lunes, 16 de mayo de 2016

La legitimación romántica-tradicional de la autoridad: fascismo y nazismo.

El nacimiento de la política nazi o fascista podemos situarlo en el comienzo del siglo XX y colocar su máximo desarrollo en el periodo denominado de "entreguerras" en países como Italia, Alemania, Austria, Dinamarca, España... sin embargo el modo de comprender el Estado por parte del fascismo es algo que proviene directamente del desarrollo del movimiento romántico y del auge de los nacionalismos en Europa. Como modelo político el fascismo se opone completamente a cualquier tipo de contractualismo y defiende un autoritarismo extremo.

El fascismo desprecia cualquier fundamentación de la sociedad por medio de un contrato democrático; consideran que la democracia sólo lleva a la charlatanería y a las luchas entre las diferentes partes de la sociedad para conseguir el poder. La sociedad y la autoridad deben fundarse no en la libertad individual de los ciudadanos sino en la RAZA y en el PUEBLO. Para el fascismo cada raza expresa sus características a través de los elementos culturales que forman el “pueblo”: la lengua, las tradiciones, las conductas sociales, etc. Pero lo realmente importante es que entre los diferentes individuos de un pueblo, hay un vínculo biológico racial. Este vínculo se hace patente a través de los elementos culturales compartidos, pero sobre todo a través del sentimiento de pertenencia a la raza y al pueblo. Por lo tanto la sociedad no puede guiarse por principios racionales como pretenden los contractualistas ya que está fundada sobre principios completamente irracionales: la raza, el pueblo y el sentimiento de pertenencia.

Siendo esto así ¿cuál puede ser la forma de legitimar la autoridad según el fascismo? Evidentemente no puede ser la libre elección democrática puesto que el fascismo no tolera que existan diferentes opiniones dentro de una misma sociedad. Según sus maneras de actuar y pensar, dado que una sociedad debe ser la expresión unitaria de una raza, y a una misma raza le corresponde una única manera de pensar, sólo puede haber una única voz y una única opinión. El hecho de que en una sociedad haya diferentes opiniones es producido por la mezcla de razas o por la contaminación ideológica; por esta razón la “limpieza étnica” y la “limpieza ideológica”, desde la lógica del fascismo, son una necesidad (1).

Según la ideología fascista, la autoridad para gobernar la debe ostentar quien tenga la fuerza suficiente para imponer los verdaderos valores, ideas, costumbres, etc que le corresponden a la raza-pueblo acabando así con las luchas por el poder y las distintas opiniones e ideas. Desde el pensamiento fascista, todos los ideales y valores de la raza y el pueblo se condensan en una única persona, el líder. Y este líder no se elige democráticamente ni es fruto del consenso, sino que se impone, toma el poder utilizando cualquier medio. Para el fascismo cualquier medio es válido para conseguir el fin, la grandeza de la raza y el pueblo.

Podríamos decir, por tanto, que, según el fascismo, la autoridad se legitima mediante el uso de la fuerza: tiene derecho a gobernar y dirigir el Estado, aquel que posee la voluntad y la fuerza suficiente para imponerse y aplastar todas las demás ideas que merman y debilitan el poder de la raza y el pueblo. 

Al imponerse, el líder, se erige como la cabeza máxima del Estado y en su persona se representa y ejemplifica los valores máximos de esa raza y ese pueblo. El individuo se identifica plenamente con el Estado, que se estructura jerárquicamente con el jefe máximo en la cabeza (el Duche, el Caudillo o el Fühler); los intereses del Estado, representados por la voluntad del líder se convierten también en los intereses del individuo (todos aceptan sin reparos lo que quiere el líder). De esta forma, cada persona, dentro de un Estado totalitario fascista, es un miembro activo del Estado; de hecho, se les exige, como virtudes máximas, la plena entrega, el servicio activo y el sacrificio máximo: todos deben estar dispuestos a entregar hasta la última gota de sangre por su pueblo, raza, patria, comandante... o lo que sea. El Estado y el líder son los representantes máximos de la raza y del pueblo; a través de su voz única hablan todos los individuos que aceptan su voluntad de manera ciega e irracional (2). 


1 No hace falta nombrar todas los ejemplos espeluznantes que se han producido en los diferentes regímenes fascistas de limpiezas étnicas e ideológicas; en Alemania se exterminaron millones de judíos, polacos y gitanos, en Chile y Argentina se trató de acabar con toda una ideología asesinando sistemáticamente a los opositores al régimen, en España tras la Guerra Civil se fusiló sistemáticamente a los españoles que no se exiliaron contrarios a Franco... y así podríamos continuar con una aterradora lista. 
2 Según esto, se entiende que en Alemania, durante los años 40 se llevara a cabo el asesinato sistemático de millones de personas, mientras todo el pueblo alemán era testigo y cómplice de tales atrocidades; la total identificación y aceptación de la voluntad de su líder, Hitler, llevó a todo el pueblo a una de las más terribles demostraciones de frialdad y complicidad en un genocidio que jamás se han visto.

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