miércoles, 1 de junio de 2016

Taylor camp

Por María Hernández.
«Llegué a soñar con almohadas, con un baño caliente, con sábanas blancas recién planchadas y difusores de natas»
Entre el bombardeo secreto de Estados Unidos sobre Camboya y la toma de la Universidad de Harvard por 300 alumnos, agrupados en la organización “Estudiantes por una Sociedad Democrática”, con un saldo de 45 jóvenes heridos y arrestaba a 184, trece hippies deciden escaparse de todo esto y se dirigen a Kauai, Hawaii.

Al encontrar un bello paraíso tropical en la isla de Kauai, los jóvenes decidieron construir sus propias casas y vivir fuera de las leyes y del sistema que dominaba a pocos kilómetros de su ubicación. Utilizaron bambú para construir las casas, vivían de la comida que podían cultivar, surfeaban, vivían desnudos y fumaban mariguana. A pesar del nuevo estilo de vida que los jóvenes comenzaban a consolidar y que les permitía de válvula de escape a una realidad que no quisieron enfrentar, las leyes del estado de Hawaii cortaron su ilusión a los pocos meses.

Con ese nivel de violencia, la policía y el sistema judicial norteamericano llevaba a la cárcel a los jóvenes que no trabajaban y que eran pobres sin hogar Detuvieron a los jóvenes por “vagancia”, los jóvenes fueron arrestados y sentenciados a 90 días de prisión. Sin embargo, Howard Taylor, hermano de la actriz Elizabeth, se enteró del caso de los jóvenes, accedió a sacarlos de prisión y les ofreció parte de la tierra de su casa que se extendía en la playa para que vivieran allí sin pago ni restricción alguna.

Dana, Karma y la gran casa

No tenían ni electricidad ni instalaciones de ningún tipo. Construyeron sus casas frente a la playa con bambú, restos de madera y materiales recuperados. Comenzaron a vivir su sueño, sin restricciones ni normas.

Cultivaban la tierra y pescaban (a veces recibían cupones de comida). Reclutaron a un médico y a una partera. La existencia de la aldea se extendió por todas partes y surfistas, hippies y veteranos de la guerra de Vietnam se sumaron a la comunidad de la playa. La gente acudía a Taylor Camp en busca de una existencia apartada de la violencia que dominó los principales medios de comunicación y la vida cotidiana de las personas en esa época. Había niños, universitarios, veteranos de guerra. En ese lugar, las personas se encontraban con la paz y la solidaridad que los habían eludido en sus hogares anteriores. Encontraron amigos, amantes, hermanos y hermanas.

En su apogeo, alrededor de 120 personas vivían en la comunidad de 7 hectáreas.  La marihuana y las drogas psicodélicas formaban parte de la vida de muchos de los habitantes de Taylor Camp.

Taylor Camp fue una realidad durante ocho años, hasta que en 1977 fue destruido por las autoridades locales, bajo la presión del desarrollo turístico de la isla, pues el campamento se erguía en uno de los lugares más bellos de la isla. Después de un tiempo el gobierno compró la propiedad de la playa a Howard Taylor y poco a poco fue cercando a la comunidad hippie. Los habitantes fueron desplazados, algunos dejaron Taylor Camp bajo su voluntad, y algunos fueron reubicados en la isla o en otros lugares del país. Aquellos hippies que resistieron hasta el final eran constantemente amenazados, asaltados y golpeados por algunos habitantes locales, quienes se manifestaban violentamente contra ellos. Al término de la reubicación del Taylor Camp, éste fue quemado y convertido en un parque estatal. Muchos de los habitantes del campamento retomaron sus vidas previas a la libertad de Taylor Camp.


Pero no todo era un camino de rosas Hace poco John Wehrheim uno de los primeros campistas, conto su historia, más allá de la nostalgia y las idealizaciones. “Todas nuestras necesidades básicas estaban cubiertas, pero el día que llegaba alguien con un paquete de comida como obsequio, estallábamos de emoción”.

“Algunos se convertían en esos vagabundos que negaban ser. Otros parecían olvidar la paz de espíritu con tal de asegurarse un trozo de pastel de carne. Cuando vives en contacto con la naturaleza, nutriéndote y cuidándote solamente a través de ella, tu cuerpo cambia. Adelgazas, te vuelves más ágil, te pones moreno. Durante un tiempo llegas a sentirte realmente bien. Pero otras cosas también cambian, y empeoran a gran velocidad. Tu cabello se reseca, tus dientes se vuelven amarillos; la piel, siempre llena de tierra y sal, se vuelve un vestido cada vez más áspero y aparatoso. Sientes cómo te desgastas.”

Nuestras cabañas eran idílicas para unos días pero poco confortables para 8 años. Pasábamos frío a veces. Todo se llenaba de óxido, los platos, los cubiertos, siempre había decenas de objetos esparcidos por el suelo. Yo llegué a soñar con almohadas, con un baño caliente, con sábanas blancas recién planchadas y difusores de nata. ¿Acaso no era natural añorar eso? ¿Acaso Taylor Camp no fue un privilegio, un capricho de quienes ya han probado todo el confort que se puede tener?

Con el tiempo las drogas se convirtieron en una medicina necesaria para combatir el aburrimiento. Vivíamos en plena naturaleza pero no hacíamos nada más que buscar alimento, observar a los bebés que nacían, fabricar ungüentos para las picaduras de los mosquitos. Cada día las mismas caras, las mismas muecas de cansancio y las mismas miradas perdidas.

Era imposible tener una vida anónima. Sólo adentrándonos en la selva podíamos escondernos del grupo, de esa pequeña aldea en la que cada persona se pudría a su manera; solo entre matorrales junto al río, podíamos sentir el alivio de estar lejos de esa comunidad encerrada. Si muchos pudimos soportar Taylor Camp, y llegamos a disfrutar muchos momentos antes de que el Estado nos echara, fue porque sabíamos que aquello iba a tener un final." 

Mapa de Taylor camp

Considero que las posibles ventajas que suponen vivir al margen del estado: el no tener leyes, restricciones, estamentos políticos, ni un mercado capitalista basado en el dinero, la publicidad, las facturas... no pueden sustentar esta forma de vida durante mucho tiempo, se equivocaron en lo mas básico, nuestra naturaleza como seres sociales que somos no puede alcanzar su plenitud en comunidades aisladas unas de otras, pues la relación entre diferentes ideologías es lo que permite al hombre progresar. Como decía Aristóteles nuestro estado de naturaleza es vivir en sociedad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...