sábado, 15 de octubre de 2016

Eutidemo.

Por Raquel Santos-Juanes

El Eutidemo es uno de los diálogos de Platón, entre Sócrates y Critón, que se puede clasificar en la época de transición. Platón tiene como fin máximo la ridiculización de los sofistas para alzar lo que verdaderamente según él es la filosofía y la virtud. En este diálogo se muestran las características de los sofistas a través de dos hermanos procedentes de la isla de Cos y establecidos en Atenas desde hacía unos años. Son Dionisodoro y Eutidemo (que da nombre al diálogo).

Argumento

Sócrates va a relatarle a Critón su encuentro con los sofistas que se erigían a sí mismos como conocedores de todas las cosas: gimnasia, derecho, estrategia, dialéctica, moral. Estando él en el liceo, llegaron Dionisodoro y Eutidemo seguidos de sus discípulos. Después de ellos, apareció Clinias seguido de gran número de amantes y de jóvenes, y entre ellos Ctésipo.

Pues bien, Sócrates va a solicitarles a los sofistas que hagan el favor de enseñarles a Clinias y a él esa ciencia que dicen conocer, la virtud. A través de sus armas dialécticas, los sofistas consiguen que el joven Clinias se enrede entre sus propias respuestas ganándose los aplausos de los espectadores. Sócrates sale en su defensa, y explica que a través de esas preguntas no se han acercado al tema central que se suponía debía ser la virtud y la sabiduría. Por lo que, esta vez toma él la palabra y encauza el diálogo para que se llegue a la conclusión de que para nada sirve tener muchas cosas si no son bien utilizadas porque los bienes no son bienes en sí mismos. Pues entendidos a través de la ignorancia son males y solo comprendidos a través de la sabiduría son realmente buenos. Vuelven a tomar la palabra los sofistas que a través de su oratoria (temas: no se puede cambiar, no se puede mentir y la contradicción no existe) ésta vez dejan a Ctésipo abrumado.

Sócrates decide decirle a éste lo que previamente había dicho a Clinias, que no conoce la ciencia de los extranjeros y que para poder responderles debe ser instruido. A continuación se restablece la conversación de Sócrates con Clinias. Ninguna ciencia, ni el arte de enriquecerse, ni la medicina, ni otra alguna es útil, si no enseña servirse de aquello de que se trata. — ¿Tenemos necesidad, mi querido Clinias, de una ciencia que sepa hacer y sepa usar de aquello que ella trata? Y entonces se centran en la búsqueda de esa ciencia. Sócrates pregunta a Eutidemo si conoce la ciencia capaz de hacer a los hombres más dichosos y este responde que sí, que se la puede enseñar e incluso mostrar que ya la conoce.

Los sofistas terminan por afirmar que ellos por el hecho de conocer algunas cosas conocen todas y lo mismo ocurre con todas las personas que saben algo. Sometidos entonces, a los interrogantes que les plantea Ctésipo tratan de escabullirse como pueden pero se encuentran con Sócrates que valiéndose de la palabra lleva a Dionisodoro a responder mal y por lo tanto a preguntarles que cómo es posible que hayan respondido mal si es que lo saben todo.

A continuación, siguen conversando, pasando por una pluralidad de temas hasta que Ctésipo es capaz de utilizar el arte de los sofistas para llevarlos a ellos a su propia contradicción. Al final, Sócrates cae en uno de los juegos de palabras de los hermanos: Apolo, Júpiter y Minerva son sus dioses y tienen alma. Para Sócrates aquello que tiene alma es un animal por lo tanto los dioses son animales, además como son suyos, puede venderlos y sacrificarlos (lo cual es imposible).

Sócrates sale de la conversación mostrando una admiración (del todo irónica) a Eutidemo y Dionisodoro, pues el joven Ctésipo había sido capaz de aprender sus trucos y utilizarlos en su contra, se habían metido en contradicciones y no habían apenas rozado el tema de la virtud y en consecuencia no eran tan sabios como creían.

Finalmente, Sócrates termina su relato a Critón que consternado por la historia se pregunta si realmente quiere que sus hijos sean instruidos por esos maestros, los sofistas, que no le parecen dignos ni capaces y Sócrates concluye que en todo van a existir buenos y malos profesores pero en lo que hay que fijarse es en la materia en sí.

Conclusiones: Los sofistas gozaban de prestigio popular y eran conocidos por la enseñanza a los jóvenes de todo aquello considerado necesario para alcanzar el éxito en la polis. Para ellos, la virtud va a consistir en el éxito, el prestigio y el dinero. Sin embargo, Sócrates y su discípulo Platón consideran que su propósito no es hacer a los hombres más virtuosos en el sentido que el término tenía para ellos sino instruirles en armas dialécticas que son meros juegos de palabras que parecen irrefutables pero no significan nada, y por ello, como se muestra en este diálogo van a tratar de señalar que la virtud no consiste en lo que ellos predican sino en el conocimiento y la sabiduría. No se trata de enseñar discursos sino utilizar el diálogo, en el que intervienen dos o más interlocutores, para que la verdad aflore del interior de cada uno, pues ésta es, para ellos, en definitiva, la única forma conocer, es decir, de tener un alma virtuosa. 

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