lunes, 28 de noviembre de 2016

El hombre como ser libre.

La libertad.

Si el ser humano es capaz de enfrentarse con los problemas que le rodean para tratar de solucionarlos, y si es capaz de organizar la convivencia en sociedad con formulas que permiten que todos sus miembros puedan participar en condiciones de igualdad en la toma de decisiones, es porque su vida no esta decidida de antemano, porque puede decidir como la va a vivir, porque es libre. El ser humano se encuentra continuamente en situaciones diferentes y en todas ellas posee varias posibilidades de actuación, varias alternativas, entre las que tiene que elegir. Este es el sentido básico de la palabra libertad, sentido que se puede entender muy bien a partir de la comparación entre el comportamiento humano y el animal.

El comportamiento animal.

El animal, a la hora de actuar, esta determinado por pautas instintivas y se encuentra plenamente adaptado al medio en el que vive. Los estímulos que le afectan, entendiendo por estimulo todo aquello que le rodea y modifica sus órganos sensoriales, desencadenan en el un comportamiento concreto del que prácticamente no se puede separar. Un animal hambriento, por ejemplo, si encuentra un alimento adecuado a las características de su especie lo come, de acuerdo con sus pautas instintivas, sin tener otra posibilidad.

Este es el motivo por el que los animales de una misma especie tienen un comportamiento semejante en todas las latitudes y lo han tenido a lo largo de toda la historia. Los leones jóvenes cuando vencen al león dominante hasta entonces, si hay cachorros del león vencido, lo primero que hacen es matarlos, de uno en uno, sistemáticamente, y no para comérselos, sino para que las leonas dejen de amamantar, entren de nuevo en celo, y se puedan aparear con ellos: lo que buscan —sin saberlo, claro esta— es tener su propia descendencia. Las leonas se aparean con quienes mataron a sus crías como si estos no les hubieran hecho nada. No es posible que los leones jóvenes se apiaden de los cachorros ni que las leonas los rechacen por asesinos. Su comportamiento no es opcional, esta programado en sus instintos.

Si existe alguna diferencia en la forma de actuar de los animales de una misma especie se debe a las distintas características del medio en el que se encuentran y no a que puedan apartarse del camino señalado por sus pautas instintivas. Los gorriones, por ejemplo, construyen sus nidos en la misma época del año y con idéntica técnica; sin embargo, el que vaya a emplear unos materiales u otros depende del lugar en el que aniden.

El comportamiento humano.

El ser humano, a la hora de actuar, se encuentra en una situación muy distinta a la de los demás animales. Los estímulos que lo afectan no desencadenan en el un comportamiento concreto, sino que lo sitúan ante una serie de posibilidades de actuación, entre las que, forzosamente tiene que elegir una. Si una persona tiene comida delante y esta hambrienta, lo normal es que coma, pero no tiene que hacerlo necesariamente; prueba de ello es que puede declararse en huelga de hambre y renunciar a alimentarse.

El ser humano no se encuentra adaptado al medio que le rodea, sino que tiene que decidir como va a llevar a cabo esa adaptación. Por eso los hombres tienen costumbres distintas en las diferentes culturas y se comportan de muy diferentes maneras a lo largo de la historia.

Y esto, el tener diversas posibilidades de actuación, le ocurre al hombre incluso en los momentos que no se caracterizan por ser excesivamente permisivos, como puede ser, por ejemplo, una clase: en ella, un alumno puede atender o no atender, tomar notas o no hacerlo, leer, pensar en las musarañas, etc., pero necesariamente tiene que elegir, tiene que decidirse por una de esas u otras posibilidades.

No se trata de que el hombre posea un número infinito de posibilidades en cada momento, sino de que siempre se encuentra ante un abanico de opciones, unas veces mayor y otras más reducido, entre las que necesariamente debe elegir.

Tampoco se trata de que el hombre realice siempre esa elección de forma consciente, es decir, dándose cuenta de que lo hace, aunque la mayor parte de las veces tenga esa posibilidad.

Libertad e imposición.

La libertad, entendida de esta manera, es compatible, además, con las imposiciones que todo hombre padece. En efecto, al ser humano se le imponen muchas cosas en la vida. En primer lugar, la vida misma; nadie te consulta si quiere nacer o no; de repente se encuentra viviendo sin haber participado para nada en la decisión de nacer. Se le impone, también, una época histórica, una cultura, un país, una sociedad, una familia, una educación, un sexo, un cuerpo que posee unas capacidades y unas características concretas... (José Ortega y Gasset denomina «circunstancia» al conjunto de elementos que se le imponen al ser humano, y afirma que forman parte de su propio «yo»: «yo soy yo y mi circunstancia»).

Ahora bien, no se le impone como ha de vivir esa vida ni esa circunstancia. Eso lo tiene que decidir el. Es él quien tiene que elegir como va a vivir esa vida que se le ha impuesto en esa circunstancia que también se le ha impuesto. Si el hombre no es libre para elegir lo que le pasa, lo es para responder a lo que le pasa de una u otra manera. Los seres humanos, pues, a diferencia de otros seres, vivos o inanimados, necesitan elegir, inventar su propia vida.

Libertad y responsabilidad.

El ser humano, al ser libre, es también responsable. Y lo es porque cada uno de los actos que realiza libremente tiene unas consecuencias que son «suyas», que le pertenecen. Todos los actos que realizan las personas libremente dejan una huella en el mundo que les rodea, huella que es atribuible a ellas y, sobre todo, les construyen de una determinada mera, les definen: si alguien miente, con su mentira engaña a los demás (huella en el mundo), pero se hace a si mismo mentiroso, se construye como mentiroso; si ayuda a los demás, esa ayuda les puede beneficiar (huella en el mundo), pero se hace a si mismo solidario, se define como solidario; si respeta formas de pensar y de vivir diferentes a las suyas, facilita la convivencia (huella en el mundo) pero se hace a si mismo tolerante, se construye como tolerante. Y así, sucesivamente. Como dice José Ortega y Gasset en una metáfora muy gráfica: «el hombre es el novelista de si mismo construye la novela de su propia vida con la pluma de la libertad». El hombre es el único ser que tiene «inventarse», que tiene que decidir lo que va a ser.

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