viernes, 10 de junio de 2016

El humanismo cívico en la Italia de los siglos XIV y XV.

Por Raquel-Santos Juanes.

El humanismo fue un movimiento filosófico, intelectual y cultural que comenzó en Italia en el siglo XIV con el Renacimiento y se extendió por Europa, rompiendo con la fuerte influencia que ejerció la Iglesia católica en todos los aspectos de la vida a lo largo de la Edad Media. El teocentrismo deja paso al antropocentrismo, donde el hombre ocupa el centro y se erige como la medida de todas las cosas. En este sentido, el humanismo exalta las cualidades de la naturaleza humana sin recurrir a ninguna religión para ello.

Durante 1400 toda Italia se vio sumida en continuos conflictos internos como guerras religiosas, luchas ciudad contra ciudad o disputas entre familias poderosas. Para acabar con la violencia y la venganza y construir una auténtica comunidad política, era necesaria la creación de una educación en base al humanismo cívico para los que gobiernan, la defensa de las virtudes cívicas y dinero para financiarla. Para conseguir esto último, ciudades como Génova, Pisa y Venecia desarrollaron grandes puertos que les aportarían riqueza, convirtiéndose en ciudades marítimas. A continuación, tuvo lugar un pacto entre los cinco mayores estados italianos (Milán, Venecia, Florencia, Estados Pontificios y reino de las Dos Sicilias) que instauró una política de equilibrio destinada a perdurar hasta final de siglo XV.

Desde finales del siglo XIV en Florencia, hubo una gran actividad intelectual y cultural por la existencia de un humanismo cívico que defendía las libertades republicanas y el nacimiento de una ética que promovía la participación cívica entre los ciudadanos frente a la vida medieval contemplativa. Se la veía como la heredera de los valores y del prestigio romano. El mecenazgo de los Médicis reforzó esta idea: ser la heredera de Roma. Esta familia gobernaba Florencia casi como una monarquía. Era una familia que se había enriquecido con el comercio y las finanzas. Mantenían una ficción de régimen republicano.

Fue entonces, cuando surge la figura de Nicolás de Maquiavelo una de las principales referencias del humanismo cívico con sus obras histórico-políticas: "un pueblo que gobierna y que está bien organizado, será estable, prudente y agradecido, igual o mejor que un príncipe al que se considere sabio, y, por otro lado, un príncipe libre de las ataduras de las leyes será más ingrato, variable e imprudente que un pueblo"

Maquiavelo sostiene que el dinamismo y la capacidad creativa de una república surgen de la virtud de la libre participación de los ciudadanos en la vida comunitaria y en la política de una ciudad a la que pertenecen como miembros responsables y activos. El príncipe es una de sus obras más representativas. Se alejaba del idealismo neoplatónico y de la ética cristiana, siendo un tratado de realpolitik.

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