martes, 3 de mayo de 2016

El Estado como instrumento de dominación.

Marxismo” es el nombre que lleva la filosofía que desarrollaron dos autores, Karl Marx y Friedrich Engels, a finales el del siglo XIX. El marxismo es toda una interpretación del hombre y de la sociedad a todos los niveles, por esa razón, lo que aquí presentamos son sólo unas cuantas ideas sueltas que nos interesan para el tema.

Marx y Engels consideraban que la historia de todas las sociedades era la historia de una desigualdad injusta, la desigualdad entre clases. En todos los tiempos y en todas las sociedades ha existido una separación entre dos clases bien distintas: los opresores y los oprimidos. O dicho de forma más clara: siempre ha existido una clase dominante (los nobles, los burgueses, los capitalistas) que han dominado y explotado al resto de la población (los esclavos, el pueblo llano, los trabajadores). Pues bien, dentro de esta descripción de todas las sociedades, el Estado (es decir: las leyes, el gobierno, la policía, el ejército, el sistema educativo, la religión) es el mecanismo del que se vale la clase dominante para mantener su dominación. Por tanto, el Estado es una institución injusta que tiene el único fin de proteger una desigualdad y mantener a una parte de la población (la más amplia) explotada al servicio de otra.

Por ejemplo, en el Estado feudal, gobernaban los nobles y los clérigos que eran los propietarios de las tierras. El resto de la población, el pueblo llano estaba obligado a trabajar las tierras de los nobles y entregarles buena parte de la cosecha. Esta situación se justificaba y mantenía por parte el Estado: las leyes disponían que las propiedades eran de la nobleza y el clero, establecían de qué forma se podía pertenecer a estas clases (por títulos hereditarios) disponían el régimen en que el pueblo tenía que cultivar las tierras. Además el ejército imponía esta situación por las armas y la religión justificaba esta repartición del poder (de señores y siervos). En este modelo, el Estado era el instrumento de la explotación de muchos por parte de unos pocos.

Pero no pensemos solamente en un Estado como el feudal, también las modernas sociedades democráticas capitalistas son un ejemplo de esto. En estas sociedades, aunque aparentemente el pueblo es soberano, en realidad siguen gobernando los dueños del capital, que son los únicos que tienen acceso a las estructuras de poder. Ellos dictan las leyes que protegen sus propiedades y el régimen económico: por esta razón todas las leyes están hechas pensando en proteger la propiedad privada; la policía es un mecanismo que se emplea fundamentalmente en la protección de las propiedades de los poderosos. Los ciudadanos están obligados a trabajar para los dueños del capital si quieren subsistir; su trabajo enriquece aún más a los capitalistas y ellos a cambio sólo obtienen el dinero justo para poder subsistir y mantener a sus familias. El sistema educativo también es un instrumento de dominación ya que mediante las escuelas el capital impone su sistema ideológico: de esta forma los ciudadanos se convencen de que esta sociedad es la mejor de las posibles y se resignan a trabajar a cambio de salarios miserables. En definitiva el Estado, es decir, el gobierno, las leyes, los jueces, la policía y el sistema educativo, lo que pretende es proteger el sistema que hace que unos manden y otros obedezcan.

Por todo esto Marx y Engels proponen otro modelo de sociedad: la sociedad comunista; en esta sociedad no existiría el Estado como mecanismo de dominio sino que los hombres trabajarían y se relacionarían conforme a su libertad. Sin embargo Marx y Engels consideran que a la sociedad comunista no se puede acceder de golpe sino que primero la sociedad debe cambiar radicalmente hacia lo que ellos denominan “la dictadura del proletariado” a través de una revolución. Pensaban que antes de llegar a una sociedad comunista la sociedad debe convertirse en un Estado socialista, es decir, una sociedad en la que no exista la propiedad privada y todos los bienes sean públicos y administrados por al Estado. Lo paradójico de la propuesta marxista es que para alcanzar el fin propuesto, una sociedad sin Estado, los marxistas construyeron la más poderosa maquinaria estatal que la humanidad haya conocido: el Estado socialista.

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