viernes, 28 de octubre de 2016

El funcionalismo.

Para tratar de superar las dificultades del monismo, Hillary Putnam y Jerry Fodor propusieron un materialismo moderado o, como ellos dicen, un materialismo no provinciano: el funcionalismo según el cual los procesos mentales internos son estados funcionales del cerebro humano. La mente es una propiedad del cerebro humano, en última instancia no es otra cosa que el mismo cerebro en tanto está compuesto de elementos (neuronas) que se ordenan de determinada forma y que, como consecuencia de ese orden, pueden realizar una determinada función: leer, comprender, crear, componer... En todo caso para los funcionalistas lo importante no es la materia de la que está hecho el cerebro humano, sino el orden, la estructura que adoptan sus elementos básicos, las neuronas, pues es esta estructura lo que llamamos mente o inteligencia. 

El funcionalismo presupone que una misma función puede ser desempeñada por sistemas muy distintos, ya que la naturaleza de sus componentes no es esencial para el correcto desempeño de su función. Una cosa es un reloj o un termostato por la función que realiza (dar la hora, desconectar la corriente cuando se alcanza una determinada temperatura) y tanto da el material del que está hecho. Del mismo modo, las creencias y deseos son estados psíquicos que se originan en sistemas físicos que pueden estar hechos de diferentes tipos de materiales. Algo es una creencia o un deseo en virtud de lo que hace y no en virtud de los materiales de los que su sistema está compuesto. No es analizando el sistema sino su función como comprenderemos el proceso. 

De este modo, podemos atribuir estados mentales a seres extraterrestres con una estructura fisicoquímica muy diferente a la nuestra y las funciones mentales podrían muy bien ser desempeñadas por un soporte no orgánico, como un ordenador digital. Cualquier sistema puede tener mente a condición de que sea capaz de realizar la función adecuada. Lo importante no es tener neuronas o chips de silicio, lo importante es que los elementos básicos estén relacionados de tal forma que puedan generar funciones semejantes. Según los funcionalistas no hay razón alguna para que la mente sea una propiedad exclusiva del cerebro humano, con ello se abren las puertas a la Inteligencia Artificial (IA). Los ordenadores pueden alcanzar un grado de complejidad que les permita realizar funciones, tareas idénticas a las de un ser humano ¿Por qué no decir entonces que son inteligentes? Porque su base material es diferente. No es suficiente. Lo importante es la forma, la estructura. La inteligencia no es algo que surge porque nuestro cerebro está constituido por neuronas sino por la compleja relación que se establece entre las mismas. Para los funcionalistas la inteligencia es una propiedad formal que, en principio, podría surgir de una base material distinta a la del cerebro humano.

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