lunes, 14 de noviembre de 2016

El animal simbólico.

Esta es la tesis fundamental de este tema: El hombre se diferencia de los animales por su capacidad lingüística, es decir, por su capacidad simbólica (pues al fin y al cabo el lenguaje no es más que un sistema de símbolos). La capacidad simbólica del hombre se concreta en que es el único animal capaz de referirse mediante substitutivos a algo que esta ausente. Los animales pueden utilizar señales, pero no símbolos; una señal indica un suceso futuro y desencadena la subsiguiente conducta, por ejemplo, cuando un león reconoce el olor de una gacela, eso es señal para él de comida y desencadena la conducta adecuada. Pero los animales no son capaces de crear sus propios substitutivos para referirse a algo que está alejado temporal o espacialmente, esto sólo le está dado a los seres humanos, y es lo que se ha denominado “capacidad simbólica”. Lo seres humanos crean toa clase de símbolos que sirven para sustituir a los elementos naturales, a experiencias, a emociones a pensamientos... todo esto conforma un universo metafísico un universo simbólico.

Aquello con que el ser humano se refiere a algo otro, es decir, los substitutivos, los símbolos pueden ser de muchas maneras, pueden ser retratos o imágenes, esquemas, gestos, conductas completas... pero, sin duda, la capacidad simbólica del hombre, tiene su expresión mas característica y auténtica en el lenguaje. El lenguaje está formado por todo un conjunto de símbolos que le permiten al hombre referirse al mundo físico o inventar cuantos mundos se le antojen.

Un aspecto fundamental de esta capacidad de crear símbolos en el ser humano, es la de que estos símbolos, y especialmente el lenguaje, terminan por mediar en toda experiencia humana. El ser humano se relaciona de tal manera con los símbolos que crea que termina por relacionarse con el mundo físico exclusivamente a través de estos símbolos. De hecho el ser humano le aplica a estos símbolos el mismo tipo de conducta que si se tratara de las cosas mismas a las que sustituyen: se intercambian insultos como si se trataran de golpes, se arroja un retrato al fuego tratando de desembarazarse de una persona definitivamente, el caso del vudú en el que se pretende hacer daño a través de un símbolo substitutivo a una persona que se encuentra lejos, nuestra vida trata de acercarse a los símbolos que aprendemos de héroes y hombres elevados (mitos)... Esta relación que establecemos con nuestros símbolos es evidente en el lenguaje: el lenguaje media y determina toda posible experiencia y toda posible conducta, desde las actividades que podríamos considerar como básicas, la nutrición, la reproducción, etc., como las actividades que podríamos considerar superiores como el pensamiento o la sociabilidad. Podríamos decir que en el universo humano, todo está lleno de símbolos.

Uno de los que más vehementemente ha llamado la atención sobre la capacidad simbólica del ser humano ha sido el filósofo alemán Ernst Cassirer; suya es la expresión de “animal simbólico” refiriéndose al ser humano. Según Cassirer, la capacidad simbólica es el elemento específicamente humano, por medio del cual el hombre se adapta al ambiente. Los demás animales utilizan otras formas de adaptarse al medio, desarrollan alas, agilidad, visión nocturna... la adaptación específicamente humana es el lenguaje. Los animales se adaptan al medio, los humanos inventan el medio que se adapte a ellos y lo llevan a cabo (capacidad técnica). Mediante esta capacidad, el hombre vive en un plano completamente diferente al de los animales; mientras que éstos pueblan un mundo de cosas físicas, el ser humano vive en un universo de símbolos. Y mediante estos símbolos el ser humano es capaz de inventar y llevar a cabo su propio mundo; hemos dicho que los símbolos le permiten al hombre no sólo referirse al mundo en el que vive, le permiten también inventarse el mundo en el que le gustaría vivir y, después, son sus propias fuerzas quienes lo intentan llevar a cabo.

Cualquier acción del hombre, cualquier tipo de experiencia que este pueda sufrir, se da dentro de este universo: cualquier experiencia es una experiencia religiosa, estética, lingüística, o de cualquier otro tipo, pero simbólica. Todas nuestras conductas y experiencias son simbólicas, es decir, tienen un significado, expresan algo que va más allá de la mera conducta o experiencia. Nuestra vida no se limita a un mero actuar para conseguir lo necesario para sobrevivir, como es el caso de los animales, todas nuestras conductas tratan de expresar algo, tratan de dar a lo que hacemos y a lo que nos rodea un significado una trascendencia. Esto queda patente en que ya desde el principio de nuestra existencia una de las primeras cosas que hicimos fue pintar las paredes de nuestras con símbolos tratando de dotar a nuestra conducta de una trascendencia mayor que el mero sobrevivir.

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