lunes, 2 de mayo de 2016

El hombre natural.

Jean Jaques Rousseau nació en Ginebra (Suiza) a comienzos del siglo XVIII y es considerado como uno de los pensadores más importantes de la llamada “Ilustración”. Su filosofía se centra fundamentalmente en la política y sus ideas fueron muy importantes en la Revolución Francesa. Sus ideas van a ser especialmente influyentes en el desarrollo de la teoría marxista y anarquista, que veremos dentro de este apartado.

La idea que nos interesa destacar aquí es la concepción que tenía Rousseau del ser humano, concepción que le llevó a desconfiar del poder y de las sociedades organizadas y reivindicar la bondad natural del hombre al margen de la sociedad. Según Rousseau si imagináramos (1) cómo podía haber sido el hombre en un primitivo Estado de Naturaleza, una situación en la que no existiese Estado, ni un poder central al que obedecer, ni leyes que regularan nuestra vida, confirmaríamos que el hombre es un ser bueno, generoso y noble. Consideraba que en el Estado de Naturaleza el hombre viviría una vida sencilla, dedicado a la satisfacción de sus necesidades y completamente al margen de comportamientos como la codicia, la envidia, el odio, la hipocresía, formas de ser que son muy habituales en nuestras sociedades. El hombre natural, o como se le ha denominado más comúnmente “el buen salvaje”, sería un hombre bueno y sencillo que viviría una vida tranquila sin molestar a nadie. Estos hombres no necesitarían leyes que cumplir ni poderes que obedecer, tampoco una policía o un ejército que les protegiese porque no habría ninguna amenaza contra la que protegerse ni ningún crimen que castigar (2).

Rousseau consideraba, por tanto, que todos los aspectos negativos del ser humano, que a la vista están, no formaban parte de su naturaleza sino que eran algo que surgía cuando el ser humano empezó a vivir en sociedades organizadas. Por decirlo de forma más simple: vivir en sociedad, obedeciendo unas leyes impuestas y sometidos a un poder que nos coacciona, nos vuelve seres violentos, codiciosos, envidiosos, hipócritas, mentirosos y malvados.

Rousseau amaba a los hombres pero odiaba profundamente en lo que se habían convertido los modernos europeos, seres hipócritas y envidiosos sometidos a demasiados convencionalismos sociales. Tenía una consideración extremadamente positiva del ser humano, de sus pasiones, de su carácter moral y de su creatividad. Consideraba que todo esto queda completamente amputado en las sociedades europeas modernas; el poder nos impone una forma de actuar y unas maneras de ser que eliminan todo lo bueno que hay en nosotros y nos convierten en lo que somos en sociedad: alimañas. 

El ginebrino estaba convencido que si dejáramos desarrollarse libremente, en nosotros, las inclinaciones naturales de todo ser humano, nos convertiríamos en individuos libres, creativos y bondadosos. Sin embargo, el sistema educativo, lejos de hacer esto, reprime estos impulsos y nos impone una educación, unos valores y unas formas de conducirnos que nos convierten en lo contrario de lo que en realidad somos: esclavos, faltos de toda creatividad, maliciosos, egoístas y envidiosos.

Por todo lo dicho queda claro que la conclusión de Rousseau sobre la legitimación del poder es claramente negativa. El poder, el Estado y sus métodos de educación y represión son sólo un instrumento de desnaturalización del hombre, una forma de imponernos modos de ser que coartan nuestra libertad y nos convierten en individuos enfermos, alejándonos de nuestra verdadera naturaleza.

Sin embargo no pensemos que lo que buscaba Rousseau era la destrucción del poder político y la vuelta a un primitivo Estado de Naturaleza, al margen de la sociedad, de nuevo entregados a nuestras virtudes naturales; nada de esto. El mal ya está hecho, el Estado y la sociedad es algo a lo que ya no podemos renunciar. Por esta razón Rousseau lo que va a pretender es modificar la estructura del poder, es decir, lograr un Estado más justo, más virtuoso, más afin a nuestra verdadera naturaleza. 


1 Es importante destacar que lo que nos pide Rousseau es que imaginemos una situación así. El ginebrino no afirmó nunca que hubiera existido una situación como esta, únicamente quería destacar las bondades naturales del hombre y de qué manera la sociedad y el poder nos corrompe. El Estado de naturaleza más que una realidad histórica, para Rousseau, era una hipótesis de trabajo. El Estado de naturaleza roussoniana es una categoría teórica que facilita la comprensión del hombre y de la sociedad actual. 

2 Ya en la Antigua Grecia surgieron opiniones críticas por parte de los cínicos (escuela filosófica que tuvo su máximo apogeo entre los siglos IV al II a.C). Los cínicos buscaron alejarse de la artificialidad de la vida social para llevar una vida más natural y auténtica en la que pensaron que se encontraba la verdadera felicidad. Despreciaron las convenciones sociales y trataron de vivir prescindiendo de ellas. Uno de los más famosos representes de la escuela fue Diógenes del que nos han llegado múltiples anécdotas que reflejan sus pensamientos y su estilo de vida: se cuenta que Diógenes vivía en un barril y que comía y bebía allí donde le entraba hambre o sed, sin respetar ninguna norma al respecto. Un día Diógenes vio que un niño bebía agua utilizando sus manos, y tiro su cuenco muy enfadado porque un niño le había superado en sencillez. También las jerarquías, la riqueza, los honores y el poder que unas personas tienen sobre otras en la sociedad fueron cosas despreciadas por los cínicos: Se cuenta que un día el poderosísimo Alejandro Magno se puso delante de Diógenes y le dijo que le pidiera todo lo que quisiera y se lo concedería; por toda respuesta Diógenes le pidió que se apartara porque le tapaba el sol.

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