martes, 9 de febrero de 2016

La aventura del pensamiento: David Hume


Nace en Edimburgo en 1711. Su vida no tiene un especial interés. Desde muy joven se interesa por la literatura y por el saber en general, hasta el punto de oponerse a los deseos de su familia que quería que estudiase derecho, para estudiar en su lugar filosofía. Hume es uno de los máximos representantes de la Ilustración británica. Aunque ha pasado a la historia como uno de los fundadores del empirismo, eso no debe hacernos olvidar las importantes reflexiones de Hume en torno a temas prácticos: ética (por supuesto), pero también política, religión e historia. Por ello, la teoría del conocimiento que plantea el escocés debe entenderse también en el marco de toda su filosofía práctica: en sus comienzos, el joven Hume, admirado por la física, aspiraba a ser el “Newton de las ciencias morales”, centrando su estudio en la naturaleza humana, pues estaba convencido de que todas las ciencias tenían relación con la antropología filosófica. 

En 1734 marcha a Bristol, dedicándose a la abogacía, profesión que deja al cabo de pocos meses, cuando decide retirarse a Francia (Reims y Anjou) para dedicarse a su mayor pasión, "la literatura”. En este retiro compuso su obra Treatise of Human Nature, que publicó en Londres en 1738, a la temprana edad de 27 años. Dicha obra tuvo muy escasa acogida: "nació muerta de la imprenta, sin recibir, por lo menos, la distinción de suscitar un murmullo entre los fanáticos". Al poco regresa a Escocia, convencido de la imposibilidad de aplicar al conocimiento del ser humano los métodos de la física. Su pensamiento evolucionará hacia el escepticismo y el empirismo radical, formulando sus críticas en sus Ensayos de Moral y Política, que se publicaron en 1742 y tuvieron una mejor acogida que la obra anterior. En aquel tiempo se dedicó al estudio del griego y en 1745 optó por la cátedra de ética y filosofía de la Universidad de Edimburgo, plaza que le fue negada por su reputación de "ateo" y "escéptico". A estas alturas, Hume ya será conocido por sus contemporáneos como “Mr. Hume, el ateo”. Más tarde, sin embargo, llegaría a trabajar en la embajada de París, donde establece relación con ilustrados franceses. En todo este periodo Hume fijará su reflexión en temas eminentemente prácticos: la religión, la historia, la política… En todos ellos adoptará un método descriptivo e histórico, sin abandonar en ningún momento el tono crítico y escéptico que caracteriza todo su pensamiento. 

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