martes, 19 de abril de 2016

Psicoanálisis (VIII): El desarrollo de la personalidad.


El desarrollo de la personalidad está directamente conectado con el proceso de estructuración de estas tres instancias mentales. Nuestra personalidad se forma en el proceso en el que surge el yo y el superyó a partir del ello. Todos los seres humanos compartimos el ello, esto es casi idéntico en todos. Es en la forma en que surge el Yo y el SUPERYO como se configura nuestra personalidad. Cuando el niño nace se mueve por impulsos instintivos y únicamente le atrae el placer: el calor, el alimento que le proporciona la madre... etc. Mas tarde va tomando conciencia del mundo que le rodea y empieza a forjarse un YO. Se va dando cuenta de los peligros que acarrea querer cumplir sus deseos constantemente y aprende a reprimirlos y ocultarlos; de esta forma nace la conciencia: a través de sucesivas frustraciones en las que no puede realizar todos los deseos que le gustaría.

Al mismo tiempo, a partir de las prohibiciones paternas y las prohibiciones sociales de la cultura en la que vive va internalizando todo el conjunto de normas, reglas de convivencia, tabúes y prohibiciones que conformarán su superyó y que le ayudarán a regular y adaptar su personalidad a la sociedad en la que vive.

Freud estructuró este desarrollo en una serie de polémicos estadios del desarrollo de la personalidad: Como hemos dicho, cuando nacemos somos exclusivamente un ello deseante; nuestra personalidad consiste casi en exclusiva en desear aquello que nos causa placer: el alimento, el calor de la madre... etc. Nos movemos exclusivamente por deseos o, como los llamaba Freud PULSIONES. De todas las pulsiones que tenemos al nacer hay un tipo de ellas que resultan, según Freud, especialmente importantes, las pulsiones sexuales. Estos deseos son, casi en exclusiva, los que mueven a nuestro ello (incluso en los niños más pequeños). A este tipo de pulsiones Freud las llamó EROS [1]. La sexualidad no despierta en el momento de la pubertad ni se dirige natural y necesariamente a la procreación, sino que existe un instinto sexual (libido) que tiende a satisfacerse desde la más temprana edad y cuyo único fin es el placer. Así, la reproducción es sólo un efecto de la conformación del instinto en la vida adulta.

Preocupado por encontrar la base orgánica sobre la que actúa la represión del placer sexual, Freud descubrió que la excitación sexual de ciertas partes del cuerpo no propiamente genitales ofrece satisfacción a la libido. A estos puntos de excitación sexual los llamó zonas erógenas y son la base de las distintas etapas en el desarrollo de la personalidad:
  1. Fase oral: En esta fase, el placer sexual se produce en la boca y los labios. Durante este período coinciden el instinto sexual y el de autoconservación, porque el hecho de chupar sirve para satisfacer el hambre al mamar. Se sitúa entre 0 y 2 años. Cada estadio comprende una serie de tareas difíciles propias de donde surgirán multitud de problemas; estas tareas son lo que determina que se pueda superar con éxito o no una etapa; el hecho de superar o no con éxito una etapa determinada va a ser determinante para el desarrollo de nuestra personalidad. La tarea a superar para la fase oral es el destete; el destete significa para los niños pequeños la ruptura de un vínculo fundamental con la madre.
  2. Fase anal: La zona erógena está relacionada con el ano, el control de la expulsión de los excrementos y el control de los esfínteres. Se sitúa entre los 2 y los 3 años de edad, el período en que el niño aprende esta habilidad. La tarea importante a superar en la fase anal es el control de los esfínteres; es muy común ver niños que les cuesta abandonar la fase anal y prolongan esta etapa “mojando” la cama durante la noche. Obtienen el placer sexual exigido por el ello mediante este desfase y se quedan detenidos en el desarrollo de su personalidad hasta que lo superan.
  3. Fase fálica (complejo de Edipo): Esta fase se sitúa entre los 3 y los 5 años. La zona erógena está centrada en los órganos genitales, tanto en los niños como en las niñas. El factor más destacable de esta etapa es la aparición del llamado complejo de Edipo. La resolución del complejo de Edipo es la tarea, en esta etapa, que cada niño debe realizar para poder continuar su crecimiento personal. Edipo es un personaje de la mitología griega que mató a su padre, se casó con su madre y se convirtió en rey, Edipo no sabía que la persona que había matado era su padre ni que la persona con quien se había casado era su madre. Cuando lo supo, se arrepintió y para castigarse se arrancó los ojos. Freud cree que todos los niños, en este período, sienten un deseo erótico hacia su madre y ven al padre como un rival; de ahí el nombre de complejo de Edipo. “El primer objeto de amor de todos nosotros es nuestra madre. Queremos su atención, queremos su afecto, queremos su cuidado; la queremos, la deseamos de una manera ampliamente sexual. No obstante, el niño tiene un rival ante estos deseos, personificado en su padre. Éste es mayor, más fuerte, más listo y se va a la cama con ella, mientras que el chico es desplazado a dormir solo en su habitación. El padre es el enemigo” (George Boeree “Teorías de la personalidad”). Lo mismo sucede con las niñas, pero a la inversa, sienten deseo hacia el padre y contemplan a la madre como una rival (Complejo de Electra). La resolución de esta fantasía tiene importantes consecuencias para la vida psíquica. En primer lugar, enriquece la vida afectiva del niño o la niña, al experimentar el sentimiento de amor-odio hacia el padre o la madre. En segundo lugar, sirve para encontrar un modelo de identificación sexual: el padre para el niño, y la madre para la niña. El niño se identifica con el padre porque cree que así conseguirá el amor de la madre y lo mismo hace la niña al identificarse con la madre. Y en tercer lugar, los niños, ante el miedo al castigo, aprenden a obedecer a los padres y en su interior se empieza a formar el superyó, la parte moral de la personalidad.
  4. Fase de latencia: es un periodo en que disminuye el interés sexual del niño. Al mismo se interiorizan las prohibiciones paternas y se va conformando el superyó. Se sitúa entre los 6 y los 12 años. En esta etapa, los niños y las niñas generalmente juegan separados y muestran poco interés por el otro sexo.
  5. Etapa genital o Pubertad: A partir de los 12 años. En esta fase, el deseo sexual se independiza por completo de los padres y se llega a la madurez sexual que coincide con la madurez plena. Los objetos de deseo se colocan en otras personas diferentes a nosotros mismos y a nuestra familia, si bien, siguen influyendo en nuestros deseos todos los elementos que han conformado nuestra personalidad a lo largo de las distintas etapas. Hay una búsqueda de las relaciones sexuales lo que significa un encauzamiento correcto de las pulsiones del ello.
En esta etapa se manifiesta un gran interés por la sexualidad ya que los individuos aprenden a enfocar y dirigir de manera adulta sus deseos sexuales. Coincide con una serie de cambios hormonales y fisiológicos. Las tendencias amorosas combinan todos los elementos del deseo erótico: la ternura, la sensualidad, el afecto, el cariño, la búsqueda del placer genital... etc.  Según el psicoanálisis, cuando el objeto hacia el que dirigimos nuestras pulsiones sexuales primarias corresponde con otro “igual”, nuestra maduración se está completando. Es decir, el objetivo de la maduración es la posibilidad de conseguir una vida adulta plena, en la que podamos expresar nuestros afectos y satisfacer nuestros deseos de una forma admitida socialmente. Esto comienza a ocurrir en la pubertad. 

[1] En 1920 Freud revisó la teoría de los instintos y añadió un nuevo instinto (además de eros y el instinto de autoconservación) al que denominó THÁNATOS el instinto de muerte para dar cuenta de las tendencias agresivas y violentas que se manifiestan en la conducta de muchas personas. Eros y Thanatos se reprimen mutuamente: Thanatos proporciona la energía para reprimir los fuertes instintos sexuales y Eros la energía para reprimir los impulsos que llevarían a la muerte al sujeto.

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