domingo, 31 de julio de 2016

La omisión.

En el entrenamiento de omisión el reforzador (un estímulo positivo) se pierde al emitir una respuesta determinada. La respuesta provoca que no se obtenga el reforzador o que desaparezca. También se denomina castigo negativo porque se castiga al sujeto retirándole el estímulo positivo. Su objetivo es el mismo que el del castigo: suprimir una conducta y en algunas ocasiones se considera una modalidad de él. El procedimiento de omisión es preferible al empleo del castigo porque aunque su efecto es “punitivo”, no es necesario el empleo de estímulos aversivos. Por ejemplo, cuando un niño pega a otro en la guardería o en el colegio se le saca del aula cuando el resto de compañeros continúan jugando o se le priva del recreo. De la misma manera unos padres envían a su cuarto al niño que no mostrado buenos modales en la mesa o nos apartamos de una persona que ha comenzado a hablar de un tema que no nos interesa en absoluto.

Para que el entrenamiento de omisión sea más eficaz no debe quedarse en la retirada del reforzador ante la conducta que se quiere que desaparezca, sino que a la vez se reforzará otra conducta que sea más adaptativa y, por ello, más deseable. Este fenómeno se denomina contracondicionamiento dado que se potencia, a través del reforzamiento, una conducta antagónica a la inicial a la que se conoce como conducta alternativa competidora. Por ejemplo, si un niño grita constantemente, se le ignora cuando da gritos y se le atiende –refuerza- cuando hable en voz baja.


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