domingo, 3 de julio de 2016

Pienso luego existo: Beatriz Preciado.



La primera “estrella intelectual” del siglo XX en Estados Unidos, Susan Sontag, gestó la indistinción entre la persona y el personaje. Paul B. Preciado, ex Beatriz, teórica queer devenida transfeminista, hoy es casi un pop-star con un look atildado de metro sexual más cercano al de un director técnico del Barcelona que al de una activista antisistema. 

Preciado irrumpió en escena con el Manifiesto contrasexual, prácticas subversivas de identidad sexual (2000). Siguiendo la estela de Judith Butler y Michel Foucault, el trabajo promovía la deconstrucción de las prácticas sexuales naturalizadas y del sistema de género existente (a cada cuerpo le corresponde un sexo y sólo uno, a cada sexo un género y sólo uno y las prácticas serán heterosexuales). A partir de entonces, sus diagnósticos filo-políticos atrevidos y documentados, su escritura atractiva, las apariciones mediáticas persistentes y oportunas, sumado a un no sé qué de destape a la española (lesbiana replegada por familia franquista católica, académica brillante que se enamora de explosiva cineasta ex trabajadora sexual mientras se autoadministra testosterona en busca de una desidentificación con su sexo-género de origen), confluyeron en un cóctel tentador para la sociedad del espectáculo. 

Por Grupo de Lecturas críticas en Feminismo y Filosofía.

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