viernes, 29 de julio de 2016

El castigo.

El castigo se utiliza para hacer desaparecer ciertas conductas indeseables. Mientras que en el control aversivo lo que se pretende es que tales conductas no se produzcan, en el castigo lo que se trata es de eliminar conductas que ya están asentadas en un individuo. 

La mayoría de las investigaciones sobre el castigo se han centrado en las variables que llevan a determinar los resultados del castigo:
  • Intensidad del estímulo aversivo. Los estudios con animales y humanos han demostrado que la eficacia del castigo depende de su intensidad y que, además, inicialmente se debe aplicar en su máxima intensidad. Experimentalmente se ha comprobado que se producirá menor supresión de la conducta si se utiliza al principio un castigo suave y se va incrementando gradualmente su intensidad hasta tal punto que, intensidades altas posteriores, no surten los resultados previstos. Igualmente se sabe que un castigo débil tiene poco efecto sobre la conducta que se pretende eliminar y, en cualquier caso, dicho efecto es transitorio. 
  • Duración del estímulo aversivo. Cuanto más prolongado mayor efecto supresor tiene. 
  • Consistencia del castigo. Para que sea eficaz siempre se debe administrar el castigo ante la conducta inadecuada. Si no se aplica de forma continua el estímulo aversivo, la respuesta tarda más en suprimirse. Se ha demostrado que con programas de castigos intermitentes la conducta se emite durante más ensayos. 
  • Efecto de la demora. Esta variable influye sobremanera en el grado de supresión de la respuesta. Para que sea eficaz un castigo debe aplicarse de inmediato. Demoras entre la emisión de la respuesta y la aplicación del estímulo aversivo, producen menor su presión de la respuesta. 
El resultado común del castigo es la supresión (al menos temporal) del tipo de conducta que lo precede; sin embargo, muchos preten­didos castigos no cumplen con este propósito. Por ejemplo, los estudiantes suspendidos a menudo vuelven a causar problemas en clase, los delincuentes a los que se encarcela delinquen de nuevo y los empleados a los que se ha reprendido persisten en el mal ha­cer; las acciones emprendidas en estos casos no fueron eficaces por que la conducta indeseable persiste. 

De hecho, algunos castigos son, en realidad, reforzadores de conductas inde­seables: el estudiante al que envían al despacho del director podría obtener la admira­ción de sus compañeros por "duro" o "valiente" y, en consecuencia, los casos de con­ducta que provoquen la expulsión del aula podrían aumentar; la persona que va a la cárcel podría encontrar aceptación y reconocimiento entre los otros presos, reos de conductas antisociales, y esas conductas podrían repetirse con más probabilidad al salir de la cárcel (aunque tal vez sea más cauto para evitar ser capturado); el trabajador re­prendido a gritos por su jefe puede obtener la atención y compasión de sus compañe­ros resentidos por condiciones de trabajo opresivas, lo que podría provocar errores posteriores en el trabajo.

Skinner ofrece varios argumentos en contra del castigo: 
  • Al aplicar un castigo puede no sólo castigarse cierta conducta específica, sino otras conductas y situaciones relacionadas con las que se pretende castigar. Por ejemplo, al castigar a un alumno por suspender una asignatura, puede, para evitar los castigos, abandonar sus estudios. 
  • La "mala" con­ducta de la persona que se ha castigado puede suprimirse sólo en la presencia del casti­gador, pero no cuando el castigador desaparece. De esta forma un estudiante puede ser respetuoso y cordial cuando los profesores lo observan, pero violento y cruel con sus compañeros cuando está en su tiempo libre. 
  • Cuando se expone a un sujeto a frecuentes castigos y no se dispone de ninguna alternativa a la conducta punible se genera un estado que se denomina indefensión aprendida e induce, fundamentalmente, a que no se sepa responder ante otras situaciones. Cuando un sujeto muestra indefensión aprendida se considera incapaz de evitar otras situaciones desagradables y, en general, dar solución a cualquier situación con la que se tenga que enfrentar.

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