jueves, 28 de julio de 2016

Reforzamiento positivo o condicionamiento de recompensa.

En esta situación la respuesta es seguida por una recompensa o premio, lo que llevará al sujeto en los sucesivos ensayos a repetir nuevamente la respuesta, cada vez más rá­pido o a elevar su tasa, para obtener mayor número de recompensas. El re­forzamiento positivo implica la obtención de algo en una situación. Por ejemplo, una respuesta puede reforzarse positivamente si la obtención de alimento, agua, relación sexual, dinero o halagos es la consecuen­cia. 

Una interpretación imprecisa de los conceptos skinnerianos puede llevar a confu­siones. No se debe suponer, por ejemplo, que los reforzadores aplicados al azar serán eficaces o que las mismas cosas tendrán efectos reforzantes en todos los casos y para todos los individuos. 

A través del condicionamiento de recompensa no siempre se refuerzan conductas deseables. En gran can­tidad de ocasiones se hace mal uso de él, por ejemplo, el comportamiento más frecuente cuando un niño inicia una rabieta, es cogerle en brazos para calmarlo, de esta forma el niño aprende un arma potentísima para manejar y tiranizar a sus progenitores: la rabieta. Por eso no se debe coger en brazos al niño cuando inicia una rabieta sino, por el contrario, cuando cesa ésta. Por lo general se hace más caso a un niño cuando se por­ta mal que cuando no “da la lata”, con lo que sin darnos cuenta le “sugerimos” ese tipo de comportamiento. 

Otras veces no gestionamos bien los refuerzos o no damos con los apropiados. Por ejemplo, en ocasiones los padres son incapaces de com­prender y aceptar las conductas "inadecuadas e irresponsables" de sus hijos. Pueden decir algo como esto: "Les hemos dado la mejor ropa, mucho dinero y autorización para utilizar el coche de la familia; los hemos enviado a buenos colegios privados. ¿Cómo pueden ser así?" La suposición expresada indirectamente aquí parece ser la de que con todos estos "reforzadores positivos", los hijos deberían comportarse de acuerdo con los deseos de sus padres. Evidentemente los padres no se dan cuenta que la ropa, el dinero y cosas no se han dado como reforzadores de conductas deseables, sino de manera puramente azarosa; es decir, quizás los padres simplemente proporcionan todo a los hijos sin darles los reforzadores como consecuencia de ciertas conductas. Otra posibilidad es que al menos algunas de esas cosas no sean en realidad reforzadores positivos; "la mejor ropa" o "buenos colegios privados" podrían ser reforzadores eficaces para los padres, pero no para los hijos. In­cluso, la aprobación de los compañeros puede reforzar positivamente en gran medida las conductas "inadecuadas e irresponsables" de los hijos.


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