lunes, 11 de abril de 2016

Psicoanálisis (I): consciente, preconsciente e inconsciente.

Según Freud la mente humana estaba dividida en tres grandes regiones mentales, el consciente, el inconsciente y el preconsciente. 

El nivel consciente o conciencia es todo aquello que ocurre en nuestra mente de lo que nos damos perfecta cuenta; lo consciente es aquello que percibimos de lo que tenemos un conocimiento pleno, nuestros pensamientos, sentimientos, ideas... etc que reconocemos como nuestros y nos damos cuenta en el momento que los tenemos. La conciencia, que es el nivel consciente del que habla Freud es, al fin y al cabo, todo lo que ocurre dentro de nuestra mente que aceptamos y que somos capaces de comunicar a los demás verbalmente. 

El nivel inconsciente o subconsciente coincide con los contenidos mentales que quedan fuera de la conciencia, es decir, aquellos pensamientos, ideas, sentimientos, recuerdos etc, de los que no nos damos cuenta que los tenemos, pero que son fundamentales para explicar lo que hacemos y lo que somos. Estos contenidos inconscientes suelen ser impulsos, deseos, recuerdos olvidados y sentimientos que nos resultan tan inaceptables y repugnantes que, a pesar de tenerlos, preferimos ocultarlos de forma inconsciente y no hacerlos presentes en la conciencia... permanecen ocultos en el inconsciente. 

Generalmente la psicología ha tratado el inconsciente desde un punto de vista negativo y le ha restado importancia; lo inconsciente era únicamente lo que caía fuera de la conciencia pero no tenía un peso específico dentro de la psique. El psicoanálisis va a cambiar esta idea y va a hacer del inconsciente el núcleo central de la mente humana. Para Freud y sus seguidores es el inconsciente el motor real de nuestra conducta. Stefan Zweig dio, en su libro “La curación por el espíritu”, un ejemplo sumamente claro que evidencia que había comprendido lo expresado por Freud: 

"El inconsciente no es de ninguna manera el residuo del alma, sino, por el contrario, su materia prima, de la que sólo una porción mínima alcanza la superficie iluminada de la consciencia pero la parte principal, llamada inconsciente, que no se manifiesta, no está por eso muerta o privada de dinamismo. Dotada de vida y acción influye en forma efectiva sobre nuestros pensamientos y sentimientos, representando el sector más plástico de nuestra existencia psíquica. Por eso el que en toda decisión no toma en cuenta el querer inconsciente, comete un error puesto que excluye de sus cálculos el elemento principal de nuestras tensiones internas; se equivoca groseramente, como se equivocaría el que evaluara el tamaño de un iceberg considerando sólo la parte que emerge del agua. Su verdadero volumen queda bajo ella”.

Según Freud todos nuestros actos tienen su origen en lo más profundo de nuestro inconsciente. Lo que ocurre es que los verdaderos motivos de estos actos no se presentan en la conciencia de la misma forma que lo hacen en el inconsciente; los instintos, recuerdos e ideas, presentes en nuestro inconsciente pasan a la conciencia convertidos en emociones y sensaciones de menor intensidad. Así, por ejemplo, Un impulso sexual se vive como una emoción amorosa o un impulso agresivo se traduce y se vive como una emoción colérica. La teoría psicoanalítica considera que los procesos psíquicos son esencialmente inconscientes y que antes de llegar a conscientes deben sufrir un complicado proceso de transformación.

Los procesos inconscientes no tienen las mismas leyes que el resto de los procesos mentales, sino que se gobiernan según leyes propias. Por ejemplo, pensamientos y sentimientos que se daban unidos se dividen o desplazan fuera de su contexto original; un sentimiento de deseo sexual puede desplazarse y presentarse como un sentimiento de agresividad; dos imágenes o ideas dispares pueden ser reunidas (condensadas) en una sola; los pensamientos pueden ser dramatizados formando imágenes y símbolos, en vez de expresarse como conceptos abstractos, y ciertos objetos pueden ser sustituidos y representados simbólicamente por imágenes de otros, aun cuando el parecido entre el símbolo y lo simbolizado sea vago, o explicarse sólo por su coexistencia en momentos alejados del presente. Las leyes de la lógica, básicas en el pensamiento consciente, dejan de ejercer su dominio en el inconsciente.

El preconsciente es más fácil de explicar; podemos entenderlo como un lugar de tránsito, de paso entre la conciencia y el inconsciente. En el preconsciente se sitúan todos aquellos deseos e ideas que, aún sin estar constantemente en la conciencia, pueden aflorar a ella sin ningún problema. No tienen que sufrir un proceso de transformación. Por ejemplo: gran parte de nuestros recuerdos no son inconscientes porque podemos acceder a ellos siempre que queramos, pero tampoco son conscientes completamente porque podemos reservarlos sin necesidad de estar todo el tiempo rememorándolos. Además el sistema preconsciente garantiza cierta comunicación de la conciencia al subconsciente; aquí está la razón por la cual durante la noche, muchas veces soñamos con algo que hemos vivido durante el día. Estas vivencias desaparecen de nuestra consciencia pero se quedan de forma latente en el preconsciente y de ahí pasan al inconsciente donde forman parte de un sueño.

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