jueves, 10 de marzo de 2016

Kant (XIII): conclusiones de la Dialéctica Trascendental.

A la pregunta ¿son posibles los juicios sintéticos «a priori» en la Metafísica?, hay que responder con un no. No es posible conocer al margen de las condiciones de posibilidad de todo conocimiento. No poseemos una intuición intelectual que nos proporcione la materia sobre la que aplicar las reglas -categorías- del entendimiento. La única intuición posible es la intuición sensible y es obvio que carecemos de intuiciones de ideas tales como Dios, Alma o Mundo. El conocimiento y la ciencia es posible al aplicar las categorías a las intuiciones sensibles; por ejemplo: si percibimos una silla, la razón puede añadirle la categoría de “unidad”, entonces podemos decir “esta silla es una” (juicio sintético a priori), lo que es absolutamente verdadero y universalmente válido. La razón puede añadirle la categoría de “causalidad” y decir: “esta silla tiene una causa” (juicio sintético a priori), resultando lo mismo. Pero lo que la razón no puede es aplicar una “categoría” a algo de lo que no tengamos experiencia alguna; no podemos decir “Dios es una sustancia” porque no hemos tenido experiencia alguna de “Dios”. La razón, si no quiere extraviarse, no debe abandonar la vía empírica, no debe desligarse de la experiencia. Sólo en sus límites es posible la ciencia. Y esos límites son sobrepasados por la metafísica.

Sin embargo la razón es arrastrada por una tendencia de su naturaleza a rebasar este uso empírico y a aventurarse más allá de los últimos límites de todo conocimiento. La metafísica no puede ser ciencia, pero sí es una disposición natural en el hombre. “Siempre ha habido y habrá una metafísica” afirma Kant, lo cual parece contradictorio con lo afirmado anteriormente: ¿si la metafísica no es ni puede ser una ciencia cómo entender que siempre habrá una metafísica? Distinguiendo, al menos, dos significados del término metafísica: 
  • Metafísica como ciencia. Es imposible y debe ser abandonada por las razones que han sido expuestas. 
  • Metafísica como “disposición natural”. Simplemente es inevitable, pertenece a nuestra naturaleza no darnos por satisfechos con respuestas parciales, pretendemos alcanzar lo incondicionado la respuesta última a todos los interrogantes: ¿Existe Dios? ¿el mundo tiene un principio? ¿el alma es inmortal? ¿cuál es el sentido e la vida?... 
Comenta Kant que la metafísica es una ilusión trascendental: ilusión porque, aunque lo parezca, no aumenta nuestro conocimiento; trascendental porque es inevitable, pertenece a la naturaleza misma de nuestra razón rebasar los límites del conocimiento fenoménico (el único posible). La razón humana tiende a poner ante sí temas como la libertad, la inmortalidad del alma o Dios. 

¿Qué función deben desempeñar las ideas de la razón pura (Dios, Alma y Mundo)? Una función regulativa, esto es, deben orientar la actividad sintética de la razón. Estas ideas no pueden ser conocidas, pero debemos proceder como si esto fuera posible. Transformar las ideas en ideales (metas que se saben de antemano inalcanzables pero que sirven de guía de nuestra actividad cognoscitiva), esta es la propuesta kantiana. Por ejemplo el científico que estudia la formación del universo debe saber que su objetivo final, la explicación y el conocimiento del origen del universo al margen de la condiciones trascendentales que determinan el conocimiento humano, es imposible e inalcanzable; pero ha de hacer como si fuera posible, ha de esforzarse por encontrar explicaciones cada vez más generales sobre el universo que amplíen en la medida de lo posible el campo del conocimiento humano. Lo mismo cabe decir respecto al psicólogo que investiga la mente humana o el filósofo que pretende dar una explicación racional y convincente de la totalidad de lo real. Las ideas de la razón pura no constituyen, no forman parte del conocimiento posible pero pueden ayudar a encontrarlo si ejercen una función regulativa. 

Por último, la razón posee también un uso práctico que es el derivado del ejercicio de nuestra voluntad libre. No se trata de que existan dos razones diferentes, sino de que la razón humana puede orientarse a dos tareas diferentes: el conocimiento y la acción. “¿Qué puedo conocer?” es la pregunta que Kant se plantea en la CRP y marca los límites de la razón teórica. Pero la filosofía no se reduce a epistemología. Kant había sostenido que la filosofía también intenta responder otras dos cuestiones cruciales: ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar? Estas cuestiones Kant se las planteará e intentará dar una respuesta en dos obras posteriores: “la Fundamentación de la metafísica de las costumbres” y sobretodo, “la Crítica de la Razón Práctica”; en ellas Kant se planteará la función práctica de la razón o lo que es lo mismo, cómo la razón puede determinar la voluntad, cómo decidir qué es lo correcto en cada caso, cuál es nuestro deber o de qué manera alcanzar la felicidad. He aquí el terreno para una nueva metafísica, una metafísica práctica que representa una salida a la disposición natural hacia lo incondicionado que está siempre presente en el ser humano. La metafísica como ciencia es imposible, pues el noúmeno no pude ser conocido… pero puede ser pensado. La reflexión sobre la libertad, el alma y la existencia de Dios es posible en un marco diferente: la ética. Así pues los caminos para una futura metafísica no quedan totalmente cerrados siempre y cuando la metafísica abandone sus pretensiones científicas: el objetivo de la nueva metafísica no será ya la Verdad, sino la acción, el deber, el bien y la felicidad. 

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