domingo, 23 de octubre de 2016

El conductismo: no existen los estados mentales.

Desde sus inicios a fines del siglo XIX, con la obra de Wilhem Wundt, la psicología tenía como objeto la mente y sus contenidos (sensaciones, sentimientos e imágenes). Pero, a comienzos del siglo XX, John B. Watson (1878-1958) fundó una nueva escuela que consideraba la conducta como el tema de estudio de la psicología. En los años 50, Skinner continuó y amplió el conductismo de Watson, radicalizando sus presupuestos. Difería de Watson en que los fenómenos internos, como las emociones o los sentimientos, debían ser totalmente excluidos. La psicología debía quedar restringida al estudio de la conducta observable, quedando excluida la mente, que en modo alguno se puede observar o medir. 

Los conductistas entendían la conducta como el conjunto de respuestas dadas por un organismo frente a determinados estímulos del medio. La psicología debía ser una ciencia natural que tuviera por objeto describir, predecir y controlar la conducta, no teniendo en cuenta los estados mentales ni siquiera como causa de la conciencia. 

El conductismo trata de reducir todos los fenómenos psicológicos en términos de estímulo-respuesta. Cualquier forma de comportamiento es analizada como una cadena de respuestas fisiológicas simples que pueden ser observadas y medidas. Los procesos que ocurren en la "caja negra" de la mente entre el estímulo y la respuesta no tienen ningún interés para la investigación psicológica, ya que es posible explicar la totalidad de la conducta sin referirse para nada a supuestos estados mentales. 

El conductismo de Watson y Skinner era un conductismo metodológico que trataba de trasladar a la psicología el método general de las ciencias naturales puramente empíricas. Pero ciertos filósofos de la mente, como Gilbert Ryle, al negar positivamente la existencia de la mente inaguraron una nueva corriente: el conductismo lógico. Gilbert Ryle, en su obra El concepto de lo mental critica a las filosofías de tipo cartesiano que afirman la existencia de "un fantasma en la maquina", es decir de un espíritu inmaterial alojado en el cuerpo. Para él, los llamados "actos mentales" son simplemente los modos de disponerse a actuar en vista de tales o cuales circunstancias. De hecho, ca­si nunca pensamos la respuesta a aquello que nos preguntan: nuestras creencias y opiniones no son fruto de ningún "estado mental", sino sencillamente una disposición a contestar de determinada forma ante determinados problemas. Lo que ocurre es que las causas de nuestras respuestas son tan complejas, que creemos que proceden de algo misterioso, pero en realidad siempre proceden del cúmulo de experiencias que somos, y podrían ser analizadas científicamente sobre la base de análisis y observaciones.

Para el conductismo la mente no existe propiamente y el cerebro es irrelevante para el estudio de los fenómenos psicológicos. Todo lo mental se reduce a la conducta y a disposiciones para la conducta. Los estados mentales son sólo la aptitud y disposición a hacer un determinado tipo de cosas. Propugnan, en consecuencia, abandonar el lenguaje mentalista, (términos como: deseo, creencia, sentimiento o propósito) de las explicaciones psicológicas, siendo sustituido por un lenguaje descriptivo de los estímulos y respuestas, así como de las leyes que gobiernan la conducta. Así, por ejemplo, mi creencia de que va a llover consiste en hechos tales como que lleve puesto un impermeable y coja un paraguas cuando salgo a la calle.

El conductismo lógico no cierra la posibilidad de que eso que llamamos “inteligencia” pueda habitar en otro tipo de seres distintos de los humanos. Como la mente no existe, la inteligencia no significa otra cosa que: ejecutar conductas “inteligentes”. Si somos capaces de precisar las características de las “conductas inteligentes”, y tales conductas son desarrolladas por un sujeto no humano, para los conductistas no cabe duda: tal sujeto (animal, máquina o extraterrestre) es inteligente.

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