jueves, 7 de abril de 2016

Las Jefaturas

Un conjunto de poblados vecinos puede fusionarse y formar una unidad política superior: las jefaturas. Las primeras jefaturas aparecieron en el 6.000 antes de Cristo, pero muy pocas han llegado hasta nuestros días. La mayoría han evolucionado hasta convertirse en Estados. Estamos ante una forma transitoria entre la tribu y el Estado. De todas formas, es preciso recordar que estamos ante categorías artificiales, en la realidad se da una transición continua, no hay que entender estas categorías como tipos puros.

Serían jefaturas todos los pueblos europeos fuera de los límites del imperio romano y, posteriormente en el siglo V, toda Europa después de la caída del imperio. De todas formas, la fuente de información más cercana sobre las jefaturas la encontramos en Polinesia. Esta forma de organización política era común entre los polinesios durante los siglos XVIII y XIX y pudo ser investigada directamente por los antropólogos occidentales.

La diferencia fundamental entre las jefaturas y los Estados es que en las primeras las relaciones sociales están reguladas por el parentesco (no por la clase social como en el Estado). A diferencia de las tribus, las jefaturas se caracterizan por una regulación política permanente del territorio que administran (que engloba a miles de individuos). Esta regulación se ejercita por medio de los cargos políticos (posición permanente que debe ser ocupada de nuevo cuando queda vacante). Los cargos políticos hacen posible que la estructura de las jefaturas perdure durante generaciones.

Examinemos más de cerca el caso de las jefaturas polinesias. El jefe es un especialista a tiempo completo que tiene como función regular la economía. Utiliza la religión para apuntalar su autoridad (por ejemplo, ordenando o prohibiendo el cultivo de ciertas tierras y cosas). Además se rodea de una burocracia que le facilita la labor de control y dominio. Proporciona un almacén central para los bienes que pueden ser necesarios en tiempo de hambre y, en general, se encarga de la redistribución de los bienes.

Todas las jefaturas estaban emparentadas entre sí, se suponía que procedían de los antepasados fundadores. Algunos jefes sabían su ascendencia... ¡hasta 50 generaciones!. ¿Por qué? Porque el status social se basaba en la antigüedad y la filiación [1]. El status garantiza un acceso diferencial a los recursos, y con ello, al poder, al prestigio y a la riqueza. Estamos ante los albores de la aristocracia aunque aún no hay una frontera nítida que separa los nobles de la plebe. A diferencia de los big men, los nuevos jefes están exentos del trabajo diario y tienen derechos y privilegios que no están al alcance de las masas, y que alcanzan también a sus parientes. De nuevo es importante resaltar que a diferencia de los Estados los pocos privilegiados son siempre los parientes del jefe. A medida que aparecen estratos sociales separados, o sea, clases, nos acercamos al Estado. En las jefaturas aún no aparece la marcada división en clases propia de los Estados. Las jefaturas se fundamentan en el parentesco y el Estado en las clases sociales.



[1] La filiación es el vínculo jurídico que existe entre dos personas donde una es descendiente de la otra, sea por un hecho natural o por un acto jurídico. La filiación establece el grado de parentesco entre dos personas y el lazo de filiación más determinante, en la mayoría de las culturas es que une a un hijo con su padre.

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