viernes, 3 de junio de 2016

Rebelión y Filosofía.

“La filosofía es un intento, y siempre ha sido un intento, por encontrar modos de pensar y hablar que, revelando semejanzas hasta ahora inadvertidas o diferencias hasta ahora no observadas (encontrando, a veces, analogías con modelos hasta ahora no considerados, o señalando con nuevo énfasis diferencias ignoradas o infravaloradas entre los modelos ahora seguidos y los objetos que , supuestamente, son como ellos), origina una transformación de la actitud suficiente para alterar radicalmente actitudes y modos de pensamiento y habla, y, de esta manera, resolver o disolver problemas, redistribuir temas, reformular y reclasificar entre objetos y cambiar nuestra visión del mundo. (…) Por eso los filósofos de tercera y y cuarta fila, que se dedican realmente a aplicar las técnicas de sus antecesores muertos y desaparecidos como si estuvieran practicando una ciencia, como si estuvieran siendo químicos o ingenieros, no son tanto infructuosos o insignificantes como, o innecesarios o superfluos, cuanto verdaderamente molestos, las personas mismas cuya actividad frecuentemente produce esas confusiones, sombras y problemas, esas respuestas supersticiosas, dogmáticas y muchas veces engañosas, cuyo único valor es que actúan como un aguijón y estímulo a la nueva rebelión para los hombres geniales que rompen la asfixia del dogmatismo en una materia cuya esencia misma es ser liberadora y no constrictora. (...)

La función principal de la filosofía es, en el mejor de los casos, el romper barreras, liberar, perturbar.”


Isaiah Berlin, El Sentido de la realidad.

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