miércoles, 26 de octubre de 2016

Dualismo neurofisiológico.

Las tesis materialistas chocan con el sentido común y hasta con el uso habitual del lenguaje. Entre las creencias populares, una de las más firmemente asentadas en lo que a la conducta de las personas se refiere, es aquella según la cual las acciones van siempre precedidas de "lo que tenemos en la mente". Si observo a alguien que, en medio de un atasco, se sube encima de su coche y empieza a gritar, me pregunto ¿que tiene ese tipo en la cabeza? o bien ¿qué se le ha pasado por la mente? Con ello, estoy presuponiendo que la acción (física) del individuo ha tenido una causa no física, es decir, una causa mental (lo que tiene en la cabeza).

A esta creencia según la cual hay causas "internas" al individuo, no observables de modo directo, que provocan determinadas acciones en los individuos se le llama mentalismo. Y es una clara herencia del pensamiento dualista pero trasladado ahora a la terminología de la ciencia moderna. 

El principal defensor del mentalismo en el ámbito de la ciencia moderna es el neurólogo John Eccles. Según Eccles, el cerebro no es una estructura lo suficientemente compleja para dar cuenta de los fenómenos relacionados con la conciencia, por lo que hay que admitir la existencia autónoma de una mente autoconsciente distinta del cerebro, como una realidad no material ni orgánica que ejerce una función superior de interpretación y control de los procesos neuronales. Eccles encuentra el fundamento de su hipótesis dualista en la teoría de los tres mundos del filósofo Karl Popper, según la cual todo lo que existe y nuestra experiencia está contenida en uno de estos mundos:

Mundo 1
Realidad física
Objetos naturales, tanto inanimados como biológicos y objetos artificiales

Mundo 2
Fenómenos mentales
Percepciones, sentimientos, intenciones, recuerdos, estados de conciencia, etc. 

Mundo 3
Productos culturales
Mitos, teorías y problemas científicos, ideas, instituciones sociales, obras de arte, etc. 


Esta idea de los tres mundos intenta evitar un dualismo radical, al dividir a su vez el mundo de lo inmaterial en dos tipos de "realidades": las estrictamente mentales (fruto de la experiencia individual) y las culturales (fruto de la experiencia histórica y colectiva). Además, naturalmente, cada uno de los tres mundos incide o puede incidir en los otros dos: los principios culturales pueden "hacerme pensar" de determinada manera y eso provocar en mi ciertos estados físicos, pero también los estados fiscos pueden justificar ciertas pautas culturales, o mentales, etc. Estas ideas evitan el postulado religioso del alma, pero insisten en la necesidad de la existencia de un tipo de realidades (mentales y culturales) autónomas respecto al mundo de lo físico, pero que sin embargo interactúan con él.

Según Eccles, mientras el cerebro está contenido en el Mundo 1, al Mundo 2 pertenecen todos los elementos de lo mental: percepciones, sentimientos, recuerdos, conciencia... Por consiguiente, mente y cerebro son dos entidades distintas (la una perteneciente al Mundo 2 y la otra al Mundo 1).

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