lunes, 29 de febrero de 2016

Kant (IV): el giro copernicano


La forma que Kant va a emplear para responder a esta pregunta (¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?) va a ser completamente nueva en la epistemología moderna. La respuesta de Kant supone lo que en tantas veces se ha dicho y así lo llamó el propio Kant: un giro copernicano. Recordemos que Copérnico para encontrar un sistema que funcionase en el nivel de la observación se preguntó si lo que en realidad ocurría no era que el sol girase en torno a la tierra, sino que la tierra giraba alrededor del sol. Lo mismo va a hacer Kant pero en el nivel del conocimiento. Hasta Kant se pensaba, que conocer era una actividad en la que el sujeto se adaptaba al objeto. Esto significa: consideramos generalmente que el objeto posee unas cualidades que le pertenecen a él (una figura, un color, determinadas propiedades) y que para conocerlo nosotros debemos adaptarnos a él, aprehenderlo a través de nuestros sentidos. Para ello necesitamos, evidentemente, un conjunto de aparatos sensoriales adecuados a las características de estos objetos (no podríamos conocer el color de un objeto si no tuviésemos, por ejemplo, ojos). Por tanto, nosotros debemos adecuar nuestra dotación cognoscitiva al objeto en cuestión. Kant, igual que Copérnico antes, va a darle la vuelta a esta concepción y va a suponer que es el objeto el que debe adaptarse a nuestras estructuras cognoscitivas y no al revés. La idea no sería, entonces, la de que podemos ver los colores de las flores y del cielo estrellado por encima de mi cabeza porque tenemos unos ojos que me permiten hacerlo, sino al contrario... las flores y el cielo estrellado presentan esa luminosidad y esos contrastes porque yo tengo ojos para mirarlas. La idea es clara ahora: hay cualidades en las cosas, que no están en las cosas, sino que están en mi forma misma de conocer; son cualidades que los objetos deben cumplir en el acto de conocer, si es que quiero conocerlos. Los sentidos nos proporcionan únicamente “datos” pero estos datos se ordenan, estructuran y adquieren ciertas “cualidades” por la acción misma del sujeto que conoce. A estas leyes o estructuras cognoscitivas, presentes en el sujeto, Kant las va a llamar elementos trascendentales del conocimiento.

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