A menudo, pero, las fronteras entre estos ámbitos no son nítidas: el valor de la libertad, por ejemplo, tiene aspectos intelectuales, éticos y políticos.

Muchos objetos pueden ser valiosos para nosotros, tanto objetos naturales (el agua o el aire), como objetos artificiales (unas deportivas o un ordenador). Pero estas valoraciones no pertenecen al ámbito de la ética, son valoraciones que consideran la utilidad u otros aspectos de ciertos objetos. Igualmente, podemos afirmar que una persona es elegante, ágil u objetiva, y podemos calificar una acción de eficaz, enriquecedora u oportuna, pero aún no hemos hablado de valores que pertenecen al ámbito de la ética. ¿Qué es lo que tienen de específico y de más propio los valores éticos?

Valores éticos o morales.

Los valores éticos (o, si queremos, los valores morales) se caracterizan y la vez se diferencian de otro tipo de valores por:
  • El imperativo de acción que comportan, es decir, son unos valores que se nos imponen como pautas de nuestra acción. Los valores éticos, pueden no coincidir con nuestros deseos, pero sentimos que debemos intentar realizarlos si no queremos perder categoría como personas que somos. Nadie está obligado a ser una persona bella, ágil o simpática, pero toda persona está moralmente obligada a ser justa. Todos los valores comportan un deber ser: es deseable ser alegre, ser enérgico, ser útil... Pero los valores éticos, además de éste deber ser implican un deber hacer, son una prescripción o norma que tenemos que cumplir.
  • Los valores éticos sólo pueden atribuirse a las personas, no a las cosas: un paisaje puede ser bello pero no justo, unas deportivas pueden ser cómodos pero no buenas en sentido moral.
  • Los valores éticos, a diferencia de los que no lo son, dependen de la libertad humana: una persona puede no ser justa, negando la exigencia universal de justicia y por ello le calificamos moralmente como injusto, parcial o interesado. Calificamos moralmente a las personas porque pensamos que podrían ser de otra manera, por eso ensalzamos a la persona honrada y repudiamos a los corruptos. Por que la moralidad de una acción depende de la libertad, no encarcelamos al trabajador de un banco que ha abierto la caja fuerte a un ladrón a punta de pistola: no era libre, y por tanto su acción no es moralmente reprobable.

Pluralidad de valores éticos

Los valores éticos se clasifican según diferentes puntos de vista. Considerando el nivel de mayor o menor incidencia social, hablamos de valores éticos públicos o cívicos y de valores éticos privados o personales. Justicia y bien son los valores fundamentales o básicos; todos los otros valores éticos no son sino concreciones de éstos.


Valores éticos
Públicos o cívicos
Privados o personales
Justicia / Bien
Igualdad
Libertad
Solidaridad
Tolerancia
Respeto a la naturaleza
Disposición al diálogo
Paz...
Amistad
Autenticidad
Generosidad
Lealtad
Ternura
Amabilidad
Sinceridad


Valores: como una brújula para ir por la vida

Los valores se nos presentan como pautas de nuestra actuación, los valores son una guía de nuestro comportamiento. Representan aquello por lo que merece la pena luchar y que, si no somos personas indiferentes, apáticos o débiles, haremos todo cuanto podamos para conseguirlos.

Como las brújulas, los valores marcan el norte, un norte que ejerce en nosotros cierto magnetismo y que, a la vez, nos muestra un camino valioso. Y como las brújulas, los valores son bipolares, tienen dos vertientes o polos: un polo positivo y un polo negativo. El polo positivo es propiamente el valor; el polo negativo es un antivalor o un contravalor: un mal, una injusticia que conviene evitar.

No tener valores quiere decir estar a merced de los vientos, no tener puntos de referencia, ir perdido.

Los valores se aprenden

¿Por qué hacemos nuestros determinados valores y no otros? Una persona asumirá el valor de la elegancia y el de la libertad, otra, el de la objetividad y la democracia, una tercera, la seguridad y la solidaridad. Ciertamente, los valores se aprenden, los valores se transmiten y se contagian de unos a otros; nuestra brújula para ir por la vida la hemos construido poco a poco y con nuestro esfuerzo.

En nuestro ambiente familiar hemos aprendido muchos de nuestros valores; la experiencia familiar con su dimensión afectiva nos lleva a captar y a privilegiar ciertos valores, pero también se puede dar el caso que de un padre egoísta salga un hijo solidario. En la escuela también se enseñan valores y principios morales, pero a menudo son aprendidos como cualquier otro conocimiento y no como pautas de actuación. Las pandillas de amigos y los grupos, que gozan de vinculación afectiva, son eficientes ámbitos de contagio de valores.

Hoy, tal vez más que nunca, nuestra sociedad cuenta con variados y atractivos predicadores de valores: las canciones de un grupo de rock pueden proclamar el goce del momento presente o el respeto a la naturaleza; una película, manifestar las ventajas de un comportamiento agresivo o el valor de la autenticidad; una serie televisiva puede enaltecer el conformismo o la cobardía; los spots publicitarios, buscando un mayor consumo, magnifican la elegancia, la juventud, la belleza.

Somos responsables de nuestros valores

Afortunadamente, los humanos estamos equipados con herramientas que nos permiten valorar los valores, afinar nuestra brújula. Nuestra racionalidad, nuestra capacidad crítica nos facilita reconocer que hay unos valores preferenciales, unos valores más universales, unos valores más fundamentados. Podemos captar que hay cosas importantes a las cuales no debemos renunciar y cosas triviales la carencia de las cuales no nos tiene que desasosegar. Por otro lado, a menudo los afanes de independencia y de libertad entran en conflicto con la necesidad de protección y seguridad. Un joven estudiante puede vivir el conflicto de elegir entre un par de horas de formativo trabajo intelectual y una agradable encuentro con los amigos; en todos estos conflictos de valores o de preferencias sólo nuestra brújula nos mostrará lo mejor camino en seguir.

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