viernes, 13 de octubre de 2017

El alma en el pensamiento griego.

Podemos encontrar en las obras de Homero y Hesíodo las más antiguas creencias de los griegos sobre el alma humana. El alma (psique) aparece como un aliento que mantiene la vida del cuerpo inanimado (soma) y que le abandona cuando el ser humano muere o está moribundo o desmayado. Pero aparte de esta función puramente vital no parece tener ninguna otra. También en los sueños se desprende temporalmente del cuerpo y realiza efectivamente las acciones que en él aparecen, puesto que para los griegos el contenido de los sueños se corresponde a algo real y no imaginario.

Cuando sucede la muerte del ser humano, el alma escapa por la boca o las heridas y va al Hades como una sombra o imagen reconocible, ya que mantiene las características físicas y morales que se construyen durante la vida. Sin embargo no alcanza propiamente una vida inmortal porque separada del cuerpo carece del vigor necesario y lleva una existencia lánguida y tenue. Por su falta de corporeidad tampoco puede actuar sobre el mundo físico. La verdadera vida solo es posible cuando alma y cuerpo están unidos y el alma en el Hades es algo así como el recuerdo inmaterial del individuo que existió. 

En el siglo VI a.C. aparecen los primeros planteamientos filosóficos sobre el alma, que son más bien una racionalización de las ideas religiosas y mitológicas que hemos descrito. Los primeros filósofos griegos concebían que todo aquello que está dotado de vida está regido por un alma en la que reside el principio que las lleva a nacer, desarrollarse y morir. Este alma es concebida como de naturaleza material, si bien de una materia distinta y más sutil que la que constituye los cuerpos. El planteamiento de estos primeros filósofos es monista: alma y cuerpo no son de naturaleza radicalmente diferente sino manifestaciones distintas de la sustancia única que constituye la totalidad de las cosas (arché). Por ejemplo: unos filósofos afirmaban que todo cuanto existe está compuesto de una mezcla de los cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego; para ellos el alma es una especie de fuego interior; otros afirmaban que todo está compuesto de átomos y el alma estaría compuesta de átomos especialmente ligeros. En cualquier caso el alma no es de un material completamente diferente al del cuerpo sino un principio vital que permanece ligado al cuerpo y también la causa de todos los movimientos y cambios que se producen en el ser vivo (nacimiento, crecimiento, etc.). 

Sin embargo, al mismo tiempo se introducen en Grecia las ideas religiosas del orfismo, que plantean una concepción dualista del ser humano: el alma que anima el cuerpo es de origen divino y eterna: preexiste al cuerpo, entra dentro de él y lo vivifica y sigue existiendo después de la muerte y la corrupción del cuerpo. El cuerpo es concebido, así, como una suerte de cárcel del alma, y es tarea del ser humano liberar su alma por medio de ritos de purificación. Mientras no alcanza esta purificación, el alma se ve obligada a transmigrar de unos cuerpos a otros. 

Estas ideas fueron acogidas por los filósofos pitagóricos, quienes vieron en el alma la causa de la armonía de los constitutivos materiales de las cosas. Si el Cosmos está ordenado es en virtud de un Alma del Mundo que produce la estructura y la proporción entre sus partes. También en el ser humano el alma es lo que produce la armonía del cuerpo (salud, vigor, etc.). Consideraron que toda armonía es de naturaleza matemática ya que pueden expresarse por medio de relaciones numéricas cualquier tipo de realidad como el movimiento de los planetas, las figuras geométricas, las melodías musicales, etc. 

Los pitagóricos, a su vez, ejercieron una importante influencia sobre la concepción filosófica del alma de Platón, para quien alma y cuerpo son de naturaleza totalmente distinta. De hecho, pertenecen a dos mundos distintos y separados: el cuerpo pertenece al Mundo Sensible sujeto a cambio y corrupción, mientras el alma pertenece al Mundo divino de las Ideas siempre idéntico a sí mismo. A pesar de que el Mundo Sensible parece el único real o, al menos, más real que un supuesto Mundo ideal, Platón sostiene exactamente lo contrario: lo ideal es más real que lo sensible y por tanto el alma es superior al cuerpo.

Según Platón el alma es principio de vida y movimiento del cuerpo, pero totalmente independiente de él; aspira a liberarse del cuerpo para regresar a su origen divino, para lo cual debe purificarse de su contacto con el Mundo sensible. Esta liberación no se realiza mediante ritos de purificación como en el orfismo y el pitagorismo, sino alcanzando la sabiduría. Aparece así una nueva dimensión del alma como principio de conocimiento. 

Platón distingue tres partes del alma con funciones distintas: la parte concupiscible es la sede de los apetitos y deseos, la parte irascible es la sede de las pasiones nobles como el valor y la parte inteligible es la sede de la razón. Las dos primeras partes están ligadas al cuerpo, rigen sus funciones y perecen con él, siendo la parte inteligible la única separable del cuerpo y la que debe guiar y dominar sobre las otras dos, evitando sus excesos, y la que conduce al hombre a alcanzar la sabiduría, en la que radica la verdadera felicidad. 

En un célebre diálogo, el Fedro, Platón construye un mito para explicar lo mismo de forma más poética: afirma que el alma humana es como un carro alado que consta de tres partes, el auriga o conductor, un caballo blanco y otro negro. El caballo negro es díscolo y perezoso, representa lo material, los sentidos y las bajas pasiones, si el carro se dejara arrastrar por él no podría alzar el vuelo para el que está capacitado si se gobernara adecuadamente. El caballo blanco es noble y valeroso, obedece al auriga de manera natural, pero por si solo carece de conocimiento, no sabría donde y como orientarse. El auriga representa la sabiduría y el conocimiento. El carro alza el vuelo y alcanza su destino cuando el auriga marca el rumbo, el caballo blanco obedece al conductor y, entre los dos, obligan al díscolo caballo negro a marchar por la ruta que el auriga determina. ¿Cómo pues debe conducirse el alma humana? atendiendo a la razón, al auriga, ¿Cuando se pierde un alma? cuando se deja llevar por los deseos y las pasiones, entonces el caballo negro toma el mando.

A pesar de todo lo dicho, Platón insiste en que el relato anterior no es más que una imagen para comprender la naturaleza del alma humana, pero que en realidad esta no tiene partes, pues solo lo material puede tener partes y ser separado, sino que es de naturaleza simple, inmaterial e inmortal

Aristóteles, discípulo de Platón, enmarca el estudio del alma dentro del estudio general de los seres vivos. Por primera vez, la psicología aparece como parte de la fisiología. Todos los seres vivos tienen en sí un principio vital o alma que regula todas sus funciones vitales. Aristóteles elimina el dualismo entre Mundo Sensible y Mundo Inteligible de Platón, sustituyéndolo por un dualismo entre materia y forma. 

La materia es pura indeterminación (potencia: puede ser esto o aquello) que necesita ser determinada por una forma (acto: determina a esto como esto). Todo lo que existe esta compuesto necesariamente de una materia que adopta una determinada forma. En los seres vivos, el cuerpo es materia y el alma es la forma. No pueden darse el uno sin la otra, pero es en el alma donde residen las funciones vitales y es la causa y el principio de las actividades del cuerpo. Aristóteles lo explica mediante un ejemplo: la relación entre el alma y el cuerpo es como la del ojo y “la vista”, no son lo mismo, pero “la vista” no puede existir sin el ojo, cuando el ser vivo muere es como si fuera un ojo que no cumple su función, que carece de visión. El alma no es eterna ya que, estando ligada necesariamente al cuerpo, perece con él. 

Aristóteles considera que hay tres tipos distintos de alma, cada uno de los cuales corresponde a una clase de seres vivos: así, las plantas tienen un alma vegetativa, que rige la nutrición, la generación y el crecimiento; los animales tienen un alma sensitiva, que añade a las funciones del alma vegetativa la sensibilidad y el movimiento; por último, el ser humano dispone de alma racional que añade a las anteriores el pensamiento y el razonamiento. Como en Platón, el alma es principio de vida y movimiento y principio de conocimiento. 

Mientras en Platón es afirmada expresamente la inmortalidad del alma, en Aristóteles hay sólo una oscura mención a la posible eternidad de una Inteligencia Cósmica, que sería única para todos los seres humanos. Pero no encontramos, ni siquiera en Platón, la idea de inmortalidad personal. El alma se individualiza al encarnarse en un cuerpo pero no tiene carácter personal. Separadas de los cuerpos todas las almas son iguales (aunque más o menos puras). Debemos recordar que sólo es inmortal la parte racional del alma, pero el lugar donde habitan nuestros deseos, esperanzas, pasiones etc perece con el cuerpo. Al encarnarse en un nuevo cuerpo, el alma adquiere una nueva individualidad. Aunque el alma sea inmortal el individuo no lo es, porque el alma está en el individuo pero no le pertenece sino que es algo ajeno. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...