martes, 10 de mayo de 2016

La mano invisible.

“Ninguno se propone normalmente promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve […] sólo piensa en su ganancia propia. Pero en este, como en muchos otros casos, una mano invisible le lleva a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Por lo demás, no implica mal alguno para la sociedad que tal fin sea extraño al propósito, pues al perseguir su propio interés promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios. Quien intentase dirigir a los particulares respecto a cómo emplear sus respectivos capitales tomaría su cargo una empresa imposible, y se arrogaría una autoridad que no puede confiarse prudentemente ni a una sola persona ni a un senado o consejo; y nunca sería más peligroso este empeño que en manos de una persona lo bastante presuntuosa e insensata como para creerse capaz de cumplirlo”

Adam Smith, La riqueza de las naciones.


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