viernes, 11 de marzo de 2016

Kant (XIV): la ley moral.

En la Crítica de la Razón Pura Kant responde a la pregunta ¿qué puedo conocer? La respuesta es clara, puedo conocer el mundo fenoménico pero de ningún modo puedo conocer el mundo nouménico, el mundo en sí. En la “Crítica de la Razón Práctica” Kant tratará de responder a la pregunta de ¿qué debo hacer?, es decir, ¿cómo debo actuar? Del mismo modo que la razón determina cuales son los principios del conocimiento que ella misma pone (a saber, las condiciones trascendentales del conocimiento), Kant considera que también la razón debe poner los principios de nuestra conducta. La razón debe establecer los principios morales de nuestra conducta y distinguir las conductas morales de las conductas inmorales (1) o amorales (2).

El objetivo de la Crítica de la Razón Práctica es encontrar una ley moral universal, es decir, una ley moral que sirva para la conducta de todos los hombres sin excepción alguna. Esta ley debe ser una ley racional en el sentido de que debe ser la razón quien establezca el criterio moral de nuestra conducta. Aquí Kant se vuelve a mostrar como un ilustrado: la razón debe guiar todos los asuntos de la vida humana, no sólo el conocimiento sino también, y fundamentalmente, la conducta. Kant y los demás ilustrados estaban completamente convencidos de que quién actúa de manera racional, actúa de forma moral: que la conducta racional es moral y viceversa.

Se trata por tanto de encontrar una ley racional de nuestra conducta, una ley moral que valga para todas las personas y para todas las situaciones. Hay dos tipos de imperativos (mandatos) que pueden servir como leyes de conducta, los imperativos categóricos y los imperativos hipotéticos. Los imperativos hipotéticos son aquellos que subordinan la acción a una condición; su forma general es “SI QUIERES X HAZ Y” (si quieres aprobar, estudia; si quieres que te admiren, sé amistoso; si quieres que te respeten, sé firme etc). Los imperativos categóricos son los que obligan a comportarse de determinada forma pero no hace depender la acción de ninguna condición.

Según Kant los imperativos hipotéticos no pueden ser verdaderamente imperativos morales por una razón muy simple, la conducta de quién sigue un imperativo hipotético como máxima de su conducta únicamente expresa su propio interés, no una conducta realmente moral. Por ejemplo si uno sigue la máxima “debes respetar a tus padres para que te den dinero” no está siendo verdaderamente moral sino que está siendo completamente interesado: respeta a sus padres no porque esta conducta esté bien o esté mal, sino porque espera conseguir algo a cambio.

La ley moral que busca Kant es, por tanto, un IMPERATIVO CATEGÓRICO. Un imperativo categórico que obliga a realizar una conducta sin someterla a condición alguna. Ahora bien, ¿qué imperativo categórico es el que constituye la ley moral? Estaríamos de acuerdo en que no podría ser un imperativo que prescribiese un crimen o una acción perjudicial para otro ser humano. En este punto tenemos que distinguir entre los conceptos de formal y material. Kant va a formular un imperativo moral FORMAL, es decir, una ley que no nos diga qué conducta tenemos que realizar para ser individuos morales sino que prescriba cuál es la FORMA QUE DEBE TENER NUESTRA CONDUCTA PARA SER MORAL. Para entender qué quiere decir esto de un imperativo puramente formal, debemos comprender la distinción entre ETICAS MATERIALES Y ÉTICAS FORMALES.
  • Las éticas materiales son aquellas que prescriben conductas concretas, es decir, nos dicen que hagamos esto o aquello. Todas las morales de las religiones, por ejemplo son un buen ejemplo de las éticas materiales; la moral que suministra toda religión está formada por un conjunto de normas y leyes de obligado cumplimiento: por ejemplo, “no matarás”, “honrarás a tu padre y a tu madre”... etc. ¿Cuál es el problema de estas éticas? Para Kant, las éticas materiales no tienen validez, porque no son universales, es decir, no valen para todos los hombres y todas las ocasiones. Esto es debido a dos razones: 
  • Las éticas materiales son hipotéticas, son condicionales. Aunque las éticas materiales a menudo se presentan como un conjunto de imperativos categóricos, en realidad son hipotéticos. Por ejemplo, en el caso de la religión bien puede transcribirse un imperativo como “no matarás” a “si no quieres ir al infierno, no matarás” o, (en el caso de un código de leyes civil), “si no quieres ir a la cárcel, no matarás”. Por tanto estas morales no sirven como morales universalmente validas ya que dependen de que el sujeto acepte o no la condición. En el momento que un individuo piensa que no va a ir al cielo (porque es ateo, por ejemplo) o no cree que puedan pillarle y encarcelarle, la fuerza del imperativo desaparece. 
  • Las éticas materiales son heterónomas, no dejan al individuo tener autonomía o darse a sí mismo la ley, sino que la ley se le da desde fuera y el individuo no crea racionalmente su propio comportamiento. Esto es muy importante ya que si no es el propio individuo el que se da a sí mismo la ley, en realidad no hay posibilidad de conducta moral; si, por ejemplo, nos imponen mediante la vía de la fuerza una conducta (por muy buena que sea), nosotros no estamos actuando de forma moral ya. O, por ejemplo, si nos educan de cierta forma de tal modo que admitimos cierta conducta por costumbre, tampoco estaremos actuando moralmente, sino que lo estaremos haciendo por costumbre. Para que un individuo sea moral debe ser autónomo, es decir, darse a sí mismo y desde sí mismo su propia ley moral. 
Solamente una ética formal puede ser una ética verdaderamente moral. También por varias razones (justo las contrarias a las éticas materiales): 
  • No puede ser hipotética sino categórica: los actos se deben realizar no movidos por una causa particular, sino independiente de ella. El individuo moral actúa sin esperar recibir algo a cambio. En el momento que alguien actúa esperando recibir algo a cambio ya no está siendo moral, está siendo “interesado”: 
  • Ha de ser autónoma, en la que el individuo determine su propia conducta, sin que se le imponga unos principios externos. Si el individuo no decide desde sí mismo y para sí los principios de su propia conducta, entonces su conducta no tiene validez moral ya que él no es responsable. 
  • Una ética formal no debe prescribir ninguna conducta concreta y determinada, sino únicamente la forma de nuestra conducta. En el momento que prescribe una conducta determinada válida para todos (por ejemplo “no matarás”) se convierte en heterónoma y deja de tener validez universal. Las éticas formales no tienen contenido, ya que no nos indican el contenido de las acciones sino su forma. ¿Cuál es la forma que debe prescribir la ley moral para ser verdaderamente una ley moral? Kant responde: EL DEBER. Solamente aquellas acciones que se hacen por puro deber son conductas morales. Si mi conducta busca o persigue otra razón diferente al puro deber entonces mi acción deja de ser moral y comienza a ser una acción interesada (que no es universal ya que sólo tiene validez para mi mismo y mi propio interés).
Kant Distingue 3 tipos de acciones: 
  • Acciones contrarias al deber. 
  • Acciones conforme al deber. 
  • Acciones por deber. 
Las dos primeras carecen de valor moral, mientras que la tercera sí lo tiene. Las acciones conforme al deber son acciones correctas pero motivadas por intereses egoístas. Kant pone el ejemplo de un tendero que da la vuelta correctamente a sus clientes porque teme que si los engaña estos pueden darse cuenta y dejar de comprar en su establecimiento. Esta acción no tiene un valor moral, la única acción que entraña valor moral es la del tendero que da la vuelta exacta por deber, sin otra motivación ulterior. El valor moral no radica en los resultados de una acción, sino que consiste en la intención de la voluntad cuando está determinada por la razón. De ahí que Kant afirme que lo que define la moralidad de la acción es realizarla por sentido del deber y no como medio para conseguir otro fin.

Esta exigencia la expresa Kant en el IMPERATIVO CATEGÓRICO y nos indica como hay que actuar, la forma que debe tener nuestra conducta para ser realmente moral. La primera formulación del imperativo categórico es “OBRA DE TAL MANERA QUE QUIERAS QUE LA MÁXIMA DE TU COMPORTAMIENTO SE CONVIERTA EN LEY UNIVERSAL”. La ley se convierte en un fin en sí misma, de ahí que Kant lo formulara también como “ACTÚA SIEMPRE DE TAL MODO QUE USES A LA HUMANIDAD, TANTO EN TU PERSONA COMO EN LA DE LOS DEMÁS, SIEMPRE COMO UN FIN Y NUNCA COMO UN MEDIO”. 


1 Lo que es inmoral es aquello que va en contra de los principios morales. 
2 Las conductas amorales son aquellas que no yendo en contra de la moralidad, se hacen por motivos completamente ajenos a la estricta moralidad.

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