miércoles, 26 de octubre de 2016

El emergentismo.

Cómo solución a las dificultades tanto del monismo como del dualismo, algunos autores, como el filosofo John Searle, han reivindicado un dualismo moderado cuando, aceptando que los fenómenos mentales son rasgos propios del cerebro, no pueden identificarse sencillamente con los procesos físicos que ocurren en el. Tales fenómenos o estados mentales, diríamos, emergen como algo distinto del sistema de neuronas. Los estados mentales estarían en otro nivel. De la misma manera que no pueden reducirse los coches, las hipotecas, los partidos de fútbol, las fiestas de cumpleaños o la amistad a partículas subatómicas por que son realidades que se dan en otro nivel, de otra manera, y nadie en su sano juicio diría que tales cosas no existen, así también, las creencias, deseos, intenciones, dolores, jaquecas y demás estados mentales no pueden reducirse a sus estados neuronales, pero son perfectamente reales.

Los procesos mentales de percibir, sentir, recordar, imaginar, desear, pensar, etc. son propiedades emergentes de sistemas neurológicos pero no pueden explicarse simplemente analizando los componentes de estos sistemas porque son distintos a ellos, como la digestión es algo distinto al sistema digestivo o la visión es algo distinto de los ojos. 

Hay, pues, dos niveles de descripción del cerebro que no deben ser confundidos: 
  • Las micropropiedades: estructura y funcionamiento de las neuronas; 
  • Las macropropiedades: estructura y funcionamiento de los procesos mentales.
Es posible, pues, distinguir entre procesos mentales, tal como los estudia la psicología, y procesos cerebrales, tal como los estudia la neurociencia, sin necesidad de reducir los primeros a los segundos.

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