viernes, 4 de noviembre de 2016

Darwinismo social.

Anteriormente habíamos señalado la enorme repercusión que tuvo la obra de Darwin en la sociedad, principalmente la inglesa, de la segunda mitad del siglo XIX. En un primer momento, la única y desafortunada consecuencia que se sacó de la obra de Darwin fue: el Hombre proviene del mono. Habría que destacar que la única referencia al Hombre en la obra de Darwin es una brevísima cita que dice ".... y este mismo razonamiento puede seguirse en lo que al ser humano se refiere".

La gran aportación de Darwin a la antropología (estudio del Hombre) fue situar a esta en su contexto natural: la Biología. La naturaleza humana no presenta ninguna discontinuidad respecto a la naturaleza del resto de los seres vivos. Otra cosa es que el ser humano solo puede comprenderse en su totalidad atendiendo al contexto cultural en el que vive.

Ahora bien, pasado el primer impacto, la teoría darwinista resulto muy útil como justificación ideológica de la parte más conservadora de la sociedad inglesa. Pronto se fue fraguando todo un pensamiento social y político conocido como darwinismo social. Políticos e ideólogos, desde los conservadores hasta los revolucionarios, intentaron hacer de Darwin su más cualificado portavoz científico, ya que pensaban que la concepción que él tenía de los seres vivos y la historia natural sería admitida como garantía científica de las ideas sociales en litigio.

La extrapolación más habitual fue la siguiente: puesto que en la naturaleza el pez grande se come al pequeño (solo sobrevive el más apto) el orden social más justo y conforme con la naturaleza humana es aquel que bendice y potencia la victoria del fuerte sobre el débil. El Estado debería potenciar la libre competencia y disminuir las ayudas sociales para que las cualidades de cada uno se manifiesten sin traba alguna.


La crítica al darvinismo social debería tener en cuenta:
  • Que los seres humanos no sólo somos naturaleza, ni siquiera básicamente naturaleza, y habría que atender a la dimensión cultural del ser humano para decidir lo que le conviene y lo que no.
  • El razonamiento de los darvinistas sociales es falaz (no válido). De lo que es la naturaleza no se puede inferir lo que deben ser nuestras instituciones políticas y sociales. El ser humano es libre, no está atado a las leyes de la naturaleza, y puede darse aquellas normas e instituciones que considere más pertinentes.

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