sábado, 16 de abril de 2016

Psicoanálisis (V): El superyó.

El superyó es otro elemento mitad inconsciente y mitad consciente que marca nuestra personalidad. Podríamos definirlo como nuestro “policía interno”, es decir, alguien que vela exclusivamente porque cumplamos con las normas que se nos han impuesto desde fuera (en nuestra casa, nuestra sociedad, las instituciones… etc). Está formado por un conjunto de reglas y prohibiciones que tenemos de manera inconsciente y operan de manera muy fuerte en nuestra conducta. El superyó se constituye en torno a los 5-6 años mediante la internalización de las normas que nos inculcan nuestros padres y la sociedad en la que nos desarrollamos. 

Estas normas y prohibiciones se integran en la personalidad del niño y se convierten en inconscientes. A partir de entonces marcan fuertemente nuestra conducta suministrándonos castigos y premios cuando cumplimos con estas normas internalizadas. El superyó representa las pautas morales, es el punto de referencia moral de la persona. Por esta razón, las características del superyó dependerán de la moral de cada sociedad y fundamental mente de la influencia educativa de los padres.

La función que realiza el superyó dentro del psiquismo de cada persona es básicamente la de la CENSURA PSÍQUICA. El superyó actúa censurando muchos de los instintos del ello que de otra forma llegarían a la conciencia en forma de deseo, de recuerdo, de sentimiento... etc. Justamente censura aquellos instintos que entran en contradicción con las normas morales de la sociedad y la familia a la que cada uno de nosotros pertenece, evitando que esta incompatibilidad nos cause problemas. 

Los mecanismos que utiliza el superyó para garantizarse la censura de estos contenidos son sentimientos de desaprobación y de rechazo que surgen en nosotros de forma visceral; la vergüenza, el asco, el sentimiento de culpa, el rechazo, el nerviosismo, la ansiedad… etc. Por ejemplo: en un momento dado el ELLO y sus instintos insaciables pueden impulsarnos a cometer actos que son socialmente inaceptables; es el caso del incesto: como sabemos los animales no tienen problemas a la hora de mantener relaciones sexuales entre “parientes”, sin embargo, entre los seres humanos de casi todas las sociedades esto es algo que causa mucho rechazo, un rechazo que en muchos casos no está justificado a nivel biológico. Pues bien, el ello no sabe nada de reglas de parentesco, ni distingue ni respeta norma de ningún tipo; si por él fuera no habría problemas de este tipo. Sin embargo el superyó actúa descargando sobre nosotros un sentimiento fortísimo de asco, de vergüenza y de rechazo. Como consecuencia de esto, el Yo actúa reprimiendo o desviando el impulso sexual hacia otro lado. Algo semejante ocurre con la vergüenza frente al desnudo o el sentimiento de culpa frente a una infidelidad cometida o un acto delictivo.

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