jueves, 26 de mayo de 2016

La moral, según Comte-Sponville.

Por María Hernández.

Es fácil tener la tentación de vincular la moral con la justicia, el castigo, la culpa... pero en la moral ninguna condena es necesaria. La moral empieza desde la libertad de la persona para elegir, no porque su acción pueda ser juzgada, reprimida o castigada, si no por el deber que emana de esa propia libertad y que está en cada uno de nosotros de manera individualizada. Platón lo escenifica perfectamente con la conjetura del anillo de Giges, que pudiera hacerte invisible cuando quisieras y dejar al margen tus acciones de la mirada de la sociedad.

La moral es tu señal de alarma interior donde te juzgas a ti mismo, donde examinas tu conciencia del bien y del mal, del deber y lo prohibido, de lo admisible y lo inadmisible, del conjunto de reglas a las que te someterías aunque llevaras el anillo de Giges. Es una elección que solo cada uno puede hacer y nadie puede decidir por ti mismo, sin recompensas ni castigos, sin otro beneficio que el de obrar correctamente. Es la soledad y la grandeza de la moral, como refiere Spinoza “hacer el bien y sentirse dichoso”.

Cada persona vale exactamente lo que hace, la virtud no se espera se elige: “tú vales exactamente lo que tú quieres”, como refiere el autor.

Pero la moral no está al servicio de la felicidad de uno, ni de sus intereses, sino para tomar en consideración al otro, para mantenerse fiel a una determinada idea de la humanidad y de uno mismo, ¿qué debo hacer?, y no se refiere a lo que los demás debería hacer, moralismo, sólo vale para uno mismo, el autentico conocedor de tus intenciones, acciones, excusas...

Cabe preguntarse si entonces ¿existen tantas morales como individuos?, la respuesta está en la universalidad de la moral, pues aunque en la práctica hay distintas morales que dependen de la educación, de la sociedad, de las costumbres de la época, de la cultura... hay decisiones que dependen de una cuestión de supervivencia, de la dignidad de la humanidad... (Racismo, crueldad, asesinato, robo...) y no de la elección individual ¿qué ocurriría si todos se comportaran así? Se trata según André, de someterse personalmente a una ley que creemos vale, o debe valer, para todos. Una acción solo es buena si el principio al que se somete puede valer, por derecho, para todos. Rousseau señala: “Pórtate con los demás como tú quieres que se porten contigo”.

Pero la moral no necesita un fundamento para legitimarse. Un fundamento sería una verdad indiscutible que garantiza la validez de la acción, pero para ello primero tendría que fundamentar la razón, y esto no se puede hacer pues la moral se basa en valores que presupone la misma moral. Al que es cruel, mata, roba.... ¿cómo se le va a demostrar que está equivocado, cuando lo que antepone es lo individual a lo universal? y para combatirlo, ¿tendríamos que tener los argumentos para poder refutarlo? O lo que se requiere es valor, voluntad y fidelidad para impedirlo.

La moral además no está vinculada a la creencia y a la expectativa del paraíso: explica Kant: “quien sólo hace el bien por su propia salvación, no hace el bien y no se salva”, una acción solo es moralmente buena “sin espera nada de ella”. No es la religión la que fundamenta la moral, es la moral, más bien, la que fundamenta o justifica la religión. “Nada hay tan bello y legítimo, como obrar como un hombre y conforme al deber”, escribía Montaige. La única virtud es ser humano, y esto no sustituye a la felicidad, al amor... pero estas no nos eximen de ella.

Por su puesto, la moral representa un tema nuclear al hablar de conceptos filosóficos y aunque en la exposición se nos indica como hay acciones morales universales, vinculadas a la dignidad de la humanidad o su supervivencia y por lo tanto inalterables, la individualidad del proceso hace que se relativicen y nos den excusa para soportarlo o: el que estén muriendo personas a nuestro alrededor de hambre; el que se asesine en conflictos bélicos injustos; el que se discrimine por razones de sexo, color, religión… no sería moralmente reprochable y condenable su indolencia. Y si estuviéramos en lugar del otro ¿no robaríamos por nuestra supervivencia? ¿Seríamos desertores en una guerra? Si asesinando a una persona que creyésemos responsable de un posible genocidio ¿no lo haríamos?...

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