martes, 23 de febrero de 2016

¡Sapere aude!

Aunque no es el único movimiento cultural de la época, la ilustración es la filosofía hegemónica en la Europa del siglo XVIII. Es un movimiento filosófico y político, que va seduciendo de manera gradual a las clases cultas y a la activa burguesía en ascenso en todos los países europeos. No se configura como un sistema compacto de doctrinas, sino como un movimiento en cuya base se encuentra la confianza en la razón humana a la cual se la considera como el único camino viable para el desarrollo de todas las sociedades. La razón contra la tradición, la ignorancia, la superstición, la religión y la opresión. La razón de los ilustrados se presenta como defensa del conocimiento científico y de la técnica como instrumentos de la transformación del mundo y del progresivo mejoramiento de las condiciones materiales de vida de la humanidad; como tolerancia ética y religiosa; cómo defensa de los inalienables derechos naturales del hombre y del ciudadano; como rechazo de cualquier tipo de dogmatismo; como crítica de las supersticiones que atemorizan al hombre y bloquean su razón. 

Immanuel Kant, en su Respuesta a la pregunta: ¿qué es la ilustración? (1784), escribe lo siguiente: «La ilustración es el abandono por el hombre del estado de minoría de edad que debe atribuirse a sí mismo. La minoría de edad es la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la guía de otro. Esta minoría es imputable a sí mismo, cuando su causa no consiste en la falta de inteligencia, sino en la ausencia de decisión y de valentía para servirse del propio intelecto sin la guía de otro. Sapere aude, ¡ten la valentía de utilizar tu propia inteligencia! Este es el lema de la ilustración.» 

La ilustración significa la rotura de las cadenas que tienen preso al ser humano en el prejuicio y en los ídolos. ¿Con qué herramienta? Con la sola luz de la razón: frente a la superstición y la tradición, la fuerza absoluta de la razón humana.

La ilustración es todo un proyecto aún no terminado de emancipación del ser humano, desde sí mismo, de rotura de todos los tutelajes. ¿Cuáles eran estos tutelajes que van a querer romper los ilustrados? Para empezar los tutelajes morales: el hombre ilustrado ya no necesita que le digan qué está bien y qué está mal porque él sabe distinguirlo con la luz de su razón, no necesita castigos ni premios que ordenen su conducta y no necesita que le digan como a un borrego lo que tiene que hacer. También los tutelajes políticos: la ilustración significa el acabamiento del antiguo régimen, la puntilla definitiva a un modelo político de estado y de sociedad en la que hay señores y vasallos, como es la sociedad feudal; la tradición no puede gobernar el destino de todos, debe ser la política racional la que decida en los asuntos del estado. La ilustración es también la ruptura con los tutelajes ideológicos y con las supersticiones y prejuicios metafísicos de cualquier tipo: el hombre no necesita creer más en ningún dogma, sea el que sea, debe, por sí mismo, atreverse a pensar y encontrar la verdad por sí mismo, sin necesidad de estar obligado a hacer ningún acto de fe.

«La ilustración, en su sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, persiguió desde siempre el objetivo de quitarles el miedo a los hombres y convertirlos en amos [,..]. El programa de la ilustración consistía en liberar el mundo de la magia. Se proponía eliminar los mitos y sustituir la imaginación por la ciencia»1. Los ilustrados se constituyen como un ejército en lucha contra todos los prejuicios: la verdad no tiene otra fuente que no sea la razón humana. 

1 Max Horkheimer y Thcodor W. Adorno en “Dialéctica de la ilustración”

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