domingo, 13 de marzo de 2016

Crematorio.


"Cuando visitó en anfiteatro de Verona, Speer se dio cuenta de que si en ese lugar se aglomerasen personas con opiniones diferentes, quedaría unificadas en una sola opinión, y que precisamente ése era el propósito del estadio, conseguir que desapareciera el individuo. Convertirlo en masa. Hacer que no tuviera importancia lo que un pobre hombre pudiera pensar personalmente, porque lo que valía era una opinión distinta, que salía unánime de la multitud. Lo mismo puede decirse de toda esa arquitectura de casas iguales de la costa. Han creado un personaje colectivo, que no sé si llamarlo el jubilado, o el eterno veraneante, como el que quería ser Brel en la playa de Sète: un ser fantasmal, único y vacío, intrascendente, que no aspira a nada, ni espera nada que no sea retrasar la merte lo más posible. Un ser infernal y peligroso al que le preocupa un rábano el futuro de nada. Sólo, apurar los últimos rayos del sol”

Crematorio, de Rafael Chirbes.

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