martes, 1 de noviembre de 2016

La idea de evolución a través de la historia.

La naturaleza humana no es algo fijo e inmutable, sino que ha evolucionado en el curso de la historia natural. A lo largo de toda la historia de la humanidad ha prevalecido la idea hasta épocas relativamente recientes, de que lo humano, la naturaleza humana era algo que dependía directamente de los dioses, sin conexión alguna con el reato de los animales. Los mitos y las religiones inciden de una u otra forma en esta idea. La mitología egipcia nos presenta al dios Ra-Atun como creador de todos los seres; en la tradición babilónica Gílgaiiés hace de intermediario en la creación; la Biblia presenta a Dios como creador del cielo y la tierra y de todos los seres. La mitología griega tenía a Zeus como padre de todos los dioses, etc.

En el siglo VII a. de C. surge en Grecia un modo de pensar distinto al mítico o religioso: la filosofía. Los griegos emprenden la aventura del conocimiento guiados por una sola referencia: el ser humano. Mitos, supersticiones y fantasías son expulsadas del seno de esta nueva forma de conocimiento. Las respuestas varían pero las preguntas son las mismas que en el pensamiento mítico ¿Qué es el Hombre? ¿Cuál es la razón del Universo entero? ¿Cuál es la diferencia entre el Bien y el Mal? etc.

De estos y otros interrogantes solo nos interesa una problemática, la que gira en torno a las preguntas ¿Qué es el Hombre? ¿En qué consiste la naturaleza humana? o ¿qué lugar ocupa el ser humano en el conjunto del reino animal? Paradójicamente algunas de las primeras respuestas que se dieron a estos interrogantes eran de carácter evolucionista aunque terminaron por imponerse las tesis contrarias. Llegados a este punto conviene aclarar que entendemos por "evolución" y "evolucionismo". El significado originario del termino evolución indica la acción y efecto de desenvolverse, desplegarse, desarrollarse a algo. Indica también la idea de un proceso gradual y ordenado, a diferencia de la revolución, que es un proceso de despliegue súbito y posiblemente violento. El evolucionismo como doctrina, afirma que la realidad entera no es estática. 

Desde un punto de vista biológico podemos definir el término evolución como el proceso mediante el cual, a partir de antepasados comunes, se han Ido produciendo la multitud de organismos y especies distintas que pueblan nuestro planeta.

Los primeros filósofos griegos tenían una perspectiva evolucionista del ser humano. Anaximandro vivió en el siglo VI a. de C. Y era natural de Mileto (colonia griega del Asia Menor). Su teoría sobre el origen de la vida contiene elementos asombrosamente modernos. Según esta teoría las criaturas vivientes provienen del agua, habiéndose adaptado gradualmente a la vida sobre la tierra. Los hombres proceden de los peces. Anaximandro anticipa la idea de evolución. Otro antecedente lo encontramos en Empédocles (Agrigento, Siglo V a. de C.). Empédocles mantuvo una curiosa teoría según la cual existían diversas partes-unidad (átomos) que erraban cada uno por su lado. Por medio de atracción o Amor se habían unido aleatoriamente dando lugar a diferentes tipos de criaturas, algunas con las formas actuales, otras monstruosas. Las que no estaban suficientemente capacitadas para subsistir perecieron, quedando solo los más aptos. Empédocles anticipa la idea de selección natural.

Es importante señalar que tanto las ideas de Anaximandro como las de Empédocles no constituyen teorías científicas porque sus afirmaciones son meramente especulativas; es decir, sus doctrinas carecen de base empírica, no están construidas a partir de análisis y estudios de datos observables (en este caso el estudio fisiológico, anatómico, morfológico de los seres vivos) sino que, mas bien, son felices intuiciones que carecen de una base que las fundamente. 

Como habíamos señalado, la tesis evolucionista es olvidada y, por el contrario, acaba imponiéndose la tesis contraria: el fixismo. Esta doctrina afirma que las especies son inmutables, es decir, no cambian. Mientras que los individuos nacen y mueren, la especie permanece fija e inalterable (un perro solo puede engendrar a un perro y este proceso se repite generación tras generación). El principal valedor de esta tesis fue Aristóteles (Estagirita, siglo IV a. de C.). Aristóteles, al contrario de sus predecesores, realizó importantes estudios de historia natural y a él debemos los primeros criterios de clasificación científica de los seres vivos que estuvieron vigentes hasta épocas modernas.

El fixismo, propuesto por Aristóteles, acaba definitivamente imponiéndose con la aparición y expansión del cristianismo que combina esta doctrina con el creacionismo (doctrina que afirma que todos los seres vivos son creación divina). De tal forma que las teorías vigentes desde la alta edad media hasta el siglo XIX son las siguientes:

Dios crea al mundo y a todos los seres vivos en un momento dado a partir del cual los individuos se suceden de generación en generación repitiendo inexorablemente la forma de su especie que permanece inalterable.

Esta visión de la biosfera alcanza su punto culmen en el siglo XVIII con la obra de Linneo. Linneo elabora un sistema que permite clasificar todos los seres vivos indicando su nombre científico (género + especie). Así el caballo y la cebra pertenecen al mismo género pero distinta especie: el primero es Equus Caballus mientras que la segunda es Equua Quagga. Linneo creía firmemente en la invariabilidad de las especies y su meta era la clasificación definitiva de todas ellas. En su momento se pensó que su obra suponía el final de la biología, ya no había más labor que realizar, acaso ir insertando nuevas especies por descubrir dentro del Sistema Natural propuesto por Linneo.

Pero los hechos son los que son y pronto aparecieron problemas. Con el desarrollo de la actividad industrial las canteras y las minas proliferaron por doquier. Aparecieron enormes cantidades de fósiles que nos mostraban especies ya extinguidas, además, los estratos geológicos indicaban que la vida en la tierra se remontaba muchos más atrás de lo anunciado en el libro del Génesis de la Biblia. Todo esto tenía que ser explicado.

George Cuvier encontró una explicación que permitía conservar el fixismo. Cuvier consideraba que los estratos fósiles indicaban bruscas separaciones; había que suponer que la tierra se encontró poblada en la antigüedad por sucesivos conjuntos de seres vivos que desaparecieron por completo debido a inundaciones, erupciones volcánicas y cataclismos. Cuvier mantenía que había, no una creación al principio sino múltiples. Por la misma época, a mediados del siglo XIX, el geólogo Charles Lyell publica una obra donde muestra que la tierra no es algo estático, sino que está en continua transformación (erosión, hundimientos, plegamientos, etc). Entre los científicos empezaba a abrirse paso la idea de que tanto la tierra como los seres vivos no son algo estático, sino que ambos están en continua "transformación, es decir, evolucionan.

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