sábado, 18 de junio de 2016

Sartre, el existencialista comprometido (II)



Sartre se había inspirado en postulados como la contingencia en la fenomenología de Husserl, en Kierkegaard o en la Filosofía de la existencia de Jaspers, en 1932. En los años 20 Gabriel Marcel había desarrollado un "existencialismo cristiano" que, claro está, nada tiene que ver con Sartre si no es el vocablo que lo identifica. Por detallar algunas de sus cualidades, se trata de un pensamiento ateo que presenta al ser humano en su soledad más absoluta, sin coartadas ni trascendencias, "condenado a ser libre", ya que su primera característica es la libertad para elegir sus actos. Careciendo de esencia, la persona hace elecciones que componen su naturaleza. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia e ineludible: la negativa a elegir ya es una elección, la evasión también. Dicha libertad de elección implica compromiso con el acto y la responsabilidad del mismo, y también la soledad de quien elige, su independencia de criterio, la necesidad de crearse unos valores propios ante los que responder y la angustia ante una existencia que implica opciones necesarias. En Heidegger la angustia procede de la confrontación del individuo con la nada y de la imposibilidad de encontrar una justificación última para sus opciones, para sus actos. En Sartre, la náusea es la percepción por el individuo de la contingencia del universo. Pesimista, rechazando igualmente cualquier determinismo psicológico, y a pesar de sus intentos de conciliar los análisis marxistas de la sociedad y la Historia con los conceptos existencialistas, puesto que la libertad se produce en el marco de un mundo histórico que delimita las opciones y nada tiene que ver con el "libre arbitrio", Sartre entiende que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la existencia humana es una "pasión inútil" en la que invierte cada movimiento de su existencia, en la que cada acto le define y compromete a los demás.

Por José Ignacio Velázquez (Catedrático de Filología Francesa. UNED)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo más visto...