viernes, 4 de marzo de 2016

Kant (VII): la Estética Trascendental.

Según Kant, todo conocimiento está formado siempre por la síntesis de dos elementos: un elemento empírico, (que aporta la información sobre el mundo) y un elemento a priori, trascendental, que sirve para estructurar ordenar y dotar de sentido a los datos empíricos. Podríamos hablar de una materia y una forma del conocimiento. La materia sería el elemento empírico mientras que la forma sería el elemento a priori, trascendental o subjetivo. Hay, por tanto, un elemento que pone el objeto (materia) y otro elemento que pone el sujeto (la forma).

En la “Estética trascendental” Kant analiza el conocimiento sensible mostrando que este conocimiento es una síntesis: por un lado los datos que aportan nuestros sentidos, las impresiones: colores, olores, temperaturas... etc; y por otro la estructura y el orden, las condiciones a priori de la sensibilidad. ¿Cuáles son estas formas a priori de la sensibilidad? el espacio y el tiempo. ESPACIO Y TIEMPO no son cualidades reales del mundo, algo que tenga realidad fuera de nosotros, sino que son FORMAS A PRIORI DE LA SENSIBILIDAD O INTUICIONES PURAS. Así toda intuición sensible está sometida a las formas a priori del espacio y el tiempo. No son impresiones particulares, es decir, no son datos que nos suministran los sentidos, son la condición necesaria de toda impresión debe cumplir para que podamos conocerla; como tal condición, no es algo que ponga el mundo, sino algo que pone el sujeto. Podemos pensar un espacio sin nada, pero no la ausencia de espacio; podemos pensar que nada ocurra en el tiempo, pero no la ausencia misma del tiempo. Esto es así por que el espacio y el tiempo no son propiedades del mundo, sino que son la estructura, el marco ineludible en el cual inserto las impresiones.

Son estructuras según las cuales y en las cuales se da toda intuición sensible, por ello son formas. Son a priori, pues no proceden de la experiencia, sino que la preceden. Por ello son las formas a priori de la sensibilidad, también denominadas por Kant intuiciones puras. Son puras ya que están vacías de contenido empírico. Y son intuiciones de la sensibilidad, no conceptos del entendimiento: los conceptos son aplicables a una multitud de individuos, mientras que las intuiciones son únicas; existe un espacio y un tiempo. Eso sí, no un espacio y un tiempo objetivo como planteaba la física newtoniana, sino un espacio y un tiempo humano, en el sentido de que pertenecen a nuestra naturaleza, son las formas puras de nuestra sensibilidad (otras especies animales viven en otro espacio y en otro tiempo pues su sensibilidad es diferente)

Las intuiciones sensibles son el resultado de un proceso, una actividad de integración por parte del sujeto: por un lado las impresiones que nos suministran nuestros sentidos, por otro, las intuiciones puras. De tal forma que como Kant señala el conocimiento no es algo pasivo, ni siquiera en su fase más elemental: el conocimiento sensible.

Los juicios sintéticos a priori en las matemáticas.

En las formas a priori de la sensibilidad se funda la posibilidad de los juicios sintéticos de la matemática. Por una razón simple: la matemática (aritmética o geometría) es una ciencia que versa sobre el espacio, la geometría, y sobre el tiempo, la aritmética. Parece claro que la geometría es una ciencia que tiene por objeto el espacio (1), pero....¿en qué sentido la aritmética es la ciencia del tiempo? Kant responde que la aritmética tiene por objeto los números y un número no es más que un elemento de una secuencia temporal (por ejemplo, el 3 es solamente el número que va después del 2 y antes del 4)

Los juicios de estas ciencias son universales por la razón clara de que las leyes espacio-temporales son universales ya que son leyes previas a todo conocimiento sensible: cualquier conocimiento, aquí o en el rincón más remoto del universo, ahora o en cualquier momento, respetará estas leyes, ya que se organiza y estructura conforme a ellas. Y además de ser juicios universales, serán juicios extensivos, es decir, ampliarán mi conocimiento del mundo, el predicado no está contenido en el sujeto y, por tanto, me suministran información sobre el mundo que yo puedo conocer.

Con un ejemplo esto quedará más claro: si digo “la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos” éste es un juicio sintético ya que el sujeto no está contenido en el predicado y es un juicio a priori, cuya verdad no necesito comprobar empiricamente porque se cumple siempre. ¿Por qué? Porque el espacio no es una impresión sino una intuición pura que me es dada de forma a priori, y, por tanto las leyes del espacio, es decir, las leyes de la geometría, también tienen un carácter a priori.

Pero no sólo los juicios de la geometría son juicios sintéticos a priori, también los de la aritmética, y esto es algo que no esta tan claro. Pongamos por ejemplo el juicio “3+2=5”. Si le preguntáramos a un filósofo, ya sea racionalista o empirista, en el supuesto de que utilizasen la terminología kantiana, nos diría que se trata de un juicio analítico a priori, pues el sujeto es idéntico al predicado: es lo mismo “3+2” que “5”. Sin embargo Kant sostiene que se trata de un juicio sintético (su carácter a priori no se discute). Sus razones son las siguientes: 
  • Por un lado el concepto “5” no es idéntico a “3+2”, puesto que también puede llegarse al mismo número a partir de otras operaciones aritméticas (“4+1”, por ejemplo). 
  • Por otro su carácter sintético se ve oscurecido porque se trata de una operación muy sencilla, pero si yo preguntara, por el contrario, “¿Cuál es el resultado de la operación “(3455+875)-74 /25”?” la respuesta ya no sería inmediata, necesitaría hacer operaciones, y esto es así porque no se trata de un juicio analítico (si así fuera su resultado sería evidente), sino sintético. 
Así pues los juicios de la aritmética, como los de toda ciencia, son juicios sintéticos a priori.

1 Como había señalado Descartes, las figuras geométricas se caracterizan por la extensión, es decir, por ocupar un lugar en el espacio.

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