lunes, 18 de abril de 2016

Psicoanálisis (VII): los mecanismos de defensa del yo


Muchas veces la presión del ello por conseguir la satisfacción de sus deseos es muy grande y el yo se ve obligado a utilizar mecanismos de defensa para no dejar que los locos avatares del ello acaben con nosotros. El uso abusivo y desequilibrado de alguno de estos mecanismos de defensa suele significar la presencia de cierto desequilibrio mental, lo que Freud llama “neurosis”. Veamos estos mecanismos:

Represión:
consiste en rechazar fuera de la conciencia todo aquello (ideas, deseos, recuerdos) que resulta penoso, inaceptable o doloroso para el sujeto, olvidándolo inconscientemente, aunque nunca del todo ya que queda sumergido en el inconsciente. El problema es que todo aquello que queda reprimido, aunque no nos demos cuenta, sigue manifestándose de forma inconsciente. Se puede reprimir cualquier contenido mental, un sentimiento, un deseo, un recuerdo desagradable... etc. Anna, la hija de Freud habla de uno en concreto: una chica joven, acosada de una culpa importante por sus fuertes deseos sexuales, tiende a olvidar el nombre de su novio, aún cuando le está presentando a sus amistades. O un alcohólico que no puede recordar su intento de suicidio, argumentando que debió “haberse bloqueado”. O alguien que casi se ahoga de pequeño, pero es incapaz de recordar el evento aunque los demás intenten recordárselo…pero presenta un miedo terrible a los lagos y mares.

El problema fundamental de la represión es que requiere un gasto de energía psíquica por parte del yo brutal. Podría ponerse como símil el trabajo que debería hacer un hombre para mantener constantemente bajo el agua hundida una pelota de playa. Con la represión ocurre lo mismo: reprimir un impulso instintivo no hace que éste desaparezca sino que lo mantiene latente en el inconsciente. La energía que debe usar el yo es tan elevada que, a menudo, las personas que reprimen sus impulsos se incapacitan para utilizar sus fuerzas psíquicas en otro tipo de tareas.

Racionalización
: Consiste en inventarse argumentos racionales y justificaciones increíbles para las conductas que exige el ello. De esta forma justificamos lo injustificable, nos sentimos bien y evitamos la culpa. El yo busca argumentos para excusar las conductas que entran en conflicto con las normas y prohibiciones del superyó. Utilizamos esta defensa muy frecuentemente cuando de manera consciente explicamos nuestros actos con demasiadas excusas. Algunas personas utilizan tan frecuentemente este mecanismo que no se dan cuenta de que se están engañando a si mismas. Es fácil creerse las propias mentiras.

Negación de la realidad
: Consiste en negar un hecho real, no aceptarlo y así evitar las frustraciones y los sinsabores de eso que nos molesta. No es reprimir u ocultar el recuerdo, sentimiento o el deseo que nos ocasiona dolor, sino en negar el hecho mismo. Este mecanismo es completamente patológico. La Negación se refiere al bloqueo de los eventos externos a la conciencia. Si una situación es demasiado intensa para poder manejarla, simplemente nos negamos a experimentarla. Como es de suponer, esta defensa es primitiva y peligrosa (nadie puede desatender la realidad durante mucho tiempo). Esto escribe el prestigioso doctor en psicología George Boeree:
“En una ocasión, mientras estaba leyendo en la sala de mi casa, mi hija de cinco años veía unos dibujos animados de la tele, creo que los Pitufos. Como casi todos los niños de su edad, tenía el hábito de estar demasiado cerca de la pantalla. En un momento determinado donde parece que los responsables de la emisora no prestaban atención suficiente, pasaron abruptamente a un anuncio de una película de terror a estrenarse próximamente en el cine. Contenía muchas escenas violentas de sangre y masacre, con un cuchillo ensangrentado, una máscara de hockey y gritos de terror. Como ya era tarde para salvar a mi hija de tal invasión, hice que todo padre psicólogo haría con su hijo: ¡Vaya, ese anuncio era terrorífico, ¿verdad? Ella dijo: ¿eh? Yo dije a continuación: Ese anuncio…fue horroroso, ¿no? Y dice ella: ¿qué anuncio? Yo contesté abruptamente: ¡Ese, el de la máscara de hockey; el del cuchillo sangriento y esos gritos! Aparentemente, mi hija había borrado todo el anuncio de su cabeza. Desde aquel momento, en mi vida he visto muchas reacciones parecidas en niños cuando son confrontados a situaciones a las que no están preparados. También he visto personas desmayándose en una autopsia (personas que niegan la realidad de la muerte de un ser querido) y estudiantes que se olvidan de buscar las notas de sus exámenes. Todo esto es negación”.
Proyección: Consiste en proyectar en los otros sentimientos o ideas propias que uno se niega a aceptar. El individuo proyecta los sentimientos o deseos que le causan sufrimiento fuera de sí mismo en otras personas. Este es el mecanismo que ponen en marcha las personas paranoides. Por ejemplo, alguien que odia a su madre puede reprimir ese odio, pero lo desvía hacia, digamos, las mujeres en general. Alguien que no haya tenido la oportunidad de amar a un ser humano puede desviar su amor hacia un gato o un perro. Una persona que se siente incómodo con sus deseos sexuales hacia alguien, puede derivar este deseo a un fetiche. Un hombre frustrado por sus superiores puede llegar a casa y empezar a pegar al perro o a sus hijos o establecer discusiones acaloradas.

Hay un tipo de desplazamiento que se ha denominado Agresión contra el propio self. Es una forma muy especial de desplazamiento y se establece cuando la persona se vuelve su propio blanco sustitutivo. Constituye la explicación freudiana para muchos de nuestros sentimientos de inferioridad, culpa y depresión. La idea de que la depresión es muchas veces el producto de la rabia contra un objeto (persona) que no queremos reconocer, es ampliamente aceptada por freudianos y otros de diversas corrientes.

Al respecto escribe George Boree en su libro Teorías de la personalidad: “Hace un tiempo, en una etapa en la que no me sentía muy bien, mi hija de cinco años derramó un vaso de leche con chocolate en el salón de casa. Me levanté incómodo y empecé a decirle gritándole que cómo era posible que después de habérselo dicho tantas veces lo hacía de nuevo. Que tenía que ser más cuidadosa porque ya era mayor y…etc. En ese momento, mi hija empezó a golpearse la cabeza varias veces. Obviamente, ella no me golpearía la cabeza a mí, ¿no? De más está decir que a partir de aquel suceso me he sentido culpable hasta hoy.”

Regresión: Ante una dificultad o una situación inesperada, el adulto puede tener comportamientos propios de épocas anteriores de la actual; comportarse de manera infantil e inapropiada para su edad. Es una manifestación de inmadurez. A menudo, en la evolución psíquica de una persona ésta se ve en situaciones nuevas en las que no puede satisfacer sus impulsos como resultado de una nueva realidad; por ejemplo, un niño que comienza a ir a la guardería donde encuentra demasiadas limitaciones al cumplimiento de sus deseos. En estos casos es habitual que ocurra una regresión, es decir, una vuelta psíquica al momento evolutivo en el que sí era posible cumplir todos esos instintos que ahora se ven impedidos. Un niño, por ejemplo, puede empezar a chuparse el dedo nuevamente o a hacerse pis en la cama cuando tiene que empezar a ir a la guardería. Un adolescente puede empezar a reírse descontroladamente en una situación de encuentro social con el sexo opuesto. O un señor mayor que después de 20 años en una empresa es despedido y a partir de ese momento se vuelve perezoso y dependiente de su esposa de una manera infantil.

Reacción:
Consiste en manifestar una conducta externa contraría al sentimiento o afecto que se ha reprimido; se cambia un impulso o deseo que se tiene por su contrario pensando que así se anula. De esta manera, se oculta el sentimiento, que no puede ser aceptado en la conciencia, A este mecanismo de defensa también se le da el nombre de formación reactiva. Por ejemplo un niño. Enfadado con su madre, puede volverse un niño muy preocupado por ella y demostrarle mucho cariño. O alguien que no acepta un impulso homosexual, puede repudiar a los homosexuales. Quizás el ejemplo más significativo de formación reactiva lo encontramos en niños entre 7 y 11 años. La mayoría de los chicos, sin dudarlo, hablarán mal de las chicas o incluso no querrán saber nada del tema. Las niñas harán lo mismo con respecto a ellos. Pero, en realidad, están enormemente interesados unos por otros.

Sublimación
: Consiste en desviar el objetivo de las pulsiones (o instintos) hacia finalidades socialmente aceptadas y, por lo tanto, aceptadas por el superyó. El arte, la literatura y el deporte son, con frecuencia, mecanismos de sublimación. Por esta razón, alguien con impulsos agresivos puede desarrollar actividades como cazar, boxear, ser jugador de fútbol o convertirse en mercenario. Una persona que sufre de gran ansiedad en un mundo confuso puede volverse un perfeccionista, o una persona de negocios o un científico. Alguien con impulsos sexuales poderosos puede llegar a ser fotógrafo, artista, un novelista y demás. Para Freud, de hecho, toda actividad creativa positiva era una sublimación, sobre todo de la pulsión sexual

Aislamiento:
consiste en separar la emoción de un recuerdo doloroso o de un impulso amenazante. La persona puede reconocer, de forma muy sutil, que ha sido abusada de pequeña, o puede demostrar una curiosidad intelectual sobre su orientación sexual recién descubierta. Algo que debe considerarse como importante, sencillamente se trata como si no lo fuera. En situaciones de emergencia, hay algunas personas que se sienten completamente calmadas e íntegras hasta que ha pasado la situación difícil, y, es entonces, cuando se vienen abajo. Algo te dice que te mantengas entero mientras dure la emergencia. Es bastante común que nos encontremos con personas anímicamente destrozadas totalmente inmersas en obligaciones sociales alrededor de la muerte de un ser querido y es después del funeral cuando se derrumban. Del mismo modo médicos y enfermeras acostumbran a tratar a sus pacientes como “casos” y no como personas para que las emociones no intervengan en su trabajo.

La Introyección
comprende la adquisición o atribución de características de otra persona como si fueran de uno, puesto que hacerlo, resuelve algunas dificultades emocionales. Por ejemplo, si se deja solo a un niño con mucha frecuencia, él intenta convertirse en “papá” para, de esta manera, disminuir sus temores. En ocasiones juega con sus muñecos diciéndoles que no deben tener miedo. También podemos observar cómo los chicos mayores y adolescentes adoran a sus ídolos musicales, pretendiendo ser como ellos para lograr establecer una identidad.

Un tipo de proyección es la Identificación con el Agresor; en este caso la proyección se centra en la adopción no de rasgos generales o positivos del objeto, sino de negativos. Si uno está asustado con respecto a alguien, me convierto parcialmente en él para eliminar el miedo. Un ejemplo dramático de este mecanismo es el llamado Síndrome de Estocolmo. Después de una crisis de rehenes, los psicólogos se sorprendieron al ver que los rehenes no solo no estaban terriblemente enojados con sus captores, sino incluso sumamente comprensivos y cercanos a ellos. Un caso más reciente es el de una mujer joven llamada Patricia Hearst, proveniente de una familia norteamericana muy influyente y rica. Fue secuestrada por un pequeño grupo revolucionarios californianos autoproclamados conocidos como el Ejército de Liberación Simbionés. La retuvieron, la violaron y maltrataron. A pesar de esto, decidió unirse a ellos, haciendo pequeños videos de propaganda para éstos e incluso portando un arma de fuego en un atraco cometido a un banco. Posteriormente a su detención, sus abogados defendieron con fuerza su inocencia, proclamándole como víctima, no como una criminal. No obstante, fue sentenciada a 7 años de prisión por el robo al banco.

La Rendición altruista es una forma de proyección que parece a primera vista como lo opuesto: aquí, la persona intenta llenar sus propias necesidades a través de otras gentes. Un ejemplo común es el de una persona que en vez de buscar algún amigo o relación por sí mismo, embarca a los demás a que las tengan. Son esos que suelen interrogar: “¿Qué paso anoche con tu cita?” o “¿Qué? ¿Ya tienes pareja o no?”. Un ejemplo extremo sería el de la persona que vive completamente su vida para y a través de los demás. La rendición altruista también es común en los grupos ideológicos dogmáticos, así como de personas que se someten a una religión por completo o a una vida dedicada únicamente a servir a los demás.

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