lunes, 14 de noviembre de 2016

La comunicación animal.

Definirnos como el animal que habla implica aceptar que somos el único animal que habla y que tiene capacidad simbólica, es decir, que los demás no lo hacen. Pero es esto cierto, ¿los animales no hablan? Tenemos ya sobradas pruebas que los animales son capaces de articular comunicaciones entre ellos, incluso que alguno de ellos tienen complicados lenguajes. Y si esto es así, dónde está la diferencia sustancial que nos hace afirmar con tanta rotundidad que nuestro habla es diferente al de ellos.

Desde la psicología y la zoología se han hecho infinidad de experimentos buscando esta diferencia cualitativa entre animales y humanos. Entre estos estudios merece la pena que destaquemos la del entomólogo Karl Von Frich quien, en 1948. estudiando el comportamiento de las abejas realizó la siguiente observación: cuando una abeja aislada descubría un botín (por ejemplo un campo de flores de las cuales libar), esta abeja volvía a su colmena e informaba a sus compañera?, del descubrimiento. A continuación, el resto de abejas se dirigían con precisión al lugar que la primera abeja había descubierto, Es evidente que en ese momento se había producido comunicación. y una comunicación suficientemente compleja y rigurosa. Esta comunicación se produce del siguiente modo: cuando la abeja vuelve a la colmena produce una danza que las otras siguen con excitación. La danza puede realizarse de dos maneras: un círculo si el botín se encuentra a menos de cien metros de la colmena o una danza en forma de 8 si se encuentra entre cien metros y seis kilómetros. En este último caso. la inclinación del eje en relación al sol indica la dirección del bolín y la rapidez de la danza precisa la distancia.

Este es el ejemplo clásico de comunicación animal compleja, pero podríamos exponer otros similares, y no sólo relacionados con necesidades alimenticias, sino sobre todo en las llamadas 'escenas de cortejo'. La comunicación sexual. tanto en el momento de la atracción como de la consumación de la copula, reviste en la mayoría de especies animales una complejidad tal que nos asombra. 

La comunicación puede definirse como el envío de una señal desde un individuo emisor hacia un receptor, de modo que se modifica el comportamiento de este ultimo. Y la variedad de modos de comunicación es muy amplia: táctil (el caso de los caracoles), química (las mariposas hembras, por ejemplo, segregan sustancias para atraer a machos a kilómetros distancia), auditiva (casi todas las aves y también los mamíferos emiten sonidos a modo de señal), visual (el caso de las abejas o de otros animales que transmiten mediante el gesto señales de agresividad, por ejemplo), etc. En lodos ellos, de una forma más o menos compleja, la comunicación permite tener memoria de una experiencia (aunque sea reciente o casi siempre inmediata en el tiempo) y sobre todo capacidad para descomponer esa memoria en elementos significativos para otros miembros del grupo o la especie.

Estos ejemplos valen para sembrar la duda en nuestra definición del ser humano como “el animal que habla”. ¿no éramos nosotros los únicos que hablábamos? ¿qué pasa entonces con todos estos ejemplos de comunicación animal? ¿qué es lo que hace que nuestro lenguaje sea diferente del lenguaje de los animales?

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